Prometió transformar Colombia cuando fuera presidente. ¿Podrá cumplirlo?

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Gustavo Petro y Francia Márquez festejan después de ganar las elecciones presidenciales en Bogotá, Colombia, el domingo 19 de junio de 2022. (Federico Rios/The New York Times)
Gustavo Petro y Francia Márquez festejan después de ganar las elecciones presidenciales en Bogotá, Colombia, el domingo 19 de junio de 2022. (Federico Rios/The New York Times)

BOGOTÁ, Colombia — El pasado domingo, en un estadio repleto de Bogotá, en medio de una lluvia de confeti y debajo de un letrero que decía “Colombia ganó”, Gustavo Petro festejó su triunfo como el primer presidente de izquierda electo en Colombia.

“El gobierno de la esperanza ha llegado”, dijo el exguerrillero y quien ha sido legislador por mucho tiempo, ante un torrente de ovaciones.

Durante décadas, Colombia ha sido uno de los países más conservadores de Latinoamérica, donde casi siempre la izquierda ha estado vinculada a una insurgencia violenta y los anteriores candidatos de izquierda a la presidencia han sido asesinados en la campaña electoral.

En ese contexto, la victoria de Petro fue histórica y habla de la frustración de los electores ante un sistema de derecha que, según muchas personas, no ha podido solucionar la pobreza y la desigualdad de generaciones, las cuales se han agudizado durante la pandemia.

Francia Márquez, una activista ambientalista elegida por Petro como compañera de fórmula, y que será la primera vicepresidenta negra del país, hizo que la victoria fuera todavía más insólita. Algunos de los porcentajes más altos de participación electoral se registraron en algunas de las regiones más pobres y marginadas del país, lo cual indica que muchas personas se identificaron con sus marcados y repetidos llamados a la inclusión, a la justicia social y a la protección del medioambiente.

Cuando era candidato, Petro prometió reconfigurar algunos de los sectores más importantes de la sociedad colombiana en uno de los países más desiguales de Latinoamérica.

Pero ahora que ocupará el palacio presidencial, Petro tendrá que convertir pronto esas promesas —algunas de las cuales, según sus detractores, son radicales— en acciones.

Partidarios del candidato a la presidencia, Gustavo Petro, festejan su triunfo electoral en Bucaramanga, Colombia, el domino 19 de junio de 2022. (Nathalia Angarita/The New York Times)
Partidarios del candidato a la presidencia, Gustavo Petro, festejan su triunfo electoral en Bucaramanga, Colombia, el domino 19 de junio de 2022. (Nathalia Angarita/The New York Times)

“Se trata de un programa de transformaciones muy profundas”, comentó Yann Basset, profesor de ciencias políticas en la Universidad del Rosario en Bogotá. “En todos estos temas, tendrá que contar con un apoyo considerable del Congreso, lo cual parece que será bastante difícil”.

Petro prometió ampliar bastante los programas sociales y brindarles un subsidio sustancial a las madres solteras, garantizarles trabajo y salario a los desempleados, fomentar el acceso a la educación superior, aumentar el apoyo alimentario, implementar un sistema de salud pública y reformar el sistema de pensiones.

Él afirma que esto lo pagará, en parte, al aumentar los impuestos a las 4000 familias más pudientes del país, al eliminar algunos beneficios fiscales de las empresas, con el incremento de ciertos aranceles de importación y con el combate a la evasión fiscal.

Una parte primordial de su plataforma es un plan para cambiar lo que él llama “la vieja economía de extracción” de Colombia, basada en el petróleo y el carbón, a una economía enfocada en otras industrias, también en parte, para combatir el cambio climático.

Es posible que algunas de las políticas de Petro provoquen tensiones con Estados Unidos, el cual, durante las últimas dos décadas, ha invertido, con pocos resultados, miles de millones de dólares en Colombia para ayudar a que sus gobiernos detengan la producción y exportación de cocaína. Petro prometió replantear la estrategia del país con respecto a las drogas, pasando de la eliminación del cultivo de coca, el producto base de la cocaína, a reforzar el desarrollo rural.

Washington ya comenzó a darle prioridad al desarrollo, pero tal vez Petro se enfrente a las autoridades estadounidenses precisamente en definir lo que esto sería.

Petro también prometió poner en marcha por completo el acuerdo de paz de 2016 con el grupo guerrillero más grande del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o FARC, y frenar la destrucción de la Amazonía colombiana, donde, en los últimos años, la deforestación ha alcanzado nuevos niveles máximos.

Uno de los retos más grandes para Petro será cómo pagar su ambiciosa propuesta, sobre todo, encontrar ingresos nuevos para compensar la pérdida de la suma procedente del petróleo y el carbón al mismo tiempo que extiende los programas sociales.

Mauricio Cárdenas, exministro de Finanzas, señaló que la primera medida que debería tomar Petro es designar a un ministro de Finanzas con la experiencia para aplacar el temor de los mercados y de los inversionistas y que pueda garantizarle a la población que no caerá en gastos descontrolados o que ocurrirá una intervención gubernamental excesiva.

Quizás otro reto primordial sea trabajar con el Congreso. La coalición de Petro, llamada Pacto Histórico, cuenta con el mayor número de legisladores en la legislatura. Pero él no tiene mayoría, la cual necesitará para impulsar su agenda. Ya se ha comunicado con dirigentes políticos que no pertenecen a su coalición, pero no se sabe qué tanto apoyo obtendrá, ni tampoco si el establecimiento de nuevas alianzas lo obligará a sacrificar algunas de sus propuestas.

“Creo que tendrá que desechar algunas partes de este programa”, afirmó Basset. “En cualquier caso, creo que no tiene mayoría para realizar todo lo que prometió”.

Petro también heredará una sociedad muy polarizada, dividida por clases, raza, región y etnicidad que quedó traumatizada por todos los años de guerra y violencia.

Durante décadas, el gobierno de Colombia peleó contra las FARC y la guerra se convirtió en una compleja batalla entre grupos guerrilleros de izquierda, paramilitares de derecha y el ejército, todos los cuales han recibido acusaciones de violar los derechos humanos.

Pese al acuerdo de paz con las FARC de 2016, muchas de las fisuras del conflicto siguen existiendo, lo cual ha sido potenciado por las redes sociales, cosa que ha permitido que se propaguen los rumores y la desinformación.

Las encuestas anteriores a las elecciones mostraban una creciente desconfianza en casi todas las instituciones principales.

“En mi opinión, estas elecciones han sido las más polarizadas que hemos visto en Colombia en muchos años”, comentó Arlene B. Tickner, una politóloga de la Universidad del Rosario. “Así que creo que será un reto fundamental tan solo calmar las aguas y dirigirse en especial a los electores y a los sectores de la sociedad colombiana que no lo eligieron y que le tienen mucho temor al mandato presidencial de Petro”.

© 2022 The New York Times Company

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