Por una presidencia latinoamericana del BID

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Claver-Carone, bajo investigación, podría perder su puesto en el BID
Claver-Carone, bajo investigación, podría perder su puesto en el BID

En agosto de 2020 en una opinión publicada por LA NACION señalé que había un conjunto de “razones prácticas que justifican la postergación para el primer trimestre de 2021″ la elección de un nuevo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. Destaqué entonces que “el BID debe ser pensado como un puente entre lo internacional y lo continental. La región no necesita un banco anti-chino, sino uno pro-latinoamericano y caribeño en el marco de una relación interamericana que evite más tensiones y nuevas frustraciones.” En breve, la postergación no se trataba de “una alternativa ideológica sino de una vía pragmática” en un momento muy complejo en Estados Unidos y América Latina derivado de los dramáticos estragos iniciales de la pandemia.

Por supuesto, el proceso de elección siguió adelante pues la correlación de fuerzas en la Américas sugería que el candidato de Estados Unidos, Mauricio Claver-Carone, tenía asegurada una cómoda victoria. Un mes después, en una opinión publicada en Nueva Sociedad en 2020 escribí: “El 12 de septiembre, Claver-Carone, el único candidato en competencia, resultó electo (presidente del Banco Interamericano de Desarrollo) con 30 votos (equivalente al 66,8% de los apoyos), mientras la abstención obtuvo 16 votos; 5 de ellos de la región (Chile, Argentina, México, Perú y Trinidad y Tobago) y 11 extra-regionales (esencialmente europeos). La más reciente votación con un solo candidato fue la reelección de Luis Alberto Moreno en 2015: obtuvo el 96.2% de los respaldos. El resultado que lleva a un estadounidense a la presidencia del BID puede interpretarse como una prueba de insatisfacción política o como la demostración de un déficit de legitimidad de origen”.

A exactamente dos años de esa elección facilitada por la fragmentación intra-latinoamericana y resultante de la elocuente presión de entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a ese déficit de legitimidad de origen se suma uno de gestión institucional. En abril de 2022 se conoció la inquietud de los directores del banco acerca de denuncias contra Claver-Carone por una supuesta relación íntima con una empleada, en virtud del presunto mal uso de fondos, y en razón del hipotético abuso de poder por el despido de personal debido a conflictos personales. Por entonces el Departamento de Tesoro no hizo comentarios al respecto, mientras los legisladores demócratas también mantuvieron silencio a pesar de que se habían opuesto en 2020 a la nominación de Claver-Carone a la presidencia del banco.

En ese contexto, el BID contrató a la firma de abogados de Davis Polk para investigar dichas acusaciones. Todo indica, según la información disponible hasta el momento, que la pesquisa comprobó lo denunciado. De corroborarse finalmente lo anterior correspondería la renuncia o la destitución. Habrá que ver cómo procede el gobierno de Estados Unidos ante una situación delicada que involucra a un nacional. Cabe recordar que el 4 de febrero de 2021 de acuerdo a un memorándum de la Casa Blanca la administración del presidente Joe Biden se comprometió a “los más altos estándares en transparencia”. Si hay un ejemplo en el que la transparencia está en juego es éste. Washington dará, al final del día, la pauta de cómo seguirá el manejo de este asunto: una cosa es que se incline por salvar a Claver-Carone y otra por no hacerlo.

En el caso eventual de que las evidencias sean confirmadas y la decisión institucional conduzca a la salida de Mauricio Claver-Carone, sugiero: 1) que los gobiernos latinoamericanos inicien de inmediato un diálogo para alcanzar, ahora sí, una candidatura de consenso para remplazar a Claver-Carone; 2) que dicha candidatura recaiga en una mujer con credenciales reconocidas, una agenda de modernización efectiva del banco y una particular sensibilidad hacia las cuestiones sociales y ambientales; 3) que a partir de ello se inicie un diálogo político con la administración estadounidense con el principal propósito de recapitalizar al BID ante las notables urgencias generadas por la pandemia y sus secuelas, así como por los graves efectos regionales de la guerra lanzada por Rusia en Ucrania.

Es hora de que el Banco Interamericano de Desarrollo vuelva a manos latinoamericanas; es hora de que la presidencia esté en manos de una mujer de la región.

El autor es vicerrector de la Universidad Torcuato Di Tella