Las protestas empiezan a perder fuerza en las calles y Duque cae en las encuestas

Daniel Lozano

BOGOTÁ.- La tercera jornada de paro nacional en Colombia volvió a reunir a miles de personas en todo el país, pero dejó en evidencia que la protesta pierde fuerza en las calles desde la multitudinaria demostración del 21 de noviembre. Ni siquiera la presencia de la Guardia Indígena, a la cabeza de las movilizaciones en Medellín y Bogotá, animó a los ciudadanos a sumarse a la convocatoria del Comité Nacional del Paro, conformado por sindicalistas y estudiantes.

Los bloqueos de tránsito y transporte, protagonizados por grupos pequeños, aumentaron el malestar entre los colombianos que no quieren dejar de trabajar, estén o no de acuerdo con las políticas del derechista Iván Duque.

El alcalde de Cali, Maurice Armitage, ordenó a las fuerzas antidisturbios que intervinieran contra los encapuchados parapetados en los alrededores de la Universidad del Valle y frente a los bloqueos en los principales puntos de acceso a la ciudad. La polémica Esmad (Brigada Móvil de Antidisturbios) actuó contra los grupos violentos, una minoría que siempre aparece en las manifestaciones.

La escasa presencia en las calles contrasta, en cambio, con lo confirmado por la primera gran encuesta realizada por el Centro Nacional de Consultoría (CNC): el 55% del país tiene una imagen positiva del paro nacional, frente al 40% que lo ve de forma negativa. Para el 41%, el paro significa esperanza, mientras que para el 21% representa incomodidad. Dentro de la misma paradoja que se respira en el país, el 60% desea regresar a la normalidad, frente al 38% que apuesta porque la huelga continúe.

Unas cifras que ya las quisiera para sí el presidente Duque, a quien la encuesta de Invamer ubicó en el peor punto en 15 meses de mandato: 70% de desaprobación y solo un 24% de aprobación.

"Del lado de la protesta aparece un Comité del Paro muy poco representativo y con reclamos sectoriales bastante más modestos que las grandes banderas como la desigualdad. Millones de personas que pueden apoyar el paro no se sienten representadas por el Comité del Paro. Y del lado del gobierno, un planteo de una 'conversación nacional' que no es ni conversación ni es nacional, sino más bien una tradicional audiencia del Ejecutivo", resume a LA NACION el analista político Felipe Rey Salamanca.

La investigación sociológica de CNC explica por qué la calle pierde potencia: el 80% espera una solución entre todos los factores (gobierno, Comité del Paro y sectores sociales y económicos) frente al 17% que sólo desea un acuerdo entre el gobierno y los convocantes.

El paro nacional concentra un apoyo muy mayoritario entre jóvenes urbanos y del centro a la izquierda, precisamente los grandes triunfadores de las elecciones locales y regionales de octubre.

Las urnas castigaron con dureza al uribismo y a la izquierda radical de Gustavo Petro, volcado desde el primer día para ponerse al frente de las protestas, hasta ahora sin éxito.

Frente a la "gran conversación nacional" iniciada por Duque, las opiniones se dividen casi por la mitad: el 48% es optimista mientras que el 47% se siente pesimista.

El tira y afloja de las últimas horas con el Comité del Paro tampoco parece gustar a la mayoría. "Los que organizan el paro tienen que estar dispuestos a conversar con los que no están en él", insistió el jefe del Estado.

La encuesta de CNC confirma cuáles son los temas prioritarios para el país: reforma laboral, pensiones, impuestos, la lucha contra la corrupción, la educación, oportunidades para los jóvenes, medio ambiente y la protección de los líderes sociales. En cambio, la disolución del Esmad, convertida en bandera por algunas organizaciones, sólo motiva al 8%.

"Como toda movilización democrática, la protesta genera un desgaste en los propios manifestantes y en los otros ciudadanos. Pero el descontento que subyace a la protesta activa se mantiene, por eso son tan exitosos otros formatos de movilización menos desgastantes para el ciudadano, como el cacerolazo. Adicionalmente, la movilización y su respuesta institucional han adquirido tintes más bien tradicionales. Pero como el descontento es real, seguramente la movilización a gran escala se reactivara en 2020. Esto apenas comienza", concluye Rey Salamanca.