La nueva presidenta del MDC y el vínculo especial que tiene con su padre, de 84 años

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Una tarde reciente, mientras se prepara para salir de su oficina en el Wolfson Campus tras una larga jornada de trabajo y asistir a un cóctel, Madeline Pumariega llama por teléfono a su padre.

“¿Ya tú estás saliendo del banco?”, le pregunta, mirando la hora –alrededor de las 6 p.m.– en su reloj.

Su padre, de 84 años, sigue conduciendo desde su casa en West Kendall hasta su trabajo como vicepresidente ejecutivo de banca de empresas en Iberia Bank. “Pronto, ¿por qué?”, responde.

Deja caer una invitación improvisada a la inauguración de una exposición en HistoryMiami Museum, un evento que honrará su primer año como presidenta de Miami Dade College (MDC), antes de su ceremonia de investidura prevista para el viernes 10 de diciembre en Arsht Center. “Hay un evento”, dice, “¿quieres venir? Te enviaré la dirección”.

Madeline Pumariega, la primera mujer presidenta en dirigir Miami Dade College, habla en HistoryMiami Museum mientras se inaugura una nueva exposición acerca de Miami Dade College (MDC).
Madeline Pumariega, la primera mujer presidenta en dirigir Miami Dade College, habla en HistoryMiami Museum mientras se inaugura una nueva exposición acerca de Miami Dade College (MDC).

Una charla con su padre, Miguel Pumariega, siempre se incorpora en el atestado día de Pumariega. Cerca del atardecer, él la llama o ella lo llama a él para concretar una reunión, que a menudo sucede en una cena. Sus apretadas agendas les permiten hacerlo al menos una o dos veces por semana.

Miguel prefiere Primo’s, un restaurante italiano dentro de un hotel en downtown Miami, cerca de la oficina de su hija, pero no es quisquilloso al respecto. Suele entregar las llaves de su coche a su hija: “Tú manejas”, le dice.

“Ella conoce todos los sitios nuevos”, dice Miguel, encogiéndose de hombros. Ella le devuelve la sonrisa.

Su estrecha relación ha moldeado a Pumariega, de 54 años, que ahora dirige la universidad más grande de la Florida y una de las más grandes del país. Su madre, una ex profesora, falleció a finales del año pasado, por lo que aprecia el tiempo que le queda con su padre, mientras piensa que su madre está “mirando desde otro asiento de la casa”.

Los padres de Pumariega le inculcaron la familia y la fe como principios fundacionales y rectores de su vida, incluso después de que se separaran cuando ella era una niña.

‘Dios es la razón’

Su madre era una de ocho hijos, así que Pumariega, además de sus hermanos, creció rodeada de primos cercanos en edad, a quienes ve –y a los hijos de estos– con regularidad.

“Si no estoy en la universidad, estoy con la familia”, dice. “Eso es muy importante para mí”.

Pasa la mayor parte de su tiempo libre durante los fines de semana con su hija, Alyssa, de 17 años, que cursa el último año de secundaria en la Florida State High School de Tallahassee. Pumariega y el padre de Alyssa se separaron; él vive ahora en Argentina. Antes de que Pumariega ocupara el puesto en MDC, fue rectora del Tallahassee Community College y rectora del Florida College System de Tallahassee.

“Es el papel más importante que voy a desempeñar en mi vida: ser la madre de Alyssa”, dice. “Y la mayor contribución que haré al mundo es Alyssa, porque ella es increíble”.

El entorno familiar, así como su educación católica, mostraron a Pumariega el valor de animar a que los demás lograran cosas. Cuando era más joven, no soñaba con seguir una carrera específica, aunque en un momento dado pensó en trabajar en las fuerzas policiales, porque podía salvar a la gente, y en otro momento se preguntó si debería seguir los pasos de su madre y dar clases.

“Era más bien el deseo de marcar siempre la diferencia, como si, hiciera lo que hiciera, quisiera ayudar a la gente”, dice.

Madeline Pumariega en Wolfson Campus en Miami Dade College. Es la quinta presidenta del colegio y la primera mujer que lo preside.
Madeline Pumariega en Wolfson Campus en Miami Dade College. Es la quinta presidenta del colegio y la primera mujer que lo preside.

No acabó trabajando dentro de un aula exactamente, pero en sus más de 30 años de carrera en la educación se ha acercado a muchas aulas.

“La gente me pregunta: ‘¿Cómo llegó a ser presidenta de Miami Dade College? Y yo digo: por la gracia de Dios”, dice. “Dios es la razón”.

Probablemente aprendió la espontaneidad que brilló en su invitación de última hora a su padre para el evento en HistoryMiami cuando era niña y adolescente en Hialeah, donde sus parientes solían pasar a visitar a su madre o viceversa.

“Mi madre simplemente sacaba pastel y café y jugábamos dominó”, dijo Pumariega. “Nos subíamos al coche e íbamos a visitar a mi tía, sin avisarle”, recuerda.

‘Yo te apoyo’

Nacido en Pedro Betancourt, en la provincia cubana de Matanzas, Miguel Pumariega salió de la isla el 29 de diciembre de 1961, gracias a su padre, que se había ido antes. Él y Aleyda, su esposa y la madre de Pumariega, se mudaron juntos a Nueva York durante unos años y luego a una casa en East Hialeah.

El parto de su hijo mayor duró casi 24 horas. Así que, cuando llegó Pumariega, su segundo hijo, Miguel se sentó en la sala de espera del South Miami Hospital y se preparó para la tardanza. Para su sorpresa, una hora más tarde, cuando se acercó a ver al médico, se dio cuenta de que su hija ya había nacido.

“¿Dónde has estado?” recuerda Miguel que le preguntó el médico, riéndose.

Su rápida llegada al mundo presagiaba su capacidad de determinación más adelante. Miguel dice que su hija, ferozmente ambiciosa, siempre se ha establecido y conseguido objetivos.

Madeline Pumariega, presidenta de Miami Dade College, y su padre, Miguel Pumariega, de 84 años, caminan hacia su oficina en el Wolfson Campus en downtown Miami, Florida, el martes 30 de noviembre de 2021.
Madeline Pumariega, presidenta de Miami Dade College, y su padre, Miguel Pumariega, de 84 años, caminan hacia su oficina en el Wolfson Campus en downtown Miami, Florida, el martes 30 de noviembre de 2021.

“Estoy muy orgulloso de Madeline, no solo por sus logros sino también por el tipo de persona que es”, dice Miguel. “Le gusta ayudar a la gente. Tiene un corazón enorme”.

Pumariega se inclinó por los deportes desde el principio, probablemente por su naturaleza competitiva, dice. En la escuela, jugaba softball y baloncesto y además nadaba. En casa, jugaba baloncesto contra su padre, quien mide seis pies.

“Nunca le di la oportunidad de ganar”, dice. “Le decía: ‘Me ganarás cuando puedas vencerme’. Pero entonces ella creció y las cosas cambiaron. Empezó a ganarme”.

Con unos 16 años, Madeline se acercó a su padre y le anunció que quería trabajar en el banco con él. La ayudó a entrar. “Yo te apoyo”, le dijo.

Unos años más tarde, ella le dijo que quería dejar ese empleo porque quería centrarse a tiempo completo en su educación. “Yo te apoyo”, le dijo de nuevo.

El otoño pasado, cuando le dijo a su padre que se postularía al puesto de presidenta de la universidad, después de haber trabajado allí durante más de dos décadas, Miguel volvió a recitar las palabras clave: “Yo te apoyo”.

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