Prepárense, será una campaña de alto voltaje

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, a las puertas de Moncloa
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, a las puertas de Moncloa

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, a las puertas de Moncloa

Comienza el gran año electoral. Elecciones autonómicas y locales en mayo que darán paso a las generales, previsiblemente a finales de 2023. Y hasta las citas con las urnas un periodo de larga campaña que se prevé de alto voltaje a tenor de los mensajes que Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo se cruzaron en sus comparecencias de balance. Descontando el CIS, de las últimas encuestas se desprende que el PP va en cabeza, pero también que el PSOE ha ido recortando progresivamente distancias. “Hay batalla”, como suelen decir en Moncloa, y se prevé durísima. 

Los bloques están perfectamente delimitados, como quedó constatado en las últimas votaciones en el Congreso de los Diputados. Sánchez sufre para sacar adelante sus iniciativas pero, al final, siempre tiene a su lado al PNV, ERC y Bildu además de a su socio de Gobierno, Unidas Podemos. En el otro extremo, el PP suele compartir con Vox y Ciudadanos su negativa a los planes del Ejecutivo. Y mucho tienen que cambiar las cosas para que socialistas y populares no necesiten de estas formaciones para alcanzar la Moncloa, según todas las encuestas, con el añadido de que el partido naranja está en vías de extinguirse. 

No hay comicios más o menos relevantes. De hecho, tanto en Moncloa como en Génova admiten que las elecciones autonómicas y locales influirán en las generales provocando una percepción de fin de ciclo, si el PP se impone, o de continuidad, si al final el PSOE resiste. “Son un plebiscito”, como suele repetir Feijóo sin que Sánchez le desmienta. Así lo resumen un veterano diputado popular: “Si el PP se acerca o gana por mayoría absoluta en Madrid y logra arrebatar uno de sus bastiones al PSOE, sea la Comunidad Valenciana o Extremadura, Feijóo tendrá un pie en Moncloa (…) Pero como al final no haya un mapa azul generalizado, la cosa podrá ponerse difícil”.

Oficialmente, reina el optimismo en los entornos de Sánchez y Feijóo. Pero, en privado, sí se palpa inquietud en un contexto de enorme volatilidad, momentos políticos inéditos y una grave crisis institucional. Lo que no quieren, o al menos así lo trasladan públicamente, es que se reedite la bronca en las Cortes del último mes, con gruesas descalificaciones y acusaciones mutuas de golpismo y falta de democracia. “El toque de atención de la calle ha sido evidente”, reconocen en el Gobierno. Pero, a partir de ahí, nadie discute que será una campaña dura, tensa, en la que se peleará por cada voto.

En Moncloa creen que la economía será clave para afianzar su labor gubernamental. “Ahora el PP no quiere hablar de economía porque nuestras medidas funcionan”, vino a decir Sánchez en la tradicional copa de Navidad con periodistas. Tal y como avanzó el Huff Post, los planes del Ejecutivo pasan por trabajar en el escudo social, fortalecer su imagen internacional e ir pasando página de las polémicas que le han golpeado en las últimas semanas. Incluso pretende alejarse de ERC -“No habrá referéndum en Cataluña”, insisten- a fin de recuperar al socialista descontento por la reforma de los delitos de sedición y malversación. 

No están tan convencidos de los cálculos del Gobierno los barones socialistas, que han diseñado un cortafuegos para tratar de distanciarse de Sánchez y poner el foco en su propia gestión. “Claro que nos pasan factura sus regalos a los independentistas”, como han denunciando Emiliano García Page y Javier Lambán. En Génova deslizan que tienen opciones de hacerse con prácticamente todos los territorios gobernados por el PSOE. A saber, Aragón, Castilla-La Mancha, Islas Baleares, Extremadura o Comunidad Valenciana. Pero, ¿y si finalmente no se produce esa ola de cambio político? “Se constataría que el efecto Feijóo se ha desinflado”, como enfatizan en Moncloa.

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Los de mayo también serán unos comicios para testar la salud de las alianzas. Y en este punto los focos apuntan especialmente al PP, toda vez se da por descontado que el PSOE reeditaría sus acuerdos con Unidas Podemos. Salvo en Madrid, ninguna encuesta le da opciones de lograr mayoría absoluta en aquellos territorios que quiere arrebatar al PP. Esto es, necesitará de la ayuda de Vox. Así lo trasladan en privado los barones populares, aunque la máxima sea gobernar en solitario. “Entre lo ocurrido en Andalucía y en Castilla y León hay un punto intermedio. Habrá que negociar y pactar”, en palabras de unos de los protagonistas, dando por hecho el entendimiento. “Si hay opciones de gobernar, se gobernará”. Extremo que definirá también la relación con Vox de Feijóo, que siempre ha dicho que no querría incluir a ministros de esta formación en su hipotético gobierno. 

Para el líder de la oposición, el de Sánchez es un Gobierno acabado, que ha erosionado las instituciones como ningún otro y que vende humo en materia económica. Según el presidente, el PP es un partido que no aporta soluciones y que ha vendido la piel del oso antes de cazarlo, en alusión a los comicios que están de llegar. Tras la tregua navideña, empezará ahora sí que sí la cuenta atrás para las elecciones.

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