Proclama K por la deuda: en EE.UU. creen que reafirma las divisiones en el Gobierno y termina de alejar un acuerdo

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Martín Guzmán en Washington
Martín Guzmán en Washington

WASHINGTON.- La proclama kirchnerista que pidió suspender los pagos de la deuda con el Club de París y el Fondo Monetario Internacional (FMI) mientras dure la pandemia fue recibida en Estados Unidos como otra evidencia de las divisiones en el Frente de Todos, y aunque fue leída entre paréntesis como un mensaje interno en un año electoral, generó ruido y terminó de quitarle oxígeno a la posibilidad de llegar a un acuerdo con el Fondo antes de las elecciones, ya de por si muy languideciente.

Aunque la proclama reiteró reclamos kirchneristas sobre la deuda que ya eran conocidos en Estados Unidos, dejó una postura más dura y exigencias nuevas que son inviables. El manifiesto nunca mencionó la palabra “default”, pero tampoco llamó a cumplir con los compromisos externos, cuestionó la legitimidad de la deuda, dijo que es “impagable” y que el país está en “insolvencia estructural”.

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“Es la confirmación de lo que ya sabemos, políticamente no hay acuerdo acerca de cómo se tienen que enfocar las negociaciones con el FMI o el Club de París, y esto hace que sea complicado llegar a un acuerdo”, dijo Sergi Lanau, del Instituto Internacional de Finanzas, quien trabajó para el Fondo. “Estamos en lo de siempre, que el gobierno y su entorno político no parecen estar de acuerdo en cuál tiene que ser la propuesta de la Argentina”, insistió.

Para Lanau, la proclama kirchnerista parece más bien “un movimiento político de cara a la audiencia doméstica”, y si bien no tiene mucha información nueva para el mercado, tampoco es una buena noticia. El interrogante de siempre, que aún perdura más de dos años después de la asunción de Alberto Fernández, es qué está dispuesto a firmar su gobierno con el Fondo.

Jorge Piedrahita, CEO de Gear Capital Partners, cree que existe simpatía para ayudar a países emergentes como la Argentina, y que el ministro de Economía, Martín Guzmán, entiende como funcionan el Club de Paris y el FMI y está tratando de navegar las demandas de una fracción del Frente de Todos que piensa en términos electorales, y los requerimientos de las instituciones como el FMI.

“Mi posición básica con la Argentina es que como inversión ofrece un buen potencial de suba con un horizonte de dos o tres años. Trato de no tomar los comentarios políticos a valor nominal, sino en un contexto electoral. La proclama es un mensaje de consumo interno”, indicó. “Estos comentarios no llevan a que las negociaciones se rompan o que la Argentina esté pensando seriamente en un default. Más allá de los comentarios, al Fondo no le hacés un default”, cerró

Un inversor que participó del último canje de deuda que negoció Guzmán también relativizó el impacto real de la proclama kirchnerista al indicar que se trataba de una movida de la Cámpora para marcar su injerencia en el peronismo con ideas impracticables en el mundo real.

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“La política, como siempre. No va a pasar”, fue su escueta reacción.

Desde un banco de inversión en Nueva York remarcaron el tibio impacto que había tenido la proclama en los valores de los bonos argentinos, y afirmaron que “no es una sorpresa para nadie como está posiciona el kirchnerismo, ni las tensiones en el gobierno”. Pero a la vez sugirieron que el posicionamiento del kirchnerismo de paladar negro le restaba probabilidad a la narrativa languideciente, pero aún sobreviviente, de que es posible llegar a un acuerdo con el Fondo antes de las elecciones legislativas. Si el oficialismo muestra dificultades para tejer una posición uniforme sobre la deuda, menos plausible es pensar en un plan a 10 años con metas y reformas estructurales, como el que debe llevarle Guzmán al Fondo.

Para el establishment corporativo el acuerdo con el FMI es de suma importancia. Hace apenas unas semanas, el vicepresidente de la Cámara de Comercio para la región, Neil Herrington, dijo que seguían “de cerca” las negociaciones del Fondo con la Argentina, y que, una vez que haya un acuerdo, “la Argentina puede fortalecer su clima de inversión”.

Hubo también quienes advirtieron sobre el riesgo de un default, un escenario que el presidente Alberto Fernández ha dicho que quiere evitar, pero que la proclama parece, cuando menos, avalar como una alternativa potable.

“Yo diría que es mejor que Cristina Kirchner controle mejor a sus partidarios o puede socavar su flexibilidad política para negociar con el FMI si sus principales constituyentes adoptan una postura endurecida de default”, dijo Siobhan Morden, directora de Amherts Pierpoint.

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