Portadas que marcan un antes y un después: cómo redefinir la belleza y hacerla más inclusiva

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Ya era hora de que comenzaran a cambiar los ideales de belleza en México y toda América Latina.

La popularidad de las series y videos provenientes de Asia y el Oriente Medio acabaron con la omnipresencia hollywoodense en las pantallas. Ser bello ya no es sinónimo de ser rubio para las nuevas generaciones que consumen en sus móviles contenidos de todas partes del mundo.

La amplificación de las imágenes de las minorías que permiten las redes sociales ha obligado a la industria de la moda a repensar sus estereotipos. Las marcas de ropa y cosméticos no pueden ignorar la enorme cantidad de consumidores que compran sus productos en mercados donde no existen mujeres como las ultra delgadas y pálidas modelos de Europa del Este.

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La nueva belleza, según una investigación publicada en National Geographic, no está definida por el estilo de cabello, la forma del cuerpo, la edad o el color de piel. "La belleza es cada vez menos un asunto de estética y más el conocimiento de sí mismo, aplomo personal e individualidad".

Ese concepto de belleza como depositaria de la corrección política, la exaltación de la cultura y la justicia social se refleja en las primeras declaraciones de la recién coronada Miss Universo 2021, Andrea Meza: "Vivimos en una sociedad que cada vez está más avanzada. Y así como hemos avanzado como sociedad, también hemos avanzado en los estereotipos. Hoy en día, la belleza no radica solamente en cómo nos vemos".

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Y no es que las calles de México estén repletas de mujeres espigadísimas de 182 centímetros como la reina de belleza mexicana, pero representa una nueva generación de mujeres que no han dejado a un lado su educación para dedicarse exclusivamente al cuidado de su cuerpo.

Meza es una ingeniera de software, empresaria, modelo y maquilladora profesional que defiende los derechos de la mujer y que ha demostrado que además de ser bella es inteligente. Sin embargo, su triunfo y sus posteriores declaraciones han desatado una polémica sobre la notoriedad de ese tipo de concursos en México.

El antropólogo de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Antonio de Jesús Moreno, ya había advertido en un diario local que usar la belleza femenina como un objeto de consumo es una forma silenciosa de violencia hacia la mujer.

El experto considera que alentar estos cánones de belleza inalcanzables para la mayoría de las mujeres es una forma de violentarlas. "Las féminas son violentadas porque la imagen que se les alienta de belleza es eso que para la mayoría es inalcanzable, y los varones caen en la búsqueda de esa belleza que él califica de Photoshop".

Moreno dijo que un análisis de contenido de revistas de moda en México reveló que la industria de la moda solo busca universalizar un estándar europeo.

Alaska en primer plano

Pero al parecer las cosas han comenzado a cambiar. La portada de mayo de la revista Vogue México es otra muestra de esa transformación cultural sobre lo que consideramos hermoso.

El rostro elegido para representar a la nueva generación de modelos fue el de Quannah Chasinghorse, una indígena de Alaska de 18 años, que primero conoció la vida pública como activista para proteger la vida silvestre del Ártico que el mundo de las pasarelas.

Las imágenes captadas en una sesión fotográfica en Puerto Vallarta demuestran que la alta costura no está reñida con la naturalidad y que es posible combinar un exclusivo vestido amarillo de Valentino con joyería artesanal. Su singular belleza es exaltada con sus tatuajes faciales tradicionales en sus sienes y sus mejillas.

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La vida de Quannah ha cambiado por completo en los últimos meses, desde que apareció en septiembre de 2020 junto a su madre Jody Potts en una entrevista en Teen Vogue sobre su proyecto conservacionista. Un mes más tarde fue seleccionada, junto a otros 10 modelos, para formar parte de la campaña ONE de Calvin Klein.

Ella percibe la carrera del modelaje como una buena manera de impulsar su lucha por los derechos indígenas y el cuidado del ambiente. Su descripción sobre cómo el calentamiento global ha afectado las poblaciones nativas de Alaska y la incertidumbre que genera en las nuevas generaciones fue decisiva para que la Federación de Nativos de Alaska declarara una emergencia de cambio climático en su convención de 2019.

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Quannah dijo que viajar a México como una chica que apenas había salido de Alaska fue una experiencia de otro mundo.

"Creo que es la primera vez que ven una indígena de EEUU en una portada de Vogue, especialmente una que tenga tatuajes tradicionales", expresó Quannah sobre los diseños en tinta que lleva sobre su rostro y que fueron realizados por su madre.

La modelo piensa que será positivo que las personas vean imágenes de modelos con tatuajes indígenas tradicionales y que probablemente haya personas que se motiven a saber más sobre la cultura de los habitantes ancestrales de Alaska.

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La decisión de Vogue México de seleccionar a una modelo principiante de las etnias Hän Gwich’in and Oglala Lakota es una apuesta a lo que los consumidores más jóvenes están deseosos de ver. Quannah está rompiendo barreras sobre los ideales tradicionales de la belleza y visibiliza la fisionomía de una población subestimada y excluida.

"Siempre quise modelar. Pero cuando creía, nunca vi una representante indígena de compras ni en el cine". Y Quannah está en lo cierto.

Vogue México ya había hecho guiños de inclusión en el pasado, con las portadas de Limber Martínez, una modelo afrodescendiente de Ciudad Juárez, una ciudad estigmatizada por la violencia de género. También resaltó el rostro y la historia de superación de Yalitza Aparicio, la primera actriz indígena en ser nominada a un premio Oscar.

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Hasta ahora la celebración de la diversidad étnica de las portadas de Quannah, Limbert y Yalitza son la excepción. No la regla.

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