¿La principal emisora afgana sobrevivirá a los talibanes?

Camareros y clientes miran un noticiero de la cadena Tolo en un restaurante de shawarma en Kabul, Afganistán, el 29 de febrero de 2020. (Kiana Hayeri/The New York Times).
Camareros y clientes miran un noticiero de la cadena Tolo en un restaurante de shawarma en Kabul, Afganistán, el 29 de febrero de 2020. (Kiana Hayeri/The New York Times).

Durante las últimas dos décadas, la emisora afgana Tolo ha sido conocida por programas provocadores como “Burka Avenger”, en el que una superheroína animada utiliza artes marciales para derrotar a villanos que intentan cerrar una escuela de niñas.

Millones de afganos también han sintonizado sus picantes telenovelas turcas, su popular “6 P.M. News” y el programa de telerrealidad “Afghan Star”, que presenta a cantantes femeninas bailando enérgicamente en la versión afgana de “American Idol”.

Sin embargo, desde que los talibanes capturaron la capital afgana, Kabul, el 15 de agosto, la oferta habitual de Tolo se está complementando con algo más: programación educativa sobre la moral islámica. La supervivencia de su menú de música pop y presentadoras de televisión en el nuevo Emirato Islámico de Afganistán de los talibanes será un barómetro de la tolerancia de los insurgentes hacia las opiniones y los valores disidentes.

“Para ser honesto, todavía estoy sorprendido de que sigamos al aire”, dijo el copropietario de Tolo, Saad Mohseni, un exbanquero de inversión afgano-australiano que fundó Moby Group, compañía propietaria de Tolo, en 2002. “Sabemos lo que representan los talibanes”.

Los talibanes, deseosos de ganar legitimidad ante la comunidad internacional, han tratado de presentarse como más moderados desde que asaltaron Kabul, por lo que han ofrecido amnistía a sus antiguos rivales y han instado a las mujeres a unirse al gobierno. Han prometido apoyar la libertad de los medios de comunicación, con la condición de que estos se adhieran a los “valores islámicos”. Un portavoz talibán incluso apareció en un programa de noticias de Tolo presentado por una conductora pocos días después de que el grupo capturara Kabul.

Sin embargo, los periodistas y defensores de derechos humanos afirman que hay señales preocupantes de que se está produciendo una violenta represión de los medios de comunicación. Los combatientes talibanes persiguieron a un periodista de la Deutsche Welle, una emisora alemana, que ya había abandonado el país, mataron a tiros a un miembro de su familia e hirieron gravemente a otro, según la emisora.

Mohseni dijo que Ziar Khan Yaad, un periodista de Tolo, y un camarógrafo fueron golpeados por cinco talibanes a punta de pistola mientras realizaban un reportaje el miércoles. Dijo que los talibanes saltaron de un Land Cruiser y confiscaron su equipo y sus celulares.

Saad Mohseni, copropietario de Tolo, la principal emisora de Afganistán, en Manhattan, el 25 de junio de 2013. (Ozier Muhammad/The New York Times).
Saad Mohseni, copropietario de Tolo, la principal emisora de Afganistán, en Manhattan, el 25 de junio de 2013. (Ozier Muhammad/The New York Times).

Los talibanes también han impedido que al menos dos mujeres periodistas trabajen en la emisora pública Radio Television Afghanistan. Y la presentadora de Tolo, que acaparó los titulares mundiales cuando entrevistó a un portavoz talibán, ha huido del país, junto con muchos periodistas más.

Muchos influentes de las redes sociales afganas también han desactivado sus cuentas de Facebook y Twitter, y han pasado a la clandestinidad.

Khadija Amin, presentadora de la emisora pública, dijo en una entrevista telefónica que, el día que los talibanes entraron a Kabul, uno de los militantes ocupó su lugar en la emisora.

Los talibanes también advirtieron a las mujeres de Afganistán que lo más seguro es que se queden en casa hasta que los combatientes talibanes de base hayan recibido capacitación para no maltratarlas.

“Estamos en una situación muy mala”, dijo Amin, y añadió que los periodistas varones ahora tienen miedo de sentarse junto a sus colegas mujeres o incluso de hablar con ellas. “Ya no hay espacio para nosotras aquí”, comentó.

Tolo saltó a la fama después de que Estados Unidos derrocó a los talibanes en 2001, al aprovechar el hambre contenida que tenían los afganos de noticias y entretenimiento tras la prohibición de los insurgentes contra noticias, música y cine independientes. En la actualidad, Tolo es la emisora más grande y popular de Afganistán, con sus canales en pastún y dari vistos por un 60 por ciento de los afganos que ven televisión y escuchan radio.

En 2003, con una subvención de 220.000 dólares del gobierno estadounidense, Mohseni creó una emisora de radio, Arman FM, que emitía música pop afgana e india. Sus benefactores estadounidenses pensaron que estaba “loco”, recuerda Mohseni: Afganistán apenas tenía electricidad y no había empresas de champú ni refrescos que se anunciaran. No obstante, en pocos meses, Arman se convirtió en una sensación nacional, con oyentes que hacían sonar la transmisión desde los altavoces en las calles de Kabul.

Hoy, su Moby Group tiene casi 500 empleados en Afganistán y emite en todo el sur y centro de Asia y en Oriente Medio.

El Afganistán que los talibanes conquistaron este mes tiene una vibrante cultura mediática, con cerca de 170 emisoras de radio en todo el país y decenas de canales de televisión tan solo en Kabul. En ellas se emite de todo, desde documentales informativos de gran repercusión hasta programas de concursos. Las redes sociales también han ofrecido una plataforma cacofónica para el debate y la disidencia.

“Los medios de comunicación en Afganistán han sido uno de los mayores logros de los últimos veinte años”, señaló Mohseni. “Es peligroso; estamos en un barrio difícil, pero han podido expresarse”.

Mohseni dijo que una represión generalizada de los medios de comunicación también resultaría difícil en la era de TikTok y Twitter. Alrededor del 60 por ciento de los afganos tienen 25 años o menos, señaló, y han llegado a la mayoría de edad con aulas mixtas de estudiantes, mujeres que no se cubren el rostro y Snapchat.

“Los talibanes de la actualidad son inteligentes. Controlan o prohíben los celulares y WhatsApp en las aldeas remotas. Pueden vigilar los teléfonos”, dijo. “Pero el país ha cambiado; la población es joven y los talibanes no podrán desprogramar a la gente de un momento a otro y decirle que el mundo es plano cuando sabe que no lo es”.

Lotfullah Najafizada, director de Tolo News, dijo que, tras la caída de Kabul, hubo un debate interno en la emisora sobre si debía cerrar. Pero dijo que se tomó la decisión de permanecer en el aire.

“Cerrar habría sido una declaración a los talibanes”, afirmó. “No recibimos órdenes diarias de los talibanes. Cubrimos lo que creemos que es noticia”, añadió.

Sin embargo, los periodistas afganos y los defensores de la libertad de prensa temen que los avances que tanto les ha costado conseguir puedan desaparecer pronto.

Samiullah Mahdi, exdirector de Tolo y profesor de la Universidad de Kabul, dijo que periodistas como él habían pasado veinte años intentando construir una industria mediática plural, rechazando oportunidades en el extranjero. Ahora, muchos periodistas están huyendo, incluyéndolo a él.

“Son micrófonos y cámaras contra rifles AK-47”, explicó. “Es una batalla difícil”.

Frente a esa realidad, Mohseni dijo que había preparado un plan de contingencia. Emitiría Tolo desde Europa u Oriente Medio si lo cierran.

© 2021 The New York Times Company

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