Portugal también cae y solo tres países de la UE resisten la entrada de la extrema derecha en el Parlamento

Las elecciones generales en Portugal han supuesto un espaldarazo al Gobierno del socialista António Costa, que sale reforzado y solo necesitará el apoyo del Bloco de Esquerda o del Partido Comunista para mantenerse en el poder. Su rotunda victoria ha quedado sin embargo empañada por un hecho que puede parecer trivial, pero que tiene una gran importancia simbólica: la entrada de la extrema derecha en la Asamblea de la República.

Hasta el momento, Portugal había sido uno de los pocos países europeos en los que estas formaciones ultras no tenían cabida. Junto a Irlanda, Malta y Luxemburgo, se había convertido en un bastión que mantenía a este tipo de partidos fuera del Parlamento, pero la lista de países que, de momento, rechazan completamente esta presencia en las instituciones se reduce.

António Costa celebra su victoria. (AP Photo/Armando Franca)

Llega Chega, una formación con base nacionalista y conservadora. Pese a haber conseguido solo el 1,3% de los votos, obtiene un escaño, aprovechando la caída del PSD, que obtiene su peor resultado desde 1983, y del democristiano CDS-PP.

Las similitudes con lo ocurrido en España el pasado mes de abril son evidentes. La extrema derecha alcanza las instituciones en un momento de fortaleza de los socialistas y con unas formaciones conservadoras que pierden crédito y votos y abren el espacio para otras opciones que se sitúan en un espectro político más ultra.

La principal diferencia con los comicios españoles es que Chega es absolutamente minoritario y solo ocupa un asiento de los 230 que hay en la Cámara. Vox, por su parte, tiene 24 (sobre 350). En este sentido, hasta ahora, los votos de Vox y de Chega no han afectado a la composición de un Gobierno, aunque no cabe duda que la entrada a las instituciones supone un enorme altavoz de unas ideas que en Europa se están intentando combatir.

Por lo pronto, el partido luso ha querido tranquilizar a la sociedad y su único parlamentario, André Ventura, ha rechazado que la formación sea antidemocrática. “Chega es un partido democrático. No hay razón para alarmas ni ataques inusitados. Chega no viene a minar la democracia”, ha señalado.

El primer ministro irlandés Leo Varadkar. (Brian Lawless/PA via AP)

Los tres que resisten

Así, quedan únicamente tres países dentro de la resistencia a la extrema derecha. En Irlanda gobierna Leo Varadkar, un político conservador democristiano, que es el mandatario más joven de la historia del país. Es hijo de un inmigrante indio, homosexual declarado y cuenta con numerosos apoyos dentro del país.

En Luxemburgo es Xavier Bettel, un líder de corte liberal el que encabeza el Gobierno, aunque ha llegado al poder gracias a una coalición de centroizquierda de tres partidos. Las formaciones de derechas llevan varios años de capa caída.

Finalmente en Malta gobierna un europeísta convencido, Joseph Muscat y solo hay tres fuerzas que tengan representación en su Cámara de Representantes. Sin embargo, en los últimos meses ha habido un endurecimiento de sus políticas de acogida y ha optado por el cierre de puertos o la negación de los atraques en sus costas.