¿Un presidente católico? Cómo ve Francisco las elecciones en EE.UU.

Elisabetta Piqué
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ROMA.- Teniendo en cuenta que el papa Francisco y Donald Trump siempre fueron visto como dos figuras totalmente antitéticas, lo lógico es pensar que si el próximo 3 de noviembre finalmente gana su rival, Joe Biden, que se convertirá en el segundo presidente católico de los Estados Unidos después de John Fitzgerald Kennedy, en el Vaticano muchos celebrarán.

Pero no es tan así. "Nunca el Vaticano estuvo totalmente contento con la política de ningún presidente de Estados Unidos... Ni con JFK, ni con Nixon, ni con Reagan, ni con Bush, ni con Obama, que caía muy bien...", confió a LA NACION un veterano prelado del Vaticano, que prefirió el anonimato. "En el Vaticano tuvieron problemas en las últimas décadas con el Partido Demócrata por la cuestión del aborto", explicó, al destacar, no obstante, que "hay muchas razones para estar más contentos con Biden, que con Trump".

Más allá del "defecto" debido a su respaldo al aborto -aunque en verdad Biden a nivel personal siempre dijo estar en desacuerdo con esta práctica, pero como legislador pensó que no podía imponer sus convicciones de fe personales sobre otras personas-, hay muchas cosas que unen al candidato demócrata con la Santa Sede, que van desde el tema de las migraciones y la justicia social, al cambio climático y el multilateralismo. Temas que son prioridad para el Vaticano.

Católico practicante, Biden se reunió con tres pontífices en diversas ocasiones: con san Juan Pablo II al menos cuatros veces, una con Benedicto XVI, papa emérito, cuando tuvo una muy larga conversación y dos veces con Francisco. Lo saludó al término de la misa solemne de inauguración de su pontificado, el 19 de marzo de 2013, en el Vaticano y durante la visita del exarzobispo de Buenos Aires a Estados Unidos, en septiembre de 2015.

Trump, que fue recibido por el Papa junto a su tercera esposa, Melania, en mayo de 2017, aunque solía definirse presbiteriano, recientemente cambió y prefirió auto catalogarse como "non- denominational christian".

En las últimas semanas de campaña Biden, que en su momento elogió la encíclica Laudato Sí sobre el cuidado de la casa común de Francisco, también habló de la reciente Fratelli Tutti, sobre fraternidad y amistad social, prometiendo aplicarla. En un Estados Unidos totalmente polarizado, la encíclica de Francisco -considerada por algunos anti-Trump porque insiste en su llamado a la inclusión de todos, especialmente refugiados y migrantes y al fin de los muros-, tuvo gran repercusión.

En su campaña, Biden dijo claramente que su administración volverá a conectar a Estados Unidos con los acuerdos de la cumbre climática de París -tirados al tacho por Trump-, intentará reformar el sistema inmigratorio actual del país que causó separación de familias, así como el de salud, para que todos, no a través de un mecanismo universal, sino público y privado, puedan tener cobertura médica.

Biden, católico practicante

De raíces católicas irlandesas Biden, que siempre lleva en el rosario en el bolsillo, siempre intento transmitir la imagen de un hombre de familia. Cuando murió su primera esposa Nelia y su hija Naomi en un accidente de auto, solía regresar todas las noches desde Washington a su casa de Delaware para darles las buenas noches y poner a dormir a sus hijos. Biden también perdió a su hijo Beau por cáncer de cerebro.

"Mi padre, que no era tan religioso como mi madre, me enseñó que el pecado más importante es el abuso de poder. Si un hombre levanta su mano contra una mujer, si se trata de abuso de poder económico sobre otra persona, o de abuso de poder en el gobierno", contó Biden, en una larga entrevista que concedió en 2015 a la revista jesuita estadounidense America Magazine. Entonces también reveló que consideraba su fe "un don", que siempre lo inspiró la doctrina social de la Iglesia, así como el mandamiento que dice 'ama a Dios y ama a tu prójimo como a tí mismo', que implica tratar a todos con dignidad.

"Crecí con la doctrina social de la Iglesia católica que me enseñó que la fe sin obras está muerta y que uno es lo que hace", dijo también.

Recientemente, Biden felicitó al arzobispo de Washington, Wilton Gregory, designado cardenal por Francisco, que se convertirá en el primer purpurado afroamericano de Estados Unidos. Un alto prelado en línea con el Papa con quien, si se confirma su elección, convivirá en Washington.

Aunque va a misa todos los domingos, debido a su postura abierta sobre el aborto hay obispos norteamericanos del ala conservadora que están convencidos que por ello no debería recibir la comunión.

Según un sondeo del instituto Pew, el 51% de los católicos estadounidenses -estimados en el 25% de los votantes- optará por Biden y el 44%, por Trump. Aunque el tema tampoco es tan simple: la misma encuesta precisó que el 63% de los votantes de Biden está más "en contra de Trump", que "a favor de Biden".

Más allá de esto, tanto en Estados Unidos como en el Vaticano se destaca la personalidad de Biden, en las antípodas con la de Trump, como un factor fundamental.

"La historia de Biden es una de fe y familia, puesta a prueba por la tragedia", subrayó John Carr, al frente de un instituto sobre Pensamiento Social Católico en la Vida Pública en la Georgetown University. "No lo conozco a Donald Trump personalmente. Pero después de cuatro años de verlo en el cargo, parece solo concentrado en sí mismo, no tiene empatía y no acepta responsabilidades", agregó.

John Kenneth White, del National Catholic Reporter, resumió el tema hablando directamente de una cuestión de ética que es finalmente lo que importa en el Vaticano. "La candidatura de Biden habla de la necesidad de una limpieza moral y esa purificación empieza con el mandamiento 'amarse unos a otros'".