Los mexicanos prefieren una casa a un departamento (y por qué esto no es una buena noticia)

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Photo Taken In Monterrey, Mexico
El estado de Nuevo León, cuya capital es Monterrey, fue en el que más viviendas se construyeron entre 2013 y 2022 en México, según el Registro Único de Vivienda, con 334.563 unidades.

Por más que el mismo Gobierno mexicano y las autoridades locales han tratado en los últimos años, a través de políticas públicas como el Programa Nacional de Vivienda 2014-2018, de impulsar la construcción de edificios verticales de departamentos para propiciar más oferta de vivienda, un crecimiento más ordenado de las ciudades, mejorar la calidad de vida de sus habitantes y evitar la expansión de los centros urbanos, sus ciudadanos y los constructores siguen privilegiando las casas para habitarlas y desarrollarlas.

Aunque los registros del Registro Único de Vivienda (RUV) señalan que ha habido un aumento de la verticalidad en la última década, el aumento es bajo para el efecto que se esperaba de las políticas públicas implementadas a escala local y nacional, de acuerdo con expertos.

El RUV indica que en 2013, 56.120 de las 248.696 viviendas que se construyeron en el país ese año eran verticales, es decir el 22,57 %. Nueve años más tarde, en 2022, ese porcentaje ha subido al 25,66 % (17.158 de 66.859 viviendas construidas hasta junio).

En total, entre 2013 y junio de 2022 se edificaron en México 2.090.698 viviendas, de las cuales 531.744 eran verticales (el 25,43 %), siendo el estado de Nuevo León el que más aportó, con 334.563 unidades.

¿Por qué prefieren las casas a los departamentos?

José Ómar Hernández, docente del área de Investigación y Análisis del Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey, afirma que una de las razones por las cuales los mexicanos, y los constructores, siguen optando por las casas en vez de los departamentos es que "el 70 % de las viviendas en el país están en localidades de 500.000 o menos habitantes, es decir, en lugares donde la distancia a los sitios donde realizan sus actividades cotidianas (trabajo, escuela, centros de salud, etc.) aún no es lo suficientemente grande para que prefieran vivir en un departamento".

Vista de Ciudad de México (Foto:Getty)
Vista de Ciudad de México (Foto:Getty)

A los mexicanos les gusta vivir en casa, enfatiza Hernández, y no es algo de ahora: ha sido así por muchos años. Un factor que incidió en ello, dice, fue que en la década de los noventa y a principios del presente siglo las autoridades de Gobierno desarrollaron políticas que dieron facilidades para acceder a créditos de vivienda, y en los proyectos destinados para ello se fomentó la construcción de unidades habitacionales basadas en casas, no en edificios.

"Con este auge de la vivienda en México por fraccionamientos, se normalizó y se idealizó la compra de casas en las afueras de las ciudades, pues en la mayoría de las localidades no estaban tan lejos de los centros urbanos", apunta el docente, quien agrega que los recursos que se les otorgaban a la mayoría de los trabajadores no les alcanzaban para comprar una casa en las zonas céntricas de las ciudades, y ante tanta oferta de casas, no había incentivos para desarrollar edificaciones verticales.

Hoy, apunta Hernández, incluso en ciudades grandes como Monterrey este fenómeno es evidente, si bien en la Ciudad de México la situación ha cambiado, y cita estudios de la Fundación Centro de Investigación y Documentación de la Casa, A.C. (CIDOC) que mencionan que los jóvenes considerados como milenials prefieren vivir en las zonas céntricas y no les importa habitar una casa grande o propia.

El experto comparte otros factores que inciden en que la vivienda vertical no se haya masificado en México, entre ellas el interés de los desarrolladores inmobiliarios, a quienes les resulta rentable continuar con el modelo de construcción de fraccionamientos o unidades habitacionales de muchas casas a las afueras de las ciudades, "ya que ellos durante años han comprado terrenos lejanos y están esperando que el desarrollo llegue hasta ellos, si se desarrollan ahora puros edificios en zonas céntricas, entonces sus terrenos lejanos dejarían de tener valor económico".

Lo mismo, añade, ocurre con los ayuntamientos a las afueras de las grandes urbes, que prefieren que el desarrollo llegue hasta ellos, en lugar de que se concentre en los municipios centrales.

"Por ejemplo, en el caso de la Ciudad de México, los municipios de Huixquilucan y Tlalnepantla se vieron beneficiados de la política de construcción de vivienda horizontal, pues atrajeron a toda la población que ya no pudo encontrar vivienda en las alcaldías centrales de la Ciudad de México; lo mismo está sucediendo con el municipio de García, en el estado de Nuevo León, que está experimentando un gran desarrollo por todos los habitantes que son expulsados de los municipios centrales de Monterrey y ahora tienen que comprar vivienda en ese municipio, antes lejano".

La vivienda vertical como camino hacia la construcción sostenible

El fomento de la vivienda vertical también tiene una razón desde el criterio de sostenibilidad. De acuerdo con el Comisión Nacional de Vivienda (Conavi), citada como fuente por el diario El Economista, las viviendas de tipo vertical registran hasta 20 % menos de emisiones de dióxido de carbono (Co2).

La entidad, en el documento Libro blanco del Programa de Mecanismo de Desarrollo Limpio, publicado en 2012, ya insinuaba la necesidad de promover la verticalidad como un modelo de desarrollo constructivo sustentable para combatir el cambio climático, y la justificaba en el hecho de que por cada vivienda sustentable se logran una mitigación de entre una tonelada y una tonelada y media de Co2.

Por otra parte, de acuerdo con el Programa Nacional de Vivienda 2021-2024, un modelo de desarrollo de vivienda expansivo, horizontal y de bajo costo no permite asegurar la calidad de la vivienda y una ubicación próxima a los servicios urbanos y centros de trabajo, y deja de lado "a casi cualquier política pública de gran escala dirigida a las necesidades de poblaciones con mayor marginación social y rezago".

Además, según la constructora Saint Gobain, las viviendas verticales tienen impactos directos en algunos de los factores constructivos que más amenazan al medio ambiente, como la expansión urbanística, la densificación de las ciudades, la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero producto de la reducción en los desplazamientos de sus habitantes y el consumo de combustible, más eficiencia en el gasto de recursos como agua, energía, entre otros.

¿Crecerá la oferta de vivienda vertical en México? El tiempo y, sobre todo, las condiciones ambientales, podrían tener una respuesta en el futuro.

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