Una puerta a una vida sin violencia

JUCHITÁN DE ZARAGOZA, Oax., noviembre 23 (EL UNIVERSAL).- En el fraccionamiento Simona Robles, en una zona arbolada de Juchitán, una familia de la Mixteca lucha todos los días por reconstruirse emocional y económicamente. Lorna (nombre ficticio), la madre, intenta adaptarse al extremoso clima de la región y olvidar el maltrato de un esposo violento; su hijo, Arturo (también ficticio), sonríe porque aquí no tiene miedo y es libre.

Por más de 24 años Lorna vivió con miedo junto a sus cinco hijos en la casa familiar, aunque el dueño siempre fue él. Los maltratos fueron sicológicos, verbales y económicos. "Duelen más las palabras que los golpes", dice frente al fogón de su nueva casa.

Nunca fue libre, al grado que las ovejas que ella criaba para ayudar en el sustento familiar se le confiscaron un día por desobedecerlo y "restarle autoridad" frente a los hombres del pueblo. "Vivía con miedo. No tenía nada. Nada me pertenecía, ni mi vida ni la casa, todo era de él. Después de 24 años así, un día no aguanté más al ver peligrar la vida de uno de mis hijos, a punto de morir, porque no permitía que lo revisara un médico. Los tomé y me fui con miedo, me ocultaron por varios meses para que no diera conmigo hasta que llegué aquí, a mi nuevo hogar", comenta la mujer llorando.

La Defensoría de la Mujer y la Niñez en Oaxaca la catalogó como un caso de alto riesgo y le dio a escoger entre dos refugios temporales para resguardarse: Juchitán o la Ciudad de México. Lorna decidió el Refugio Regional para las Mujeres Indígenas Na China Yodo en Juchitán, el único refugio para mujeres violentadas de Oaxaca. Los otros más cercanos están en Chiapas, Veracruz o la Ciudad de México.

De un refugio a un hogar

Lorna y sus hijos estuvieron por seis meses resguardados en el refugio hasta que se sintieron seguros y aceptaron la propuesta de vivir en una de las casas de transición que existen en esta colonia, a la que llegan las mujeres que están en proceso de resiliencia y con un nuevo proyecto de vida.

"A las mujeres que llegan al refugio, después de meses y si ellas así lo deciden, se les da la opción de pasar a la siguiente etapa, que es estar en una casa de transición en la colonia para después, si lo ven viable, recibir uno de los lotes de la colonia y construir una vivienda digna.

"A ninguna se le obliga a venir, sólo es una opción para que sigan en su proceso de reconstrucción, sobre todo si no tienen una red de apoyo", explica Rogelia González Luis, fundadora de la colonia y dirigente de la organización social Simona Robles.

A diferencia de otras colonias populares, este fraccionamiento fue creado para ser principalmente habitado por madres solteras, viudas, integrantes de la diversidad sexual o jóvenes recién casados; además de las mujeres que fueron violentadas, en donde la perspectiva de género y el respeto a los derechos humanos se promueven entre los habitantes.

"Tenemos un reglamento interno que se respeta, aquí no se permite la violencia, hemos expulsado a personas por estos actos, aquí buscamos armonía, es una colonia que viven en paz", explica Rogelia.

La colonia está sobre siete hectáreas de tierra y a siete años de su creación la habitan más de 40 familias, de las cuales 10 mujeres vienen de un proceso de reconstrucción. La colonia en su primera etapa está planificada para 100 familias. En la segunda etapa se construirán nuevas viviendas prefabricadas y la escuela.

Al segundo año de su fundación comenzó a desarrollarse a su alrededor el proyecto eólico Bii Yoxho, por lo que los aerogeneradores se notan y el ruido que producen también, lo que obliga a la empresa a aportar 500 mil pesos anuales para obras que ayuden a mejorar la infraestructura del lugar.

Aun sin aulas, sino en viviendas prestadas, comenzaron las clases para niños de preescolar y de primaria, mientras está en gestión la construcción de la nueva escuela, lo que ayuda a las madres a no gastar en el traslado de sus hijos hasta planteles ubicados en el casco urbano de Juchitán, porque todas son de bajos recursos.

Arturo tiene 11 años y en el ciclo escolar pasado se iba con su mamá hasta la ciudad a tomar clases, cuando se abrió el módulo educativo en la colonia, él fue de los niños más felices por tener su propia escuelita.

Lorna y Arturo, los mismos que salieron de la Mixteca por un hombre violento que todo reclamaba como propio, pronto tendrán una casa nueva en su propio terreno, pues forman parte de un proyecto de viviendas que serán edificadas por una fundación mexicana con el aporte de sólo 15 mil pesos.

"Al final tendré mi casa, es mi sueño, algo mío", dice Lorna con una enorme sonrisa que también se reconstruye en su rostro.