El trastorno por el que no paras de morderte los labios todo el tiempo

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Moderse los labios de forma crónica puede ir asociado a una afección médica subyacente y generar muchos problemas como una propensión a desarrollar pupas dolorosas en la boca que, a su vez, estaría ocultando un trastorno mayor. (Foto: Getty)
Moderse los labios de forma crónica puede ir asociado a una afección médica subyacente y generar muchos problemas como una propensión a desarrollar pupas dolorosas en la boca que, a su vez, estaría ocultando un trastorno mayor. (Foto: Getty)

'Morsicatio buccarum' es el nombre que recibe el hábito de morderse los labios o el interior de las mejillas. Un hábito inofensivo si es ocasional, pero que puede esconder un trastorno nervioso. Según la Fundación TLC (por sus siglas en inglés), se considera un comportamiento compulsivo llamado 'dermatofagia', muy parecido a la dermatilomanía, en la que los pacientes se arrancan el pelo o se pellizcan la piel. 

Morderse los labios, la mejilla por dentro o los dedos son los síntomas más claros de este trastorno, ya que las zonas que más sufren son la piel de alrededor de las uñas, la de los labios y la del interior de las mejillas.

Las afecciones dentales, como los trastornos de la ATM o la maloclusión, no son las únicas causas que pueden propiciar el hábito de morderse los labios. Hay muchas otras patologías que también pueden tener su origen en este hábito bucal. A veces, las condiciones psicológicas pueden ser la causa de morderse los labios.

El problema es que mucha gente ni siquiera se da cuenta (la mayoría de nosotros nos rascamos la piel o nos arrancamos algún pellejo de vez en cuando) y piensa que es un trastorno inocuo que no requiere tratamiento. Sin embargo, puede llegar a ser brutal y doloroso cuando somos incapaces de parar, tanto que podemos causarnos microlesiones por esas 'mordeduras' contantes. 

Una persona que sufra de dermatofagia puede llegar a morderse hasta hacerse daño y sangrar, lo cual supone un riesgo para la salud del afectado. Por ejemplo, tal y como recoge este artículo publicado en Refinery29, tener constantes de úlceras bucales puede apuntar a un problema de salud más amplio.

Más allá de que podría ser un signo de ansiedad o depresión, si lo haces de continuo tendrás los labios agrietados, secos y posiblemente con mal olor. Además, afectará al desarrollo óseo de toda la zona de la mandíbula; puede generar lesiones en la mucosa de la boca y úlceras en los labios. También puede provocar fibromas orales, que son cicatrices causadas por una irritación persistente de larga duración en la boca, o quistes de retención conocidos como 'mucoceles' que se ocasionan por morder o succionar los labios. Aunque suelen curarse solos, al ser muy recurrentes, a veces es necesario acudir a una clínica ya que en tales casos el tratamiento deberá ser quirúrgico.

Curiosamente, parece que la mayoría de los que sufren de dermatofagia y dermatilomanía son mujeres (también los adolescentes). 

“Afecta en mayor medida a mujeres, sobre todo, las de personalidad perfeccionista o que han tenido una educación muy autoritaria en la que todo debía hacerse correctamente”, explica a SMODA de El País la psicóloga Catalina Poza Santos, experta en casos de problemas de piel y cabello relacionados con las emociones y directora de Clínica Psicológica y de la Salud. 

El estrés y la ansiedad son dos de las principales causas. También se ha relacionado con otras patologías como el trastorno obsesivo-compulsivo (toc), el autismo, una afección que provoca tics involuntarios denominada síndrome de Tourette o la enfermedad de Lesch-Nyhan. Y como señalábamos al principio, los odontólogos señalan que los trastornos de la ATM o una maloclusión pueden influir en su aparición.

Si tienes este problema es importante acudir al médico para detectar a causa real y ver cuál es la mejor forma de afrontarlo. Y es que la parte psicológica es tan importante como la física a la hora de abordar este y otros trastornos que afectan a la piel.

"No puedes analizar solamente los aspectos físicos en el manejo de su enfermedad. Tienes que adoptar un enfoque más amplio y holístico, darte cuenta de que los trastornos de la piel van de la mano del estrés psicológico y de trastornos psiquiátrico", añade en declaraciones a la BBC el doctor Girish Patel, de la Sociedad Británica para la Investigación en Dermatología. En este sentido, el psicólogo puede ayudarte a tomar las medidas oportunas que normalmente pasan por controlar el estímulo o las ganas de moderse los labios o arrancarse pellejos y manejar el estrés que lo genera; mientras que si tu odontológo sospecha que el origen es un trastorno de ATM, puede sugerirte incidir en los músculos de la mandíbula con fisioterapia o técnicas de relajación, o restringir la dieta a alimentos blandos. Dado el caso, puede recetarte medicamentos para ayudar a aliviar el dolor y la inflamación.

El dentista puede, incluso, recomendarte una férula o protector nocturno, que es un aparato de plástico transparente que se coloca en la dentadura para relajar los músculos de la mandíbula. En ocasiones, se precisa la intervención de otros especialistas médicos, como fisioterapeutas o cirujanos orales, para tratar los trastornos de la ATM. Quizás se requiera un tratamiento de ortodoncia para corregir la maloclusión y los problemas asociados.Y paradójicamente algunos dentistas pueden aconsejarte masticar chicle o comerte un chupa-chups (sin azúcar, por supuesto).

Hay que tener en cuenta que los odontológos no tratan las causas psicológicas y de desarrollo del hábito de morderse los labios, pero sí pueden detectarlo y recomendar acudir al médico de cabecera o al especialista correspondiente. 

En caso de dudas, también es conveniente consultar con el dermatólogo, que será la persona más indicada para resolverlas y ofrecer la mejor solución en cada caso (protector bucal, técnicas de relajación o restringir la dieta a alimentos blandos...). Por último, es importante recordar que cuando estos trastornos tienen una causa psicoemocional deben ser tratados por especialistas en salud mental, y el tratamiento puede incluir la identificación de los desencadenantes de la conducta.

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