¿Una presidenta en Italia? El “cónclave” secreto que podría ser histórico

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Marta Cartabia, uno de los nombres que suena como posible presidenta de Italia (Photo by Massimo Di Vita/Archivio Massimo Di Vita/Mondadori Portfolio via Getty Images)
Mondadori Portfolio

ROMA.– En medio de una cuarta ola que volvió a crear alerta y caos –explosión de contagios, cuarentenas y reglas tan intrincadas como una jungla– la cuenta regresiva para la elección del nuevo presidente, el cargo institucional más alto del país, comenzó en Italia. El 3 de febrero vence el mandato de siete años de Sergio Mattarella y el 24 de enero, a las 15, comenzará el ritual solemne por el cual 1008 grandes electores –los senadores y diputados del Parlamento, más delegados regionales – elegirán a su sucesor.

El clima es efervescente, porque habría que tener una bola de cristal para saber qué pasará y la gran pregunta es si, después de 12 presidentes hombres desde 1946, no ha llegado la hora de una mujer en el Palacio del Quirinale (sede de la presidencia).

Para Italia resultaría una novedad histórica. Y se trata de un tema objeto de gran debate en estos días de frenéticas negociaciones, la mayoría sottovoce, en vista del “día D”. Si bien hay más nombres de varones en danza, como el del expremier, Silvio Berlusconi, que, a los 85 años, desde hace meses está haciendo campaña con ese objetivo –algo no imposible, para espanto de muchos–, el del actual primer ministro, Mario Draghi, uno de los grandes favoritos, e incluso el de Mattarella, que podría ser reelecto pese a que varias veces dejó claro que no quería un segundo mandato, también hay posibles candidatas mujeres.

Entre ellas, en primer lugar Marta Cartabia, famosa jurista que en diciembre de 2019 se convirtió en la primera mujer presidenta de la Corte Constitucional y actual ministra de Justicia del gobierno Draghi, de 58 años. Aunque también suena Paola Severino, abogada de renombre, vicerrectora de una universidad de esta capital y exministra de Justicia de Mario Monti, de 73 años; y de Letizia Moratti, exalcaldesa de Milán y exministra de Educación, de 72 años.

El suspenso es enorme no solo porque el Parlamento está fragmentado y al momento no ha habido ningún acuerdo sobre ninguna figura –ni masculina, ni femenina–, sino, sobre todo, porque como la elección del presidente es secreta, suelen compararla a la de un cónclave para elegir pontífice, donde todo es posible. Y el famoso dicho que indica que, en esa elección, la más secreta del mundo, “quien entra papa sale cardenal”, también vale en este caso. En anteriores ocasiones, candidatos a presidentes que parecían “cantados”, como en una oportunidad lo fue el expremier, Romano Prodi, terminaron siendo derrotados por “tapados”, como fue Mattarella en su momento.

El presidente de Italia, Sergio Mattarella. Álex Zea - Europa Press
El presidente de Italia, Sergio Mattarella. Álex Zea - Europa Press


El presidente de Italia, Sergio Mattarella. Álex Zea - Europa Press

“También para esta elección va a ser necesario el Espíritu Santo”, dijo a LA NACION, medio en broma, medio en serio, un referente político italiano que prefirió el anonimato, que admitió que las negociaciones entre los partidos para acordar un candidato/a en común aún están en altamar y que todo es posible en la votación de fin de mes. Se trata de una elección crucial para Italia, donde rige un sistema parlamentario en el cual el jefe de Estado tiene un rol institucional clave a la hora de las endémicas crisis políticas.

Para ser electo, el nuevo presidente o presidenta, necesita una mayoría de dos tercios en las primeras tres votaciones y, a partir de la cuarta, una mayoría simple. En las últimas semanas de incertidumbre varios líderes políticos, como el ex primer ministro, Giuseppe Conte, líder del Movimiento Cinco Estrellas (M5E), dijeron que había llegado el momento de votar a una mujer. Y hace unos días un grupo de intelectuales mujeres lideradas por la famosa escritora Dacia Maraini, en una carta abierta a parlamentarios, lanzó un llamamiento en esa dirección. “Queremos decirlo claramente: llegó el tiempo de elegir a una mujer, creemos que ha llegado el momento de hacer concreta esa idea de paridad de género, tan compartida y alentada por las fuerzas más democráticas y progresistas de nuestro país”, escribieron. “Se habla de democracia de géneros, pero desde este punto de vista Italia es una democracia ampliamente incumplida, sobre todo con respecto a países como Alemania, el Reino Unido, Austria, Bélgica, Dinamarca, Islandia, Noruega y Finlandia. Sabemos que en Italia hay mujeres que por títulos, méritos, experiencia y equilibrio pueden representar perfectamente a la nación entera, al máximo nivel. Nos dirigimos a ustedes para que hagan un clic. La elección de una mujer para la presidencia de la República será nuestra y vuestra fuerza”.

Conversaciones

En la última elección presidencial, en 2015, la mujer más votada fue la exdiputada Luciana Castellina, que obtuvo 37 preferencias en el primer escrutinio. En los últimos meses de conversaciones de cara a la votación, también surgió el nombre de otra mujer respetada y admirada como candidata al sillón presidencial: Liliana Segre, sobreviviente del Holocausto y senadora vitalicia, que enseguida hizo saber que, a sus 91 años, tenía otros planes.

Fiel reflejo del clima que reina en Italia, hasta la cantante Gianna Nannini, ícono del rock italiano y famosa en todo el mundo por “Notti magiche”, la canción del mundial de Italia de 1990, con un video en Instagram se proclamó oficialmente candidata a la presidencia.

Pero Natalia Aspesi, veterana periodista de La Repubblica y una de las plumas más mordaces del país, se salió del coro. En un editorial titulado “¿Una mujer presidenta? No, gracias”, se mostró totalmente contraria a esta hipótesis. “Es claro que, si se dirigen ahora a las mujeres para que desenreden la madeja, o mejor, asuman ellas la responsabilidad casi suicida de mantener unido un país fuera de sí, aún prisionero de la pandemia y sin visión de futuro, es porque nadie quiere quedar pegado a semejante fracaso”, escribió.

“El mundo está lleno de mujeres jefas de Estado que se las arreglan perfecto, pero no sé por qué, como italiana, pienso que es mejor tener paciencia, dejar resolver lo peor por los hombres que lo han creado y, como mujeres, esperar tiempos más serenos. Antes o después, sucederá”, explicó Aspesi.

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