Ya se ha producido el primer caso de acoso sexual virtual en el metaverso, pero lo que se viene podría ser peor

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Cuando nos ensimismamos en una experiencia virtual, nuestro cerebro reacciona como si lo que está ocurriendo fuera real. [Foto: Getty Images]
Cuando nos ensimismamos en una experiencia virtual, nuestro cerebro reacciona como si lo que está ocurriendo fuera real. [Foto: Getty Images]

Una mujer fue acosada sexualmente en el metaverso que está intentando crear Facebook. La semana pasada, Meta (antes Facebook) abrió el acceso a Horizon Worlds, una plataforma de redes sociales de realidad virtual donde las personas pueden reunirse para pasar un rato.

Horizon Worlds es el primer paso hacia la construcción de una nueva versión de Internet llamada metaverso, donde las barreras entre el mundo físico y digital se difuminan. Todo parece muy divertido y saludable - al menos en la publicidad. Sin embargo, ese ambiente podría no ser tan acogedor ni equilibrado.

El 26 de noviembre, una beta tester informó que un extraño la había manoseado en Horizon Worlds. Su caso no es el primero ni será el último. De hecho, es tan solo la primera señal de un tsunami que amenaza con asfixiar nuestra salud mental.

El mundo virtual no es real, pero sus consecuencias psicológicas sí lo son

El principal beneficio del mundo virtual que nos ayuda a sanar también es el principal riesgo que nos empuja al desequilibrio. [Foto: Getty Images]
El principal beneficio del mundo virtual que nos ayuda a sanar también es el principal riesgo que nos empuja al desequilibrio. [Foto: Getty Images]

La mayoría de las personas piensan que el mundo virtual es inocuo. Creen que como no es “real”, no les puede causar un daño serio.

Investigadores de la Universidad de Melbourne analizaron un caso de acoso sexual similar que se produjo en el juego de realidad virtual QuiVr y descubrieron que la mayoría de las personas pensaban que no se podía catalogar como violencia sexual. Muchos le restaron importancia catalogándolo simplemente como un acto de mal gusto y otros consideraron que ni siquiera valía la pena hablar del tema.

Se equivocan.

La realidad virtual es tan inmersiva y vívida, que ser víctimas de algún comportamiento tóxico, ya sea acoso físico o verbal, puede llegar a ser una experiencia muy real. Aunque no existan moretones ni golpes que den fe de lo ocurrido, las consecuencias psicológicas pueden ser prácticamente las mismas que si nos hubieran agredido en la vida real.

A fin de cuentas, esos espacios virtuales están diseñados para engañar a nuestro cerebro haciéndonos creer que el cuerpo del avatar es el nuestro y que estamos viviendo realmente esas experiencias. Por eso, las reacciones emocionales pueden llegar a ser muy intensas. Cuando nos ensimismamos en la experiencia, nuestro cerebro reacciona como si lo que está ocurriendo fuera real – o casi.

Poca importancia tiene que el insulto nos lo haya dicho alguien frente a frente o a través de un avatar si sus palabras se quedan resonando en nuestra mente. O que la humillación la hayamos sufrido en la vida real o en el mundo virtual si el sentimiento de inadecuación y vergüenza nos persigue. El mundo virtual puede no ser “real”, pero las emociones que genera y las heridas que puede causar sí lo son.

Cuanto más evolucione la realidad virtual, cuanto más realista e inmersiva se vuelva y cuantos más sentidos involucre, más fácil le resultará engañar a nuestro cerebro. Por tanto, mayor será su impacto a nivel emocional - para bien o para mal.

Cabe aclarar que el objetivo no es demonizar la realidad virtual y el metaverso. Esta tecnología ya se utiliza para ayudar a personas que sufren trastornos mentales. Se aplica con éxito en el tratamiento de las fobias ya que “induce una incomodidad comparable al miedo que sienten las personas en la vida real”, según los propios psicólogos, y también se está usando para tratar la psicosis.

Pero el metaverso no será un entorno clínico controlado donde las personas se sienten a salvo. Hasta el momento, existe la posibilidad de activar una herramienta llamada “zona segura”, una especie de burbuja protectora dentro de la cual nadie puede tocarnos ni interactuar con nosotros. Sin embargo, será necesario mucho más para proteger nuestra salud mental.

El mundo virtual contiene una dualidad que debemos aprender a gestionar para que no se convierta en una espada de Damocles. El principal beneficio del mundo virtual que nos ayuda a sanar es también el principal riesgo que nos empuja al desequilibrio. Cada vez existen más evidencias de que el “yo virtual” puede fundirse con nuestro “yo real”. Eso significa que incorporamos en nuestra narrativa vital sus experiencias y, por supuesto, sus traumas.

La “tormenta perfecta” que desata el mundo digital

Las experiencias negativas que vivamos en el metaverso pueden dejar huellas psicológicas tan profundas como las que vivimos en el mundo físico. [Foto: Getty Images]
Las experiencias negativas que vivamos en el metaverso pueden dejar huellas psicológicas tan profundas como las que vivimos en el mundo físico. [Foto: Getty Images]

El uso excesivo de la tecnología digital ya se ha asociado a diferentes problemas de salud mental, desde depresión mayor y ansiedad generalizada hasta esquizofrenia, trastorno obsesivo-compulsivo, trastornos de la imagen corporal y trastornos de la conducta alimentaria.

Esos problemas podrían agravarse con la difusión del metaverso. En la realidad virtual no somos observadores pasivos, sino que podemos sumergirnos e interactuar en un entorno en 3D. Un estudio realizado en el Instituto Auxológico Italiano indicó que las personas que usan la realidad virtual señalan un sentimiento de "presencia" relacionado con emociones intensas. También se ha comprobado que las experiencias de realidad virtual promueven una inmersión mayor y generan reacciones emocionales más intensas que una película en 3D.

Eso significa que las experiencias negativas que vivamos en el metaverso pueden dejar huellas psicológicas tan profundas como las que vivimos en el mundo físico. De hecho, neurocientíficos de la Universidad de Maastricht comprobaron que la realidad virtual puede generar el estado de ánimo negativo y los pensamientos intrusivos propios del trastorno de estrés postraumático. Cuando los participantes se sumergían en experiencias dolorosas, solían experimentar sentimientos de impotencia, miedo o ira.

Las personas vulnerables podrían encontrarse en el metaverso con lo que el psicólogo Art Markman denominó la “tormenta perfecta”. La sensación de anonimato que generan las pantallas desinhibe el comportamiento, lo cual, unido a la distancia física, permite abstraer a la otra persona y reduce la empatía. Eso explica por qué muchos internautas se comportan de manera tan agresiva y hostil lanzando críticas destructivas e insultos, humillando a quienes no compartan su punto de vista y dando alas al discurso del odio.

Si en el metaverso se replican esos comportamientos, podría ser un entorno mucho más peligroso que las redes sociales y el mundo real, al menos para nuestro equilibrio emocional. Dado que la agresión y el acoso en el mundo digital no son un fenómeno nuevo, quizá tampoco sea realista esperar que esos comportamientos desaparezcan como por arte de magia.

El riesgo de perder el contacto con la realidad

Ese movimiento constante entre la realidad y el metaverso también podría terminar difuminando la línea entre lo real y lo ilusorio. [Foto: Getty Images]
Ese movimiento constante entre la realidad y el metaverso también podría terminar difuminando la línea entre lo real y lo ilusorio. [Foto: Getty Images]

El mundo virtual no solo puede representar un peligro por las interacciones y experiencias negativas. Las grandes empresas tecnológicas publicitan el metaverso como un respiro de la vida moderna, un sitio donde podemos relajarnos, disfrutar de la compañía y mejorar su salud mental. Sin embargo, un entorno digital donde vivamos una realidad paralela idílica es altamente adictivo y encierra los infinitos riesgos de una vida que, en el fondo, no es real.

Nuestro cerebro siempre querrá más. Y es probable que cuando vuelva a la vida real, esta le parezca carente de color, aburrida o simplemente insatisfactoria. Así podríamos terminar refugiándonos cada vez más en ese mundo paralelo, descuidando nuestra vida.

Existen evidencias de que los entornos virtuales suelen ser usados para escapar de los problemas de la vida cotidiana, aunque no sean una solución a largo plazo, sino que terminen agravando los problemas ya que no los resolvemos, sino que simplemente los ignoramos.

Ese movimiento constante entre la realidad y el metaverso también podría terminar difuminando la línea entre lo real y lo ilusorio en algunas personas, provocando estados similares a los brotes psicóticos. No es casual que diferentes estudios hayan encontrado una correlación entre el uso excesivo de Internet y la participación en juegos multijugador con la esquizotipia.

La esquizotipia se refiere a una serie de características de personalidad en las que se conjugan experiencias perceptivas inusuales, ideas paranoides, pensamientos desorganizados, comportamiento introvertido, aplanamiento afectivo y un estado de ánimo inestable, las cuales se acercan a las experiencias psicóticas y la pérdida de contacto con la realidad.

De hecho, ya se han reportado al menos dos casos de ideas paranoides y manía persecutoria a raíz del uso de Facebook en personas que padecían trastornos mentales. Todos esos problemas podrían ser acrecentados con una experiencia más inmersiva como la que ofrecería el metaverso. El deterioro de las relaciones sociales presenciales, la falta de contacto físico, la pérdida de hábitos saludables y la desconexión con los problemas reales debido a un uso indiscriminado de esta tecnología podría terminar causando una ola más expansiva de recaídas o nuevos casos de trastornos mentales.

Por el momento, todo parece indicar que estamos en pleno proceso de negociación sobre cómo percibimos la realidad virtual y el papel que podríamos darle al metaverso en nuestra vida. Sin embargo, si el metaverso realmente se convierte en lo que desean sus creadores - un espacio para facilitar la inmersión en videojuegos, reuniones, entornos de entrenamiento físico, clases, reuniones de trabajo o conciertos - hará falta mucho más que una burbuja protectora o un botón para reportar comportamientos indebidos para salvaguardar el equilibrio mental de las personas más vulnerables.

Hasta el momento, los investigadores han percibido que existe una sensación de aceptación o resignación respecto a los actos perjudiciales que se cometen en el mundo digital, desde las agresiones “físicas” en entornos virtuales hasta las ofensas verbales en las redes sociales. Pero no podemos asumir el metaverso como un viejo Oeste donde cada quien debe defenderse como buenamente pueda.

Ser capaces de estar presentes y sentirnos, como si estuviéramos allí con las personas, sin importar cuán lejos estemos en realidad, puede ser maravilloso - o muy peligroso. El camino que tomemos podría ser decisivo para la salud mental de las próximas generaciones.

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