Privilegiados en la fiesta de "Parasite"

Agencia EFE

Nueva York, 13 feb (EFE).- A las dos de la tarde del domingo, poco antes del inicio de la ceremonia de los Óscar, Jane Fonda, nobleza de Hollywood, se colocaba un anillo y un brazalete de oro y diamantes (de origen sostenible y por valor de varios salarios medios), mientras el reparto del filme surcoreano "Parasite", una mordaz crítica de la injusticia social del sistema capitalista, se preparaba para tomar el Dolby Theater a lo grande con cuatro estatuillas.

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El escaparate de una película que presenta una historia de injusticia social y una crítica sin rodeos contra la desigualdad estaba repleto de aquellos que han conseguido levantar una carrera, la de actor, en un terreno extremadamente competitivo gracias a privilegios heredados.

Jane, hija del actor Henry Fonda, es un ejemplo de algo que puede atestar también Laura Dern, ganadora en esta edición del Óscar a mejor actriz de reparto, hija de dos habituales de Hollywood, Bruce Dern y Diane Ladd, y bisnieta de un rico industrial y miembro del gabinete de Franklin D. Roosevelt.

Como en "Parasite", hay ciertas "líneas rojas" invisibles que parecen ser intransitables para la mayoría de los mortales por mucho ingenio que desplieguen. Para Fonda o Dern ni siquiera su carácter rebelde les ha impedido mantenerse en la cúspide, independientemente de su talento.

Cierto es también que otros protagonistas de la noche llegaron a la alfombra roja desde orígenes más humildes.

Como Brad Pitt, mejor actor de reparto y proveniente de una familia de clase trabajadora de la “América Profunda”, o la nominada a mejor documental por “For Sama” Waad Al-Kateab, que narró el dolor de la guerra siria en tono personal, y que vivió el conflicto bajo las bombas y la carestía.

En Estados Unidos, el país más rico del mundo y con uno de los mayores índices Gini en desigualdad de la OCDE, el 1 % de la población más pudiente tiene más de un tercio de la riqueza, mientras que el 90 % supera con poco una quinta parte del pastel.

Tal vez, metáforas como cuando la familia Kim, protagonista de "Parasite", se reúne para brindar por haber conseguido usar el wifi del vecino, han conectado bien en audiencias estadounidenses y de todo el mundo.

La paradoja es que ni el elenco de “Parasite” quedó ajeno a los privilegios de los más ricos, que como en la acomodada familia Park de la historia dirigida por Bong Joon-ho, viven en otra realidad, donde las tormentas no son causa de preocupación.

Cuando todo el equipo de “Parasite” subió exultante a recibir el Óscar a mejor película, una de las figuras centrales era Miky Lee, consejera delegada del imperio del entretenimiento surcoreano CJ Entertainment, nacido a la sombra de su abuelo Lee Byung-chul, fundador de Samsung.

Pocas figuras representan mejor que Lee ese mundo de la aristocracia económica en Corea del Sur y el resto del mundo.

En su intervención frente un Hollywood adornado con caros trajes y joyas millonarias, Lee, que encabeza un imperio de miles de millones de dólares y ha estudiados en Harvard y la Nacional de Seúl (una de las universidades surcoreanas que garantiza mantenerse en un estrato social superior) alcanzó a agradecer a su hermano, condenado por fraude fiscal en Corea del Sur, por ayudarle a conseguir sus sueños.}

Ese fue el estertor final a una noche más en la que familias Kim de todo el mundo se fueron a la cama sin entender muy bien qué acaba de pasar.

Jairo Mejía

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