El propietario de este querido restaurante en Coral Gables lucha por su vida

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Todos pensaron que era extraño cuando Nino Pernetti llamó la tarde del 31 de diciembre de 2020 para decir que se saltaba la cena anual de Nochevieja en su emblemático restaurante de Coral Gables, fundado hace más de 30 años, Caffe Abbracci.

Se lesionó el tobillo mientras jugaba su ronda diaria de tenis, dijo a sus amigos, familia y personal del restaurante, donde deportistas, actores y políticos cenan en el anonimato. El médico, dijo, le indicó que mantuviera la pierna elevada y la dejara en reposo durante una semana.

“Deberíamos haberlo sabido”, dijo su ex esposa Marlén Pernetti. “Nino no se perdería el Caffe Abbracci un día 31. Habría aparecido con muletas”.

Días después, su hija mayor, Tatiana Pernetti, recién llegada de unas vacaciones en el extranjero, recibió una llamada por FaceTime de su padre. Estaba en el hospital. Ven rápido, le dijo: En 40 minutos lo trasladarían a la sala de COVID-19 del Mercy Hospital, donde no se permitían visitas.

“Fui corriendo y pasé todo el tiempo que pude con él”, dijo.

Más de un año después, Nino Pernetti no ha regresado a casa.

Pernetti permanece en un centro de rehabilitación, donde ha soportado en silencio los estragos del COVID-19 con la discreción que suele reservar para su lista de comensales famosos. Detrás de ese velo de secretismo, está luchando por su vida.

Pernetti, que celebró su cumpleaños 78 en el Jackson Memorial en julio, perdió casi 50 libras en cierto momento. Necesitó una traqueotomía para poder respirar con los pulmones plagados de fibromas y tejido cicatrizal causados por el coronavirus. Se le negó un trasplante de pulmón debido a los continuos problemas de corazón. Y sigue con respiración asistida, mientras vuelve a aprender a hablar y caminar tras pasar la mayor parte del último año en camas de hospital.

“Mucha gente todavía no se toma en serio este virus, tal vez porque no le ha tocado de cerca”, dijo Marlén Pernetti. “Me gustaría que la gente entendiera que esto es vivir o morir”.

En el último año, los Pernetti han aprendido lo que significa soportar lo peor del COVID-19; el precio que supone para un cuerpo y una familia. Pero también sacó lo mejor de las personas más cercanas a él, curando heridas de décadas que no aparecen en las radiografías de tórax.

Su progreso en los últimos dos meses, dicen, les da la esperanza de que la figura sonriente detrás de una institución del sur de la Florida vuelva pronto a casa.

“Es un hombre tan increíble y fuerte para poder soportar todo esto”, dijo Marlén.

El problema, les confiesa ahora Pernetti, comenzó con el orgullo.

El médico de cabecera de Pernetti le comunicó la mañana del 31 de diciembre que había dado positivo en la prueba de COVID-19. Pero Pernetti no mostraba síntomas graves. El médico le sugirió que tomara una ronda de antibióticos y que esperara a que pasara el período de contagio en su condominio de Grove Isle.

Nino Pernetti, propietario del Caffe Abbracci, en la foto con sus hijas Tatiana (izquierda) y Katerina, lleva más de un año en el hospital, recuperándose de los estragos del COVID-19.
Nino Pernetti, propietario del Caffe Abbracci, en la foto con sus hijas Tatiana (izquierda) y Katerina, lleva más de un año en el hospital, recuperándose de los estragos del COVID-19.

Pernetti trató la noticia con discreción, del mismo modo que trataría un percance en su comedor, donde han cenado tres presidentes de Estados Unidos y todos desde LeBron James hasta Sylvester Stallone, sabiendo que no serán abordados por los solicitantes de autógrafos.

Pero se puso peor. Llamó a una ambulancia cuando tuvo problemas para respirar y el medidor de oxígeno que le ordenó el médico mostró que sus niveles bajaban peligrosamente. Su primera llamada fue a Tatiana, su apoderada médica. Su otra hija, la menor, Katerina, aún está en preparatoria, y toda la familia extendida de Pernetti vive en Italia.

Tatiana Pernetti se vio obligada a tomar sola las decisiones por su padre. Tenía 22 años.

“Fue aterrador”, dice, y un año después se le quiebra la voz al recordarlo.

Las cosas no hicieron más que empeorar. Pernetti fue trasladado al Jackson Memorial, donde después de mejorar inicialmente, las enfermeras lo encontraron inconsciente tras un ciclo de cortisona para ayudar a estimular sus pulmones. Los médicos llamaron a Tatiana para que aprobara la intubación de su padre.

“No sabía nada de intubación ni de COVID”, dijo Tatiana, deteniéndose para serenarse.

Llamó a su madre, Marlén Pernetti. No fue una llamada fácil.

Los Pernetti se divorciaron en 2008, después de más de 10 años de matrimonio, y no de forma amistosa, admitió Marlén. Las batallas judiciales se prolongaron hasta febrero de 2020, cuando los abogados de Nino Pernetti acusaron a Marlén de desprestigiarlo delante de sus hijas. Ahora su hija le pedía ayuda para cuidar a su padre.

Marlén había perdido a su propio padre a los 20 años. Ha pasado la mayor parte de su vida como apoderada médica y cuidadora de un hermano menor con insuficiencia renal crónica. Sabía lo que tenía que hacer. Corrió al hospital con Tatiana, donde los médicos lo entubaron y finalmente le practicaron una traqueotomía.

“Él no tenía a nadie más y es el padre de mis hijas”, dijo Marlén. “No quería que mis hijas vivieran con ese vacío”.

Marlén se convirtió en la cuidadora de Nino mientras Tatiana volvía a Notre Dame para terminar su último semestre de universidad. Le masajeó las piernas y los brazos. Habló con los médicos y las enfermeras en su nombre. Le llevaba sopa de zanahoria y pasta fagioli del Caffe Abbracci. Cuando él pidió pasta boloñesa, ella trajo un poco del restaurante y la puso en la licuadora para que él pudiera beberla con una cuchara.

Ayudó a las enfermeras a cambiarle la bata. Diez años de acritud pasaron a un segundo plano.

“Si me hubieran dicho que estaría junto a la cama de este hombre después de todo esto...”, dijo. “El Señor actuá de manera misteriosa”.

Marlén Pernetti se convirtió en la principal cuidadora de Nino Pernetti, tras estar divorciados durante más de 10 años.
Marlén Pernetti se convirtió en la principal cuidadora de Nino Pernetti, tras estar divorciados durante más de 10 años.

Nino se fortaleció. Pasó de 114 libras a 140. Trabajó con un logopeda para recuperar el habla. Estaba decidido a ponerse de pie. A Marlén le recordó que su madre murió de tifus cuando él tenía 3 años y que los médicos en Italia estaban tan asombrados de cómo combatió la enfermedad que le llamaron “cabrito”.

Cuando le dieron el alta en el Jackson y pasó a un centro de rehabilitación este verano, las enfermeras aplaudieron a lo largo del pasillo hasta la ambulancia.

“Le enseñaron las ganas de vivir desde muy temprana edad”, dijo Marlén.

Lo que Nino echaba de menos de fuera de las paredes del hospital, su familia se lo llevaba. Con el corazón roto por perderse la graduación de su hija en mayo, a Pernetti se le iluminaron los ojos cuando Tatiana entró en su habitación con su toga de Notre Dame.

“Me puse el birrete y la toga, entré y tuvimos nuestra propia graduación”, dijo.

Tatiana Pernetti organizó una graduación ficticia en el hospital para su padre, Nino Pernetti.
Tatiana Pernetti organizó una graduación ficticia en el hospital para su padre, Nino Pernetti.

Y cuando cumplió 76 años, Marlén llegó al centro de rehabilitación con croquetas versallescas, bocaditos y globos. Trajo al artista que actúa en el Caffe Abbracci en ocasiones especiales para que tocara el saxofón y la guitarra mientras las enfermeras cantaban el “Feliz Cumpleaños”.

“Nino vive de la energía de ver a la gente”, dijo Marlén.

Pernetti saca su fuerza de ellos al igual que su restaurante saca su fuerza de él. Sin él en Abbracci en el último año, ha habido un vacío.

Nino falta”, dijo Loris Curzio, gerente de Abbracci desde hace 31 años, que conoce a Pernetti desde hace casi cuatro décadas. “Nino es la cabeza y el corazón de este restaurante. El carisma de Nino no se puede sustituir”.

Nino Pernetti, fotografiado en 2019 con motivo del 30º aniversario de Caffe Abbracci, es la razón por la que los comensales vuelven al restaurante de Coral Gables.
Nino Pernetti, fotografiado en 2019 con motivo del 30º aniversario de Caffe Abbracci, es la razón por la que los comensales vuelven al restaurante de Coral Gables.

Tatiana, a pesar de haber empezado la carrera de Derecho en Georgetown el pasado otoño, pasó las fiestas en el restaurante, visitando las mesas como hacía su padre. Desde los tres años, le ha visto sentarse habitualmente en las celebraciones durante toda la noche, “como si fueras su hermano, sentado en su casa”, recordó Curzio.

Ahora que Georgetown se ha convertido en un centro de enseñanza a distancia durante el próximo mes, ella ha convertido la supervisión del Caffe Abbracci en parte de sus responsabilidades.

Mientras tanto, los comensales y amigos de toda la vida que conocen la lucha de Pernetti siguen enviando buenos deseos y regalos: un rosario que ha sido bendecido por el Papa, libros para que Nino lea en el hospital, botellas de vino para que celebre el día que vuelva a casa.

“Fue una hermosa acción durante este año tan difícil que hemos tenido que soportar. Estamos eternamente agradecidos”, dijo Marlén.

Cuándo pueda ser ese día, nadie lo sabe todavía. Una infección en noviembre retrasó su posible alta para las fiestas. Pero su familia mantiene la esperanza.

No ha llegado tan lejos, dicen, como para rendirse ahora.

“Esto forma parte de la constitución de Nino”, dijo Marlén, “es un luchador”.

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