Prestigioso militar preso en Venezuela se declara en huelga de hambre

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El teniente coronel del ejército venezolano Igbert Marín Chaparro, considerado como uno de los presos militares más emblemáticos del régimen de Nicolás Maduro, cumplió el jueves 10 días en huelga de hambre emprendida para protestar las torturas y los maltratos de las personas bajo custodia de la Dirección de Contrainteligencia Militar (DGCIM).

Organizaciones que velan por los derechos humanos dijeron que hasta el momento se desconoce las condiciones de Marín Chaparro, uno de los militares de mayor prestigio en Venezuela hasta que fue arrestado y acusado de conspiración por el régimen.

“La huelga de hambre es muy peligrosa (particularmente para Marín Chaparro) porque se encuentra en un sitio donde nadie lo ve, y donde se le impide el ingreso de la Cruz Roja y de los representantes de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de la ONU”, dijo Tamara Suju, Directora ejecutiva de la Casla Institute.

“Nadie sabe en qué condiciones está esta persona en este momento”, agregó Sujú.

Marín Chaparro, sentenciado a siete años y medio de prisión, es considerado como peligroso por el régimen, no porque realmente estuviese conspirando sino porque es un militar muy respetado dentro de las Fuerzas Armadas leal a la constitución por encima de la denominada Revolución Bolivariana encabezada por Maduro, explicó el teniente retirado José Colina, quien preside la organización de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exterior (Veppex).

No solo fue el oficial que se convirtió en el número uno de su promoción, sino que fue quien tuvo el mayor promedio de calificaciones como cadete en la historia de la Academia Militar del Ejército Bolivariano en siete décadas.

Al momento de su arresto, era el comandante del Batallón Juan Pablo Ayala, el puesto militar más importante encargado de la defensa de Caracas. “El tiene mucho respeto dentro de las Fuerzas Armadas, especialmente entre las promociones de teniente coroneles hacia abajo, porque es considerado como un militar excelente”, dijo Colina.

El arresto y recurrentes torturas a las que Marín Chaparro ha sido sometido es visto como un mensaje directo del régimen al resto de la oficialidad venezolana, añadió Suju.

“Con ello les están diciendo, ‘Si podemos arrestar al comandante del Batallón Ayala, mantenerlo recluido bajo tierra (en un sótano), torturarlo, humillarlo, sin que haya ningún tipo de consecuencias, entonces podemos hacer cualquier cosa con todos ustedes’. Son los castigos ejemplarizantes que le dice a todo oficial, ‘te puedo hacer lo mismo a tí’”.

El personal que trabaja en la sede del DGCIM en el sector de Caracas conocido como Boleita se ha tornado muy creativo en castigar a las personas que tienen allí bajo su detención.

Desde que llegó a la sede, el teniente coronel ha sido recluido en una de las celdas que conforman la denominada “Casa de Los Sueños”, ubicada en el sótano tres del edificio al lado de un estacionamiento de autos y motos.

Allí la acumulación de monóxido de carbono es muy pronunciada y los prisioneros enfrentan grandes problemas para poder respirar, lo cual para las organizaciones de derechos humanos no es una situación accidental.

“Están sometidos a lo que nosotros llamamos el envenenamiento progresivo con monóxido de carbono. El sótano tres queda donde se paran los vehículos y motos de los funcionarios. Allí no tiene extractores y se acumula el monóxido de carbono que es lo que terminan respirando los prisioneros”.

Algunos de los presos que han pasado tiempo en estas celdas de dos metros cuadrados han testificado que se vieron obligados a pasar la mayor parte del tiempo acostados en el piso para tratar de respirar el poco aire que entraba por la ranura debajo de la puerta y que desarrollaron problemas respiratorios que se agravaba día por día, sin que recibieran atención médica.

Marín Chaparro se encuentra en la última de estás celdas que además registra problemas de filtración de aguas blancas y de aguas negras, dijo Suju.

El militar venezolano, quien solamente está consumiendo agua, también está protestando una nueva práctica emprendida dentro del DGCIM de encender una alarma (del tipo escuchada durante la Segunda Guerra Mundial) constantemente en la noche.

Encendida a todo volumen entre las 12 de la noche y las 6 a.m., la sirena es apagada intermitentemente por 10 minutos antes de volver a sonar de nuevo. La idea, explica Suju, es interrumpirle el ciclo de sueño de los prisioneros, en lo que constituye una forma de tortura blanca.

Estas formas de maltrato están provocando profundas secuelas psicológicas entre los prisioneros, pero el personal del DGCIM coloca a los prisioneros dentro de la “Caja de Las Muñecas” cuando quieren castigarlos realmente.

Se trata de una especie de closet que mide 60 centímetros por 60 centímetros y 170 centímetros de alto, completamente cerrado, donde el prisionero sólo puede permanecer de pie.

Carentes de ventilación, los prisioneros son obligados a permanecer allí por horas y a veces hasta días. Para hacer sus necesidades tienen un pequeño envase de plástico que deben mantener en el piso porque no tienen espacio para manipularlo.

“Hay momentos en que las personas se desmayan, y las mismas paredes los sostienen porque no se pueden agachar o no se pueden arrodillar”, dijo Suju, cuya organización ha entrevistado a varios de los prisioneros.

Algunos de los testimonios recogidos apuntan a que las personas colocadas en la Caja de Muñecas han “tenido alucinaciones, por el desespero y por falta de oxígeno.… Todos los presos políticos han pasado por allí”, dijo Suju.

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