El Prado, la mejor pinacoteca del mundo

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Hay importantísimos museos en todo el mundo que adoran la idea de tener, por ejemplo, aunque fuera un Tiziano, otros sueñan con un Rubens, o, aunque fuera un Bosco. Algunos darían lo que no tienen por tener un Velázquez, y ni que decir los que rastrean a diestra y siniestra para empatarse con un Goya. Pues bien, el museo de El Prado en Madrid es el museo con más Boscos (6), maravillosos; Tizianos (unos 50) demoledores; Velázquez (unos 50), ; Rubens (cerca de 100), magníficos y de diferentes etapas; y Goyas (cerca de 200). El repertorio de Goya es francamente impresionante, abarcando, entre otras, las pinturas negras y las Majas, vestida y desnuda. Por si fuera poco, de los 21 originales que hay en el mundo certificados de Patinir, considerado el inventor del paisaje, El Prado posee 4. Consciente de que atesoran este patrimonio inconmensurable del arte y la cultura universal, asume esta responsabilidad y abre 362 días al año de lunes a sábado 10 horas (de 10 a.m. a 8 p.m. y las dos últimas dos horas gratis) y los domingos de 10 a.m. a 7 p.m. y es gratis también las dos ultimas horas.

De paseo por Madrid, voy a entrevistar al director de El Prado, Miguel Falomir (Valencia, España, 1966) nombrado hace ahora 5 años, aunque lleva trabajando en el museo más de 25. Salgo por Plaza España hasta la Gran Vía en dirección al paseo de El Prado con un invierno muy seco. Es duro en las aletas de la nariz, pero el sol brilla espléndido en un cielo azul intenso y es muy agradable la sensación de caminar por Madrid. Tal vez por ello no hay tregua, las personas van y vienen, suben y bajan de los taxis, autobuses y las entradas de metros. Se sientan en las terrazas, comen y beben y luego salen otra vez a caminar por sus amplias aceras.

He quedado, a las 10 a.m., dos horas antes de la entrevista a Falomir a las 12, porque tendré el privilegio de ver en un tour compactado la enormidad que atesora el Museo de El Prado, para muchos la mejor pinacoteca del mundo. “¿Qué encuentras cuando llegas a la dirección de el Museo de El Prado?”, pregunto a Falomir pensando que unos minutos antes había vibrado en el tour teniendo en frente Tizianos (1485–1576), Rubens (1577-1640), El Greco (1541-1614), El Bosco (1450-1516), Velázquez, (1599 -1660), Goyas (1746-1828)... cuyas imágenes no paraban de emocionarme. “Lo que yo encuentro”, comenta Falomir, “es un museo que está bien gestionado y que, económicamente, está en buenas condiciones”.

‘Las Meninas’, 1656, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, óleo sobre lienzo.
‘Las Meninas’, 1656, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, óleo sobre lienzo.

El Prado tiene una historia de más de doscientos años, exactamente 203, pero en la historia reciente “hay un momento decisivo”, afirma Miguel Falomír. “Cuando en 2003 al museo se le dota de una ley propia y se le da autonomía”. La gestión de El Prado cambió, porque el museo comienza a generar ingresos propios. Hasta ese momento “todo lo que ingresaba el museo”, reconoce Falomir sonriendo, “ese mismo día se lo llevaban al Ministerio”. Paralelamente a esta mayor autonomía fiscal, El Prado adquiere también una mayor autonomía de acción y de programación. “¿Cómo se gesta esta nueva etapa?”, pregunto fijándome, a través del ventanal de la sala donde conversamos, en el bello frontal de columnatas neoclásicas de otra dependencia del museo contigua a nosotros. “Esta etapa coincide con el director Miguel Zugaza, mi predecesor, que es la persona adecuada en el momento adecuado durante 15 años. Es la primera vez”, destaca Falomir, “que no hay un scholar dirigiendo el museo, sino alguien con experiencia en la administración de museo y que realizó un trabajo muy bueno, siendo yo director adjunto en el último año y medio”.

‘Tríptico del Jardín de las delicias’, (c. 1500-1505), El Bosco, óleo sobre madera.
‘Tríptico del Jardín de las delicias’, (c. 1500-1505), El Bosco, óleo sobre madera.

Hasta el 2003 el Museo de El Prado era un museo que había privilegiado en su programación, sobre todo, el arte español y apenas se habían hecho exposiciones conjuntas con otros museos internacionales. Por el protagonismo de su inigualable colección de pintura, el Museo de El Prado es de una ambición exuberante en el sentido de asumir la responsabilidad que le corresponde, por su descomunal patrimonio, en el concierto de museos internacionales. Sin embargo “hasta ese momento”, recuerda Falomir, “no lo había hecho”. De modo que esta actitud cambió también después de 2003.

‘Las hilanderas o la fábula de Aracne’, (c. 1655 y 1660), Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, óleo sobre lienzo.
‘Las hilanderas o la fábula de Aracne’, (c. 1655 y 1660), Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, óleo sobre lienzo.

En el nuevo proyecto de Museo de El Prado, encabezado por Miguel Falomir hay dos objetivos fundamentales, dos que para Falomir eran manifiestamente mejorables, cuando asume la dirección de El Prado en 2017. “Uno es el área de educación y, otro manifiestamente mejorable, era el área de acción social. Son dos de las áreas donde más nos hemos concentrado en estos últimos años”. Estos años coinciden también con una serie de demandas sociales cuyo contenido ya existían antes de 2017, pero que no tenían la urgencia que ahora tienen. “La primera es conceder a la mujer el espacio y el protagonismo que merece; la segunda era abrirse a nuevos públicos”.

‘Carlos V en la Batalla de Mühlberg’, 1548, Vecellio Di Gregorio Tiziano, óleo sobre lienzo.
‘Carlos V en la Batalla de Mühlberg’, 1548, Vecellio Di Gregorio Tiziano, óleo sobre lienzo.

El Museo de El Prado para abrirlo, es decir en gastos estructurarles necesita unos 38 o 39 millones de euros. Esto sin hacer ningún tipo de evento, actividad o exposición, solamente luz, agua, seguridad, etc. Los ingresos desde 2000 no paran de aumentar por las ventas de entradas, motivadas desde el turismo global de masas. Ello convierte al Museo de El Prado en uno de los destinos artísticos culturales más demandados internacionalmente. Antes de la pandemia, la aportación del estado era de unos 14 y medio millones de euros. Los ingresos vienen, la mayoría, de las entradas y también de una serie de empresas asociadas al museo que patrocinan actividades. En total, antes de 2019, año prepandémico, El Prado comenzó a autofinanciarse hasta casi un 70 por ciento de sus gastos. Algo excepcional, teniendo en cuenta la poca generosidad de la Hacienda española respecto a aquellos gastos generados en el ámbito del arte. “Pero todo esto se vino abajo con el Covid a principio de 2020. “El primer año”, dice Falomir, “echamos mano de nuestros ahorros, pero luego no teníamos para mucho más”.

‘La condesa de Chinchón’, Francisco de Goya y Lucientes, (c. 1800), óleo.
‘La condesa de Chinchón’, Francisco de Goya y Lucientes, (c. 1800), óleo.

Hubo un declive financiero importante que evidenció una situación paradójica, y era que todo el mundo se sentía orgulloso del Museo de El Prado, pero que su funcionamiento, en buena medida, estaba pagado por el turismo extranjero. Ante esta situación el gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos, salido de las urnas en 2019, aumentó la aportación anterior significativamente, casi triplicándola, que ahora está en torno a los 37 millones de euros. Esto, junto a los Fondos Europeos, han permitido al Museo de El Prado, que es un museo público, “enfrentar esta situación - con suficiencia y con optimismo”, explica Falomir. Cuando acabe la pandemia y vuelva el turismo, la aportación del estado probablemente disminuirá. Pero, en cualquier caso, “creo que a El Prado se le exige demasiado y que en su funcionamiento lo normal sería un 50% de su financiación”, enfatiza Falomir. Escuchándolo no me cabe la menor duda de que el Museo de El Prado remontará la post pandemia oxigenando, con su avasallador y exquisito patrimonio, el circuito global de exposiciones de los grandes museos intencionales.

Dennys Matos es crítico de arte y curador que vive y trabaja entre Miami y Madrid.

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