“No puedo levantar ni una taza de té”: se repuso de Covid-19, pero hace más de un año que no logra recuperar la movilidad de un brazo

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Víctor Salili, de 52 años, está en rehabilitación desde septiembre del año pasado
Gentileza Víctor Salili

“Llevo más de un año luchando por la vida. Tengo fe de que me voy a recuperar, aunque creí que nunca me iba a tocar a mí. Estaba muerto y los médicos me salvaron”. A Víctor Salili, de 52 años, lo internaron en el Hospital Muñiz, por Covid-19 el 7 de junio del año pasado. Después de estar cuatro meses en coma, perdió 40 kilos, sufrió lagunas de memoria y hasta hoy tiene problemas para mover el brazo izquierdo. Su caso corresponde a lo que se conoce como síndrome poscovid o Covid largo, que se da en pacientes que, una vez superada la infección, presentan secuelas que pueden persistir por más de 12 semanas.

“En el 10% de los adultos que sufren el síndrome poscovid se extiende más allá de los tres meses”, señaló a LA NACIÓN Elena Obieta, infectóloga y jefa del servicio de Enfermedades Transmisibles y Emergentes de la Municipalidad de San Isidro, que atiende actualmente a 300 pacientes con el síndrome. La especialista explicó que se desconocen los factores que lo producen: “Lo que sí podemos afirmar es que está afectando a más mujeres que varones y que no tiene relación directa con la gravedad con la que afectó el virus. Podemos hablar de factores de riesgo, como la obesidad y la salud mental. La calidad de vida previa al coronavirus influye en cómo se enfrenta”.

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Salili salió del hospital sin poder caminar. Durante varias semanas, su mujer y su hija le ayudaron a realizar las rutinas diarias: “No podía comer, bañarme o ir al baño solo. Necesitaba asistencia a toda hora. Sufrí mucho y mi familia, también. Mi señora se enfermó por el estrés que pasó durante mi hospitalización”.

En septiembre del año pasado, comenzó a hacer rehabilitación en el Centro de Salud Comunitario (Cemar) 2. Desde ese entonces, concurre dos veces a la semana. Allí, trabaja junto a un equipo interdisciplinario de kinesiólogos, terapistas ocupacionales, fonoaudiólogos, psicólogos y trabajadores sociales.

“Cuando salí del coma, mi brazo izquierdo no tenía contacto con mi cerebro. Ahora llevo un 50% recuperado, pero aún ni siquiera puedo levantar una taza de té; aunque sí soy independiente. Al principio, tampoco podía hablar apenas, y me fallaba mucho la memoria, pero hice ejercicios y ahora se me olvidan algunos datos, pero antes era peor”, agregó Salili.

Desde hace 30 años trabaja como albañil. Sin embargo, ahora la poca movilidad en su brazo se lo impide. “Llevo mucho tiempo sin trabajar, con mucho estrés. Tuve que comenzar a ir a comedores sociales. Mantengo la esperanza y sigo yendo a rehabilitación, porque tengo mucho apoyo de mi familia y los médicos me animan para mantener esa fuerza. Esta enfermedad te quiebra”, añadió Salili, que ya recuperó 13 kilos.

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De acuerdo a un informe elaborado por el equipo médico del Cemar 2, donde se tratan 150 pacientes en rehabilitación intensiva, las secuelas más frecuentes de la enfermedad son la debilidad y el dolor muscular generalizados, la impotencia funcional, la tos persistente, los trastornos de la deglución y fonación, pérdidas de memoria y coordinación, ansiedad, depresión y trastornos del sueño. “Lo más importante es trabajar de forma interdisciplinaria y conjunta para potenciar la pronta recuperación del paciente”, afirmó Mario Bauzá, médico de atención primaria del centro.

Calidad de vida

“Una parte muy importante es el bienestar emocional del paciente. Debe añadirse un trabajo de contención y acceso a la salud mental. Más del 40% de los pacientes con síndrome poscovid no recuperaron aún su calidad de vida previa al contagio del virus después de las 12 semanas. Esto influye en su disposición para la vida social, en sufrir un trato discriminado y en la dificultad de acceso a la salud”, agregó Obieta. Y explicó que no hay un tratamiento específico para el síndrome: “Se guía por los síntomas de cada paciente”.

Diego Litewka, especialista en neumología del Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández, afirmó que en febrero pasado comenzaron a verse los casos de síndrome poscovid. “Se observa en pacientes a los que les afectó el virus de forma leve hasta aquellos que estuvieron internados. Si bien el síntoma de mayor frecuencia es el cansancio generalizado, muchos presentan secuelas pulmonares o cardiovasculares. Es un gran desafío para los médicos, porque desde marzo estos casos ocupan la mayor parte de los turnos de atención ambulatoria. El denominador común, sin duda, es la pérdida de la calidad de vida”, añadió.

Justina T., de 23 años, se contagió de coronavirus en enero pasado. Perdió el sentido del gusto y el del olfato a los cinco días de dar positivo y, nueve meses después, no los ha recuperado. “Me asusté porque me apareció un sarpullido en las manos. Ahora puedo sentir algunos sabores y percibir pocos olores, pero todo es distinto para mí. No tienen el gusto y el olor que recuerdo”, contó.

Los médicos le recomendaron realizar ejercicios, como usar menta y combinarla con distintos productos o alimentos. También le recetaron medicamentos y el uso de un spray para abrir el canal respiratorio. “Al principio, estaba bastante triste y desesperada. Llegó un punto en el que me acostumbré, pero da mucha impotencia. Un día el cable de mi computadora se estaba quemando y yo no noté el olor, me avisó mi mamá. Me puede pasar con una fuga de gas. Es muy peligroso”, relató.

Litewka señaló que no se puede estimar un tiempo de recuperación de los pacientes con síndrome poscovid, dado que los casos que superan los seis meses o el año se están observando actualmente por primera vez.

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