Las precauciones imprescindibles ante una ola de calor

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Ante la canícula que sufren actualmente países como España o Francia, es imprescindible tomar ciertas precauciones. Estos son los síntomas y las medidas necesarias.

El efecto inmediato del calor en el organismo humano

En cuanto empieza a subir el termómetro, el cuerpo reacciona para mantener su temperatura media de forma estable, en torno a los 37ºC, como si fuera un termostato.

Esos mecanismo de regulación térmica implican el aumento de la circulación sanguínea a nivel de la piel y la dilatación de los poros capilares, lo que a su vez provoca la transpiración.

La vasodilatación permite esa evacuación de la calor a la superficie del cuerpo, mediante el sudor.

Diferentes riesgos para la salud

Los mecanismos de regulación térmica pueden ser insuficientes, lo que provoca cansancio, dolor de cabeza, fiebre o problemas para conciliar el sueño.

Esos síntomas son a veces avisos de accidentes graves como la deshidratación, es decir, una disminución excesiva del agua en el cuerpo, o una insolación (exposición excesivamente prolongada a la luz solar).

Una insolación excesiva, en la que la temperatura del cuerpo supera los 40ºC, puede conducir a la muerte.

Niños y ancianos, los más vulnerables

Los niños, en especial los que tienen menos de cinco años, así como los ancianos, en particular los que sufren patologías graves, son las dos franjas de población más vulnerables.

El número de glándulas sudoríparas disminuye con la edad. Para los ancianos, una oleada de calor (diurna o nocturna) significa que esas glándulas son estimuladas de forma permanente. Al cabo de unos días, esas glándulas "se agotan" y cae la producción de sudor.

La temperatura corporal central aumenta progresivamente, a causa de la reducción de la capacidad de termólisis mediante evaporación. La energía que solicita el cuerpo ante esa situación de emergencia puede superar la capacidad del anciano.

El impacto del trabajo o el modo de vida

Algunas personas son también más vulnerables a causa de sus condiciones de vida.

Vivir en una ciudad, sobre todo en una casa mal aislada, o en una zona de gran densidad urbana, sin jardines o lugares con sombra, aumenta los riesgos.

La canícula conlleva a menudo un aumento de la contaminación atmosférica.

Las personas que ejercen trabajos en exterior (construcción, limpieza, deportistas...) sufren más el calor, a causa del esfuerzo físico.

La canícula también afecta a las personas sin domicilio o a las que viven aisladas, en particular las que carecen de climatización.

Algunos medicamentos aumentan los riesgos de deshidratación, como los diuréticos.

Las medidas esenciales

Hidratarse y permanecer a la sombra o en un lugar fresco.

No hay que esperar a tener sed para beber. Si es necesario, tomar una ducha fría, o mojarse la cabeza u otras partes del cuerpo.

Las autoridades sanitarias también recomiendan evitar las salidas en el momento de mayor calor, mantener el domicilio lo más fresco posible, o desplazarse a un lugar que tenga acceso a aire acondicionado (supermercado, cine, biblioteca pública, museo).

Cuando llegue una oleada de calor hay que mantener contacto con la familia, y no dudar en solicitar ayuda.

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