Lo lamentable en la burla del portero de Dorados sobre lo que pasó en Culiacán

Gaspar Servio. / Foto: Getty Images


El portero argentino Gaspar Servio, quien juega para los Dorados de Sinaloa desde mediados de 2016, utilizó su cuenta de Instagram para compartir algunos videos de los hechos violentos que ayer mantuvieron en un estado de terror a la ciudad de Culiacán, Sinaloa, tras un operativo fallido de las autoridades federales para capturar a Ovidio Guzmán, hijo del narcotraficante Joaquín, ‘El Chapo’ Guzmán.

El jugador ironizó con canciones de fondo como “Arde la ciudad” y la “Gata del Vip”, mientras otra de las melodías rezaba “Tiro, tiro, tiro, puñalada, puñalada” a manera de contexto en lo que compartió en stories.

Poco tiempo después, Gaspar Servio indicó que su cuenta había sido hackeada y eliminó los videos. ‘Afortunadamente’ pudo recuperar su cuenta y así lo expuso en otro nuevo mensaje. Alguien ya le había llamado la atención seguramente. “Fuerza Culiacán”, escribió al disculparse. “Acabo de recuperar mi cuenta de Instagram, me la habían hackeado”, aseguró en la historia contigua.

Definitivamente las burlas no caben en una tragedia o un flagelo como el narcotráfico, porque al burlarse, no solo un arquero, un actor, un político, el colectivo acepta como normal situaciones que no deberían serlo. Pero así se vive en México, entre balazos, abrazos y burlas como regaños maternos, ‘fuchis’ y ‘guácalas’.

Las situaciones surrealistas que pasan en cada rincón de México, desde Playas de Tijuana hasta Tulum, se han convertido en algo cotidiano para nosotros los mexicanos, como si fuera algo que siempre pasa y no hay por qué darle más atención de la requerida.

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Lugares como Culiacán, población tristemente protagonista de un espectáculo que evidencia la falta de estado de derecho en nuestro país, es una vitrina de esas situaciones surrealistas que definitivamente no son normales en otras partes del mundo.

Pasear por Culiacán y otras ciudades mexicanas que tienen un ‘aparente’ dominio del narcotráfico o alguna organización delictiva que han proliferado como sociedades anónimas, es ver diariamente decenas de camionetas con sujetos que portan armas largas.

Gaspar Servio y Diego Armando Maradona en el torneo de Copa MX Apertura 2018. / Foto: Getty Images

Diario leemos una noticia de una balacera o un asesinato derivados de la lucha contra el narco. Se escuchan en la radio o en música descargada en internet los narcocorridos que alcanzan niveles de popularidad dignos de ganadores de Grammys. Se transmiten en horarios estelares de televisión historias en donde se enaltecen las hazañas de ‘gloriosos’ narcotraficantes y vemos cada vez cómo la gente se emociona con una nueva temporada. Se levantan capillas en honor de narcos caídos en su deber de delinquir y miles de personas les rinden un culto que compite con los santos católicos. Niños menores de 15 años presumen armas automáticas en redes sociales y declaran que prefieren ser parte de un grupo delictivo que dedicarse a estudiar, qué importa si no llegan a los 30 años de edad.

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Esta realidad quizá le pareció normal a Gaspar Servio, olvidando que el humor negro y la burla de un extranjero no son permitidos en la hipocresía de la idiosincracia mexicana y que de hecho no debe permitirse por ningún motivo, sea burla, telenovela, culto o aceptación de una actividad que reditúa de mil formas a los que la practican y hasta los que la fingen.