Las promesas que se hicieron sobre el clima en Glasgow ahora dependen de un puñado de líderes poderosos

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El presidente Joe Biden habla en una conferencia de prensa en la conferencia global de Naciones Unidas sobre el cambio climático en Glasgow, Escocia, el 2 de noviembre de 2021. (Erin Schaff/The New York Times)
El presidente Joe Biden habla en una conferencia de prensa en la conferencia global de Naciones Unidas sobre el cambio climático en Glasgow, Escocia, el 2 de noviembre de 2021. (Erin Schaff/The New York Times)

GLASGOW, Escocia — Después de dos semanas de discursos idealistas y negociaciones amargas entre casi 200 países, para tener un progreso significativo en la ralentización del calentamiento global, el mundo en esencia sigue dependiendo de las acciones de un puñado de naciones poderosas que todavía no se ponen de acuerdo sobre la mejor estrategia para enfrentar el cambio climático.

La conferencia mundial de Naciones Unidas sobre el cambio climático concluyó el sábado con un acuerdo conseguido, a base de mucho esfuerzo, que instó a los países para que regresaran el próximo año con promesas y objetivos más sólidos de reducción de emisiones con el fin de duplicar el dinero disponible que ayude a los países a arreglárselas con los impactos del calentamiento global. Asimismo, por primera vez en un cuarto de siglo de negociaciones sobre el clima en el mundo, menciona por su nombre a la principal causa del cambio climático: los combustibles fósiles.

Sin embargo, la conferencia no logró que el mundo evite los peores impactos del cambio climático. Aunque los países cumplan todas sus promesas relacionadas con las emisiones, el mundo seguiría por un camino peligroso, pues para el año 2100 la temperatura del planeta será unos 2,4 grados Celsius más cálida que antes de la Revolución Industrial.

Esta cifra supera por mucho el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 grados, la temperatura que se necesita para evitar las peores consecuencias del calentamiento, según la comunidad científica. Además, prepara el escenario para peores tormentas, incendios forestales, sequías y aumentos del nivel del mar, así como la turbulencia social y económica que acompañaría una crisis climática más grave.

Un puñado relativo de líderes políticos de todo el mundo —en capitales como Washington, Pekín y Nueva Delhi— mantiene buena parte de la influencia sobre el cumplimiento de esas promesas y la capacidad del arco de calentamiento para alejarse lo suficiente de un desastre. No obstante, enfrentan una compleja combinación de presiones: los intereses de las industrias que se interponen a las regulaciones, las exigencias de dinero de los países en vías de desarrollo que buscan ayuda para hacer la transición que los aleje de los combustibles fósiles y un movimiento cada vez más importante de los ciudadanos que exigen un control más rápido de las emisiones y que se cumpla lo que denominan como justicia climática.

Uno de los líderes más importantes que enfrenta este tipo de presiones es el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien busca que se apruebe una de las legislaciones climáticas más importantes en la historia del país, pero enfrenta una fuerte resistencia, no solo de los republicanos, sino de senadores clave de su propio partido.

Al mismo tiempo, en China, ¿Xi Jinping —a quien hace poco se le acaba de elevar al panteón de los líderes del Partido Comunista al lado de Mao Zedong— podrá o estará dispuesto a persuadir a los líderes provinciales para que reduzcan el uso del carbón que ha impulsado el ascenso económico de China? ¿El primer ministro de India, Narendra Modi, cuyos representantes atenuaron de último momento el tono del acuerdo final sobre el carbón el sábado, podrá cumplir su promesa de aumentar cinco veces las fuentes de energías renovables para 2030? ¿Brasil cumplirá su promesa de sumarse a otros países para dar marcha atrás a la deforestación en la Amazonía?

Una marcha organizada por grupos y activistas ambientalistas durante la conferencia global de Naciones Unidas sobre el cambio climático en Glasgow, Escocia, el 3 de noviembre de 2021. (Andrew Testa/The New York Times)
Una marcha organizada por grupos y activistas ambientalistas durante la conferencia global de Naciones Unidas sobre el cambio climático en Glasgow, Escocia, el 3 de noviembre de 2021. (Andrew Testa/The New York Times)

Los compromisos han mantenido “al alcance, pero con un pulso débil” el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 grados, comentó Alok Sharma, el político británico que presidió la cumbre. “Y solo sobrevivirá si cumplimos nuestras promesas, si traducimos nuestros compromisos en acciones rápidas”.

La prueba de una acción rápida incluye lo que hace su propio gobierno.

Reino Unido, el lugar de origen de la Revolución Industrial y uno de los principales emisores históricos de los gases de efecto invernadero que calientan el planeta, ha declarado que tiene como objetivo reducir sus emisiones un 68 por ciento para 2030, en comparación con los niveles de 1990.

Para los negocios, el impacto más importante de la cumbre climática de Glasgow probablemente provenga de un acuerdo que se anunció al margen: una coalición de los inversionistas, los bancos y las aseguradoras más importantes del mundo que en conjunto controlan 130 billones de dólares en activos prometió usar ese capital para alcanzar las metas de las emisiones “netas cero” en sus inversiones para 2050. Esa iniciativa lograría que la limitación del cambio climático fuera un tema central de muchas decisiones financieras de gran envergadura.

Sin embargo, es probable que los legisladores sean presionados por parte de la industria sobre la redacción de las nuevas regulaciones que definirán con precisión qué constituyen las inversiones netas cero.

El éxito o el fracaso podrían terminar por depender de forma significativa de lo que se les ocurra a los reguladores gubernamentales, comentó Simon Stiell, ministro de Medioambiente de Granada, una nación isleña del Caribe con una vulnerabilidad particular frente el aumento del nivel del mar. “Supongo que habrá un tramo significativo entre esas promesas y llegar a un punto en el que se tengan los incentivos y luego la forma de hacer cumplir las reglas”, opinó. “Esa parte no se tomó en cuenta en las negociaciones que se llevaron a cabo”.

Maisa Rojas, modeladora del clima en la Universidad de Chile, señaló que los investigadores necesitan cuantificar mejor los impactos del cambio climático sobre la gente y las comunidades vulnerables. Esto servirá para hacerle frente a uno de los temas que se discutió con mayor intensidad en Glasgow: “las pérdidas y los daños” o qué se le debe a la gente que casi no ha contribuido al calentamiento global, pero es la que resulta más afectada.

“Necesitamos una comprensión y un monitoreo sistemáticos de lo que está pasando”, comentó Rojas, directora del Centro de Ciencias del Clima y la Resiliencia de la universidad.

En efecto, uno de los asuntos más importantes en los que los países en riesgo como Granada planean presionar en los próximos meses es el financiamiento para las pérdidas y los daños. Estas naciones no ganaron su batalla en Glasgow, tan solo recibieron un compromiso de los países ricos para tener un “diálogo” sobre el tema de la remuneración en el futuro.

Stiell arguyó que no basta con solo ofrecer una ayuda para desastres, como lo han sugerido algunos países incluido Estados Unidos. El financiamiento para las pérdidas y los daños también se necesita para la lenta erosión de la tierra por el ascenso del mar y las pérdidas agrícolas que producen las sequías largas. “Debe haber resultados que vayan más allá de un diálogo”, mencionó.

Muchos de los jóvenes activistas que protestaron afuera de las conversaciones comentaron que las promesas no estaban ni cerca de solucionar un problema con el que ya están viviendo. Mitzi Jonelle Tan, una activista de Filipinas que se sumó a decenas de miles más en las calles de Glasgow para exigir “justicia climática, mencionó que el resultado se sintió como “una puñalada por la espalda de quienes se hacen llamar líderes”.

“Pero el movimiento de los jóvenes a favor del clima seguirá luchando, estemos enojados, tristes o temerosos, porque significa todo para nuestra generación”, dijo.

© 2021 The New York Times Company

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