Los profetas cristianos están al alza. ¿Qué sucede cuando se equivocan?

Ruth Graham
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Los autonombrados profetas son estrellas en uno de los rincones de mayor crecimiento del cristianismo estadounidense. (Ariel Davis/The New York Times)
Los autonombrados profetas son estrellas en uno de los rincones de mayor crecimiento del cristianismo estadounidense. (Ariel Davis/The New York Times)


Jeremiah Johnson, un autonombrado profeta de 33 años, fue uno de los pocos cristianos evangélicos que se tomó en serio el futuro político de Donald Trump en 2015.

Este antecedente creó una audiencia leal de cientos de miles de personas que lo siguen en redes sociales y no se pierden detalle de sus predicciones sobre temas como la pandemia de la COVID-19, la conformación de la Corte Suprema y la posibilidad de un resurgimiento espiritual en Estados Unidos. Y, el otoño pasado, encontraron consuelo antes de las elecciones presidenciales cuando Johnson compartió un sueño profético en el que Trump se tropezaba mientras corría la Maratón de Boston, hasta que dos ancianas frágiles salían de la multitud para ayudarle a cruzar la meta.

Por lo tanto, cuando Joe Biden fue certificado como el ganador de las elecciones, Johnson tuvo que admitir que había decepcionado a sus seguidores.

“Me equivoqué, lo lamento muchísimo, y les pido que me perdonen”, escribió en una carta detallada que publicó en línea. “Me arrepiento de profetizar de manera imprecisa que Donald Trump iba a ganar un segundo periodo como presidente de Estados Unidos”.

El deseo de adivinar el futuro es uno venerable que ha alimentado la fe de figuras que van desde los oráculos griegos hasta los astrólogos modernos. En particular, el cristianismo es una religión cuyo texto fundacional está lleno de profecías que resultan ser verdad para cuando llega el final del libro. Desde hace tiempo, ha habido un intenso debate teológico en torno a la idea de que el don de las profecías pudiera seguir existiendo en nuestros días. Sin embargo, en años recientes, los autonombrados profetas han proliferado por todo el país, y su importancia se ha incrementado a lo largo de la era de Trump. Son estrellas en uno de los rincones de mayor crecimiento actual en el cristianismo: un movimiento poco definido, pero ferviente que encabezan cientos de personas que creen ser capaces de canalizar poderes supernaturales… y tener percepciones espirituales especiales sobre los sucesos del mundo.

Muchos son evangélicos independientes que no dirigen iglesias ni otras instituciones. Operan principalmente en línea y por medio de apariciones en conferencias o como ponentes invitados en iglesias, donde ganan dinero mediante la venta de libros, las donaciones y los honorarios por dar charlas. Además, son parte del creciente atractivo hacia las conspiraciones en los contextos cristianos, lo cual se refleja en la popularidad de QAnon entre muchos evangélicos y en una resistencia hacia las fuentes tradicionales de información.

La imaginación profética merodea mucho más allá de la política nacional. Sigue el Supertazón y el clima; analiza sucesos en la cultura popular, como la reciente conversión de Kanye West al evangelismo, y sucesos mundiales, entre ellos una fascinación particular con Israel. Muchos profetas les advierten a sus seguidores que no deben confiar en lo que leen en las noticias, pero en su lugar ofrecen una especie de ciclo alternativo de noticias, que refracta e interpreta los sucesos del mundo real a través de un lente supernatural.

“A lo largo de mi vida —49 años como seguidor de Jesús—, nunca he visto este nivel de interés en las profecías”, comentó Michael Brown, un comentarista y locutor de radio evangélico que cree en profecías pero ha pedido una mayor responsabilidad cuando se demuestra que una profecía es falsa. “Y es una lástima, porque es una vergüenza para el movimiento”.

El año pasado estuvo lleno de profecías que no salieron bien. Cuando el coronavirus arrasó por Estados Unidos en la primavera, varios profetas declararon en público que iba a menguar para Pésaj; Cindy Jacobs, una de los profetas más influyentes de Estados Unidos, encabezó un día mundial de oraciones para “contener” el virus en marzo. Y para el otoño, tantos profetas prominentes se habían equivocado en sus predicciones sobre la reelección de Trump que las disculpas y las recriminaciones ahora son parte de una crisis dentro del movimiento.

La reacción violenta ante la disculpa de Johnson fue inmediata. En Facebook, Johnson denunció que había recibido “múltiples amenazas de muerte y miles y miles de correos electrónicos de cristianos que le decían las cosas más crueles y vulgares que haya escuchado hacia mi familia y ministerio”. Asimismo, señaló que había perdido el financiamiento de donadores que lo acusaron de ser “un cobarde, vendido y traidor ante el Espíritu Santo”.

Sin embargo, no hay señales de que haya menguado la popularidad de los autonombrados profetas.

Conforme el cristianismo denominacional se deteriora casi en todas partes, los magnéticos líderes independientes han llenado ese vacío.

“Existe esta idea de que no se puede confiar en nadie más que en estos individuos de confianza”, mencionó Brad Christerson, sociólogo de la evangélica Universidad Biola. “Es un síntoma de nuestros tiempos. La gente no confía en las instituciones, y cree que todas las instituciones tradicionales son corruptas: universidades, ciencia, gobierno, los medios. Están buscando fuentes reales de verdad”.

claridad que se puede observar en otros rincones de la cultura estadounidense. La popularidad de la astrología está explotando. Más del 40 por ciento de los estadounidenses cree en los psíquicos, según el Centro de Investigación Pew.

De manera similar, las profecías no son solo una herramienta predictiva sino también un lente analítico para encontrarle sentido al pasado y a los sucesos actuales. Los profetas más exitosos pueden conectar trozos de datos aparentemente dispares en una gran narrativa, y agregan nuevas capas de interpretación a medida que se desarrollan los sucesos e invitan a otros a colaborar.

Mike Killion, quien conducía un autobús en Carolina del Norte hasta que la pandemia consumió su negocio, les presta atención a las que llama “sincronicidades” y otras personas podrían llamar coincidencias. Killion cree que Dios está involucrado de manera muy cercana con los sucesos mundiales y está muy sintonizado con las plegarias de su gente.

Si el teléfono de Killion está en la mesa y él menciona que quiere ir a un crucero, por ejemplo, el teléfono lo “escucha” y le empieza a enviar anuncios de cruceros, comentó.

“Dios funciona de la misma manera”, explicó. “Está escuchando todo lo que dices”.

Según Killion, los profetas no siempre tienen la razón sobre cada una de las predicciones y sin duda no siempre la tienen de inmediato.

“Existe esta idea de que los profetas deben tener la razón todo el tiempo y deben tenerla la próxima semana, cuando hay profetas en la Biblia que dijeron profecías que no se cumplieron mientras vivieron”.

Killion se burló de Johnson por retractarse sobre su profecía en torno a la victoria de Trump en 2020.

“Jeremiah Johnson tuvo que callarse la boca”, opinó unos pocos días antes de la investidura presidencial de Biden. “Todavía podría ocurrir”.

Por su parte, Johnson al parecer sigue humillado. Esta semana, comenzó una serie en YouTube titulada “Me equivoqué”, en la que planea valorar el movimiento profético y dónde, en su opinión, este se desvió del camino.

En su primer capítulo, revisó algunas de sus profecías pasadas sobre la política y los sucesos nacionales, y criticó su forma de errar en 2020.

“No todo lo que Dios nos dice en privado debe ser del conocimiento público”, dijo sombríamente. “Me dejé llevar por el momento”.

Dijo que esperaba una “reforma” y habló sobre sus inquietudes en torno al próximo juicio de Dios. Además, en futuros episodios de la serie, Johnson prometió que iba a compartir lo que le está mostrando Dios sobre el futuro.

This article originally appeared in The New York Times.

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