Putin no es Khrushchev, Joe Biden no es John F. Kennedy | Opinión

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Carl von Clausewitz, el estratega militar prusiano del siglo XIX, escribió que “la guerra es la continuación de la política por otros medios.” La política exterior de Vladimir Putin se basa en el poder bruto y el chantaje –y, si es necesario, en los asesinatos y secuestros– tanto dentro como fuera de Rusia.

Su masiva acumulación militar en la frontera de Ucrania y su amenaza de desplegar tropas “e infraestructura” en Cuba y Venezuela tienen como objetivo obligar a la Administración de Biden y a los aliados de Estados Unidos a someterse a su voluntad.

Las comparaciones con la Crisis de los Misiles de octubre de 1962, que llevó a la humanidad al borde de la guerra nuclear, son engañosas. Putin no es Nikita Khrushchev y Joe Biden no es John Kennedy.

Dos meses después de la debacle de Bahía de Cochinos, en la Cumbre de Viena de junio de 1961, el dictador soviético exigió a Estados Unidos que abandonara Berlín Occidental, tras concluir que el inexperto presidente estadounidense recién elegido podía ser intimidado. El presidente Kennedy no estaba preparado y el líder soviético dominó la reunión y reforzó su opinión de que su adversario también era inmaduro. Esta evaluación de la Cumbre de Viena, tuvo como consecuencia que Khrushchev levantara el Muro de Berlín dos meses después de la reunión.

El presidente Kennedy aprendió de esta desastrosa reunión, y de sus catastróficas consecuencias para los berlineses del Este, y durante la Crisis de los Misiles de Cuba de octubre de 1962 reunió hábilmente a los amigos estadounidenses de todo el mundo, impuso un bloqueo naval y presionó con éxito a Khrushchev para que retirara los misiles nucleares soviéticos, a pesar de las rabietas públicas de Fidel Castro.

Hoy, el contexto es diferente. El dictador ruso no es un apparatchik del Partido, sino un experimentado oficial de la KGB, que, a pesar de las anteriores garantías internacionales sobre la integridad territorial de Ucrania, a cambio de que Kiev renuncie a su arsenal nuclear, se anexó Crimea y mantiene fuerzas militares involucradas en una guerra secesionista en la región ucraniana de Donbas.

Estados Unidos tiene una obligación con respecto a Ucrania. Cuando se rompieron las negociaciones entre Ucrania y Rusia para retirar las armas nucleares de Ucrania en septiembre de 1993, Washington inició un proceso trilateral con Ucrania y Rusia. El resultado fue la Declaración Trilateral de enero de 1994. Ucrania aceptó transferir sus cabezas nucleares a Rusia. A cambio, Ucrania recibió garantías de seguridad de Estados Unidos, Rusia y el Reino Unido.

Abandonar a Ucrania a corto plazo quizá pareció garantizar la paz, pero las palabras de Winston Churchill en otra crisis en 1938 deberían hacer reflexionar a los formuladores de políticas de hoy: “Se lesdio a elegir entre la guerra y el deshonor. Eligieron el deshonor y tendrán guerra.”

A pesar de los serios esfuerzos de la Administración para ayudar al presidente a repasar y aprender de los reveses en política exterior, Putin y otros enemigos no se desaniman por lo que ven.

Por el contrario, trabajan suponiendo que el desorden, el señalamiento de culpas y la falta de responsabilidad de Washington les dan una oportunidad única para afectar a los intereses estadounidenses.

Considera lo siguiente: La Administración de Trump respaldó duras sanciones contra Rusia, e hizo todo lo posible para acabar con el Nord Stream 2 de $11,000 millones que bombearía gas a Alemania aumentando la influencia rusa sobre Europa, pero la Administración de Biden, creyendo que apenas había algo que mereciera la pena salvar de las políticas de la administración anterior, renunció a las sanciones más duras sin

obtener ninguna concesión de Rusia, y finalmente las sustituyó por medidas más débiles a medida que la situación en Ucrania empeoraba.

La desordenada retirada de Washington de Afganistán envió un mensaje de debilidad a los enemigos de Estados Unidos que animó tanto a Rusia como a China a adoptar una postura más agresiva en Ucrania y Taiwán, respectivamente.

En junio de 2021, la administración de Biden levantó las sanciones a tres exfuncionarios y a empresas energéticas iraníes en un esfuerzo por conseguir que Irán cambiara el rumbo de su programa nuclear a cambio de una flexibilización de las sanciones. Irán no respondió como se esperaba, y la Casa Blanca volvió a imponer sanciones en octubre de 2021 contra dos altos funcionarios iraníes y dos empresas que suministraban armas a grupos en Irak, Líbano, Yemen y Etiopía.

En dos ocasiones en 2021, Biden dijo que Estados Unidos defendería a Taiwán si era atacado por China continental, pero la Administración se retractó de las declaraciones citando una política de “ambigüedad estratégica.”

Los aviones de guerra de China han sobrevolado el estrecho de Taiwán hacia la zona de defensa de Taipei en múltiples provocaciones. No responsabilizar a China de los millones de muertos por la pandemia del COVID-19, y la creciente presencia de China en el mundo en desarrollo deben formar parte de la evaluación de Putin.

Sea como fuere, ¿qué hay que hacer ahora?

1. Hay que recordar al pueblo estadounidense y al mundo que la OTAN es una alianza defensiva, la cual no representa ningún peligro para Rusia a menos que Moscú ataque a uno de sus miembros.

2. La mejor manera de promover la paz y reducir las tensiones en la frontera entre Ucrania y Rusia es que Nord Stream 2 sea cerrado hasta que las tropas rusas abandonen Crimea, recordando a Moscú sus compromisos con la integridad territorial de Ucrania, y aplicando sanciones amplias y multilaterales.

3. La Administración de Biden debería prepararse para proporcionar suministros militares y asistencia de inteligencia a Ucrania si se le solicita.

4. El Congreso debería introducir asignaciones militares de emergencia reservando asistencia a los miembros de la OTAN que estén bajo laamenaza rusa y que soliciten ayuda.

5. Los aliados europeos de Estados Unidos, Japón, Australia y otros deben ser alentados a unirse a una amplia respuesta diplomática a los planes agresivos de Putin que incluya sanciones multilaterales.

Un Estados Unidos débil crea un mundo más peligroso e incierto, porque fomentan la agresión internacional. Los estadounidenses apoyarán estos y otros esfuerzos similares que no deberían ser una cuestión partidista.

Frank Calzón fue uno de los fundadores del Center for a Free Cuba. John Suárez es su director ejecutivo.

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