Puerto Rico enfrenta un impresionante aumento de casos de COVID

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Armada con su pasaporte de vacunación y con unas ganas vertiginosas de celebrar las fiestas, Laura Delgado —y 60.000 más personas en Puerto Rico— asistió a un concierto de Bad Bunny hace tres semanas.

Tres días después, se enfermó de COVID-19, una de las 2000 personas que se contagiaron como consecuencia del evento de dos días.

“Lo hicimos muy bien; seguimos las reglas”, comentó Delgado, diseñadora de interiores de 53 años. “Seguimos la orden de usar cubrebocas. Nuestra tasa de vacunación era tan alta que bajamos la guardia. Cuando llegó la Navidad, dijimos: ‘¡Nos vamos de fiesta!’”.

El concierto superpropagador contribuyó a que se produjera una explosión de casos de COVID-19 en Puerto Rico, que hasta entonces había estado celebrando una de las campañas de vacunación más exitosas de Estados Unidos. El concierto formó parte de una serie de eventos empresariales, fiestas de compañías y reuniones familiares que impulsaron un aumento del 4600 por ciento de los casos en la isla, una oleada que los funcionarios de salud pública temen que pueda prolongarse hasta el nuevo año; la temporada de vacaciones puertorriqueña se prolonga hasta el día de Reyes, el jueves.

Aunque la variante ómicron ha asediado a todo el país, es especialmente preocupante en Puerto Rico, un territorio estadounidense ya abrumado por la bancarrota del gobierno, el éxodo de profesionales de la salud y un frágil sistema sanitario. Las autoridades impusieron una nueva oleada de duras restricciones a viajeros y comensales con la esperanza de frenar la nueva oleada de casos.

Rafael Irizarry, un estadístico de la Universidad de Harvard que mantiene un tablero de datos del COVID-19 en Puerto Rico, publicó en Twitter los datos desalentadores: un tercio de todos los casos de coronavirus que la isla ha registrado desde el inicio de la pandemia se produjeron en el último mes. El número de casos por cada 100.000 residentes saltó a 225, cuando antes eran tres, en tres semanas.

En diciembre, el número de hospitalizaciones se duplicó, dos veces.

Un centro de pruebas de COVID-19 dirigido por el Departamento de Salud en San Juan, Puerto Rico, el 31 de diciembre de 2021. (Gabriella N. Baez/The New York Times)
Un centro de pruebas de COVID-19 dirigido por el Departamento de Salud en San Juan, Puerto Rico, el 31 de diciembre de 2021. (Gabriella N. Baez/The New York Times)

Sin la polarización política que ha plagado el debate sobre las vacunas en otras partes del país, casi el 85 por ciento de los habitantes de Puerto Rico han recibido al menos una dosis de la vacuna, y cerca del 75 por ciento se han puesto las dos vacunas.

Sin embargo, ante una nueva variante altamente contagiosa, una tasa alta de vacunación ya no es tan significativa, explicó Irizarry. La mayoría de los puertorriqueños han superado el límite de seis meses a partir del cual la eficacia de la vacuna comienza a disminuir, pero al menos el 40 por ciento aún no ha recibido sus dosis de refuerzo, según las autoridades sanitarias.

En un momento dado, la semana pasada, el recuento de casos diarios había superado los 11.000, una cifra muy alta para una isla con solo 3,2 millones de habitantes. El aumento exponencial ha empezado a disminuir, pero el número de casos sigue creciendo, afirmó Irizarry.

“La primera vez que noté que pasaba algo fue el 13 de diciembre y alerté al Departamento de Salud”, aseguró. “Para el 14 y el 15, era obvio. Llamé al responsable de la base de datos y le dije: ‘¿Hay algún tipo de fallo en la base de datos?’”.

Actualmente hay 317 personas hospitalizadas con COVID-19, de las cuales más de una cuarta parte son niños, según el Departamento de Salud de la isla. Es aproximadamente la mitad del número de personas que fueron hospitalizadas con la enfermedad en estas fechas el año pasado, antes de que tanta gente se vacunara. Pero sigue siendo un reto para los hospitales.

“El problema es que supongamos que la variante ómicron es la mitad de mala”, dijo Irizarry. “Si tienes ocho veces más casos, las matemáticas no te favorecen”.

El gobernador Pedro R. Pierluisi ha ordenado reducir los límites de capacidad en los restaurantes. Para asistir a grandes eventos públicos, la gente ahora tiene que estar vacunada y presentar una prueba de COVID-19 negativa. Los pasajeros que lleguen en vuelos nacionales deben mostrar un test negativo realizado en las 48 horas anteriores a su llegada, sin importar su estado de vacunación. Ya existían normas similares para los vuelos internacionales.

Se han cancelado eventos públicos masivos, incluida una importante celebración para conmemorar el aniversario 500 de la capital de la isla, San Juan. El programa “Dick Clark’s New Year’s Rockin’ Eve”, que la cadena ABC tenía previsto retransmitir en directo desde Puerto Rico ante grandes multitudes, se redujo a un evento virtual.

Después de que varias decenas de concursantes de Miss Mundo se enfermaran, se canceló la final del concurso en Puerto Rico.

El jueves, la Coalición Científica, un grupo de científicos y profesionales de la salud que ha estado asesorando al gobernador, recomendó medidas aún más estrictas, como la limitación de la venta de alcohol y la reducción del horario de los bares y otros establecimientos. El viernes, el gobernador siguió la recomendación y ordenó el cierre de los negocios entre la medianoche y las 5 de la mañana desde el martes hasta el 18 de enero. También ordenó que los empleados de los restaurantes y los trabajadores de seguridad pública recibieran vacunas de refuerzo.

“Es un mensaje difícil de digerir cuando hace dos semanas las cifras de casos aquí eran de las más bajas del mundo”, comentó Daniel Colón-Ramos, profesor de la Universidad de Yale y presidente de la coalición.

La edad promedio de las personas que se infectan en la isla es de 33 años, según las autoridades sanitarias. Sin embargo, a los expertos les preocupa que si los jóvenes que se infectan mientras asisten a fiestas y otros eventos visitan a los mayores para el Año Nuevo y el Día de Reyes, el número de personas mayores enfermas seguramente aumentará. Con tantos de sus jóvenes profesionales que se han mudado en los últimos años a Florida, Texas y otros estados, Puerto Rico tiene un porcentaje desproporcionadamente alto de adultos mayores, muchos de los cuales sufren de diabetes, obesidad y otros padecimientos que los ponen en mayor riesgo de complicaciones por el coronavirus.

“Tenemos un sistema de salud frágil, y eso no es un secreto”, dijo Carlos R. Mellado López, secretario de salud de la isla. Instó a la gente a no saturar innecesariamente los centros de pruebas e insistió en que Puerto Rico tiene las herramientas necesarias, como los tratamientos con anticuerpos monoclonales, para combatir la crisis.

No obstante, los expertos también advierten que miles de profesionales de la medicina han abandonado Puerto Rico en los últimos años en busca de mejores salarios, lo que podría complicar la capacidad de la isla para atender a un gran número de enfermos. Hay 5000 médicos menos en la isla desde 2006, y se prevé otro éxodo de médicos de atención primaria porque fueron excluidos de los recientes incentivos fiscales diseñados para evitar que los especialistas se fueran, señaló Víctor M. Ramos Otero, presidente de la asociación de médicos de Puerto Rico.

“El problema que tenemos no son las camas”, dijo Ramos. “El problema principal es el personal”.

© 2022 The New York Times Company

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