Bajo presión: las sanciones empujan a Maduro a aplicar un modelo económico chino

Daniel Lozano

Terminaba 2018 cuando un enviado del gobierno chino dejó boquiabiertos a los venezolanos. El militar Wilmar Castro, entonces ministro de Producción Agrícola, preguntó a su invitado cómo podían endurecer, aún más, sus controles contra la economía privada local. Inmutable, el experto chino aseguró que "el gobierno no puede hacer un buen control directo, puede implementar un sistema de incentivos; algunas empresas buenas que tanto necesitamos pueden desarrollarse con más rapidez".

La televisión chavista ni siquiera informó sobre el nombre del visionario, pero desde aquel momento comenzó a barruntarse el giro económico que venía. El debate se reabrió ahora de par en par tras las últimas sanciones de la Casa Blanca contra una subsidiaria de la petrolera estatal rusa Rosneft.

Desde que en 2018 comenzaron las primeras sanciones de Estados Unidos, expertos y economistas han discutido sobre la profundidad de sus perjuicios mientras el chavismo aprovechaba para encajar en su propaganda el "bloqueo imperial" como principal justificación de su desastroso ejercicio económico. Bastaba con pedir consejo a La Habana y taparse los ojos ante la proliferación de los alimentos llegados desde Miami.

La apertura de los llamados "bodegones", con productos importados directamente por los empresarios (algo imposible bajo el régimen del control de cambio), es una de las principales consecuencias de las reformas liberalizadoras de los últimos meses, al estilo chino, que han abierto nuevas ventanas a la asfixiada economía revolucionaria. Como si el presidente NicolásMaduro quisiera buscar su salvación copiando el manual grueso de las recetas económica y financiera de la China comunista. Todo ello con la presencia en Caracas de asesores chinos, rusos y ecuatorianos, que han sustituido a los más ortodoxos, cercanos al partido español Podemos.

Basta con acudir a las estadísticas para arrojar luz frente a la propaganda. La economía venezolana comenzó a contraerse en 2014 y desde entonces no dejó de hacerlo, para restar ya al menos dos tercios de su PBI. En 2016, la inflación ya superó el 100% anual y en noviembre del año siguiente comenzó la hiperinflación, mes en el que los precios superaron el 50%. Las primeras sanciones personales no llegaron hasta 2017, con un PBI que ya sumaba 20 puntos de caída, y las más fuertes al petróleo son del año pasado. Ya entonces, la escasez brutal de alimentos y medicinas provocaba las primeras olas migratorias.

"Achacar la crisis a las sanciones no tiene ningún sentido. La culpa es de un modelo disfuncional basado en el precio petrolero a 120 dólares por barril. El petróleo cayó y previamente se impusieron las grandes estatizaciones. Por eso ahora no hay aparato productivo. Los salarios ya estaban cayendo", resume el diputado exiliado José Guerra, ministro de Economía en la sombra de la oposición y un gurú que hace 15 años adelantó la actual debacle económica venezolana.

¿Hasta qué punto han influido entonces las sanciones para que Maduro se decidiera a principios de 2019 a descomprimir los controles económicos para apostar por la terapia del mercado libre?

"Es lógico que la presión internacional realizada contra el gobierno haya provocado la luz verde para la apertura. Como las instituciones del Estado están sancionadas, hay que mover la economía a través del sector privado, que tiene mejor manera de lidiar con la situación porque no están sancionados. Te arrincono y busco una salida. También la complejidad de la situación económica los obligaba a hacerlo. Las sanciones no son la única razón, pero sí han colaborado como la precariedad y la presión social. No es el único motivo, pero colabora a mi entender", señaló a LA NACION Henkel García, director de Econométrica.

La producción petrolera, en manos de los militares los dos últimos años, perdía eficacia día a día, mucho más desde que hace casi un año el colapso eléctrico multiplicó sus falencias. "El mayor descalabro fue previo a las sanciones contra Pdvsa. Afecta sí, pero desde hace tiempo el gobierno no liquida divisas oficiales al sector privado, lo que supone una caída de ingresos petroleros que afecta a las importaciones públicas no petroleras del gobierno", añade García.

Impacto

En el caprichoso puzzle en el que se había convertido la economía revolucionaria, las piezas desencajaban, incluso desaparecían a toda velocidad. "El mayor impacto de las sanciones fue contra las importaciones públicas no petroleras, que es donde el chavismo hacía los grandes negocios. Las sanciones entonces estarían logrando parte de sus objetivos, que son limitar la fuente de ingresos de corrupción del chavismo", sostiene el director de Econométrica.

En los 21 años de revolución se habrían desfalcado la astronómica cifra de entre 400.000 y 700.000 millones de dólares, según los dos vicepresidentes económicos de la era Chávez y de acuerdo con las investigaciones del Parlamento.

El economista Omar Zambrano va aún más allá al sostener que el frenazo a las sanciones tampoco significaría un alivio para el pueblo. Entre 2015 y 2018, en la frontera de la sanciones, la revolución apostó por la "voracidad, la corrupción y la distribución para solidificar su base partidista", precisa.

"Puestos a elegir entre aliviar la crisis y los objetivos privados y partidistas, la elite revolucionaria eligió lo segundo. Se trata de la misma elite, ¿por qué sería distinto ahora?", sentencia Zambrano.