Qatar 2022: los números del Mundial más caro y más polémico de la historia

En la construcción del Lusail Iconic Stadium se estima que se invirtieron 662 millones de euros
En la construcción del Lusail Iconic Stadium se estima que se invirtieron 662 millones de euros - Créditos: @gettty images

MADRID.– La inversión del Estado de Qatar para la Copa del Mundo que se está jugando en estos días puede llegar a los 200.000 millones de euros, hasta 17 veces más que lo que costó el Mundial de Rusia en 2018. Con un desembolso de este calibre, un retorno económico a corto plazo es impensable. Los expertos apuntan a una diversificación de su economía o a un lavado de cara como los objetivos buscados por el emirato. En todo caso, el desafío es muy grande: según una investigación de The Guardian, han muerto unos 6500 trabajadores en la construcción de los estadios y otras obras de infraestructura en los últimos años.

La cifra total de la inversión es difícil de precisar. Buena parte de las reformas y construcciones, como la remodelación del aeropuerto o la construcción de un metro en la capital, Doha, forma parte del proyecto Qatar National Vision 2030 que, según el gobierno catarí, busca convertir el país en una sociedad “avanzada, capaz de sostener su desarrollo y proveer un alto nivel de vida a su pueblo”. Los responsables de la organización del Mundial afirman que, de no haberse organizado el torneo allí, la inversión se habría hecho igualmente. El embajador catarí en Rusia dijo, durante una intervención pública el año pasado, que el gasto en infraestructura para el evento ya había alcanzado los 200.000 millones de dólares.

Los estadios fueron, probablemente, el mayor reto. Qatar es un país pequeño, de 11.571 kilómetros cuadrados y con una población de 2,9 millones, y su infraestructura deportiva en el momento de la adjudicación, 2010, no estaba preparada para un acontecimiento de esta magnitud. En su oferta inicial, el emirato señalaba que invertiría 3000 millones de dólares en 12 sedes (finalmente fueron 8). En la página oficial se habla de una inversión en estadios y campos de entrenamiento de 6500 millones de dólares por parte del organismo organizador, el Supreme Committee for Delivery and Legacy. Pero su secretario general, Hassan Al Thawadi, dijo en 2016, en declaraciones publicadas por Associated Press, que el costo de construcción de los estadios podría rondar entre los 8000 y los 10.000 millones de dólares. Solo el Lusail Iconic Stadium costó unos 662 millones de euros.

No solo el Estado catarí invierte cifras millonarias en el evento. La FIFA prevé en sus presupuestos de 2022 gastos por 1696 millones de euros en el torneo. Uno de cada cuatro euros irá a premios: El conjunto que levante el trofeo se llevará 42 millones; el subcampeón, 30 millones. Para la medalla de bronce serán 27 millones. El cuarto clasificado se llevará 25 millones; los que se queden en cuartos de final, 17 millones; los que pierdan en octavos, 13 millones, y para los que no logren pasar de grupos, el pago será de 9 millones de euros.

Como en todo negocio, no todo son gastos. En su informe 2021, la FIFA afirmó que, incluso antes de la celebración del Mundial, ya se había asegurado el 95% de lo que pretendía de ingresos por el evento entre 2019 y 2022: 5518 millones de euros, gracias a los patrocinios y, sobre todo, a la venta de derechos de televisión. Solo en los Estados Unidos, entre la cadena FOX y la hispanohablante Telemundo, pagaron 1000 millones por los derechos de los mundiales de Rusia 2018 y de Qatar 2022.

Para Qatar, el retorno es difícil de calcular, ya que la amortización no será del todo económica ni se dará a corto plazo. “La clave es que Qatar sea otro tipo de economía de aquí a 15 años”, apunta Josep María Raya, catedrático de economía aplicada de la Universidad Pompeu Fabra (UPF). La economía catarí está poco diversificada y depende en gran parte de la exportación de gas y petróleo, “un elemento que ahora pasa por un buen momento, pero que es volátil y tiene poca redistribución”, añade Raya.

Sudáfrica (2010), Brasil (2014) o Rusia (2018) experimentaron crecimientos de su PBI el año que organizaron el mundial, pero eso no se sostuvo en el tiempo. Sin embargo, varios estudios coinciden en que el crecimiento bruto no es un indicador fiable para medir el impacto de un evento. Raya, coautor del artículo académico La importancia económica del sector deportivo y el impacto económico de los eventos deportivos, considera que la variación del PIB no es un indicador fiable para evaluar el impacto, y aboga por un análisis a largo plazo centrado en los costos y los beneficios, que tenga en cuenta todos los ámbitos, como los avances sociales o sobre la educación.

Carles Murillo, presidente de la Sociedad Española de Economía del Deporte, cree que el objetivo buscado por el emirato va más allá: “Pienso que Qatar no busca principalmente el efecto económico, sino más bien el reconocimiento exterior”. Es lo que el profesor de la Universidad de Harvard Joseph Nye bautizó como soft power: la capacidad de los Estados de influir en las relaciones internacionales a través de su cultura o valores, frente al “poder duro” o influencia militar. Murillo, catedrático en la UPF, apunta a un lavado de la “imagen tradicional de un país árabe”. El emirato está gobernado por una monarquía absoluta bajo la sharía, la ley islámica, y sus prácticas han sido duramente criticadas. © El País