Por qué 'Succession', triunfadora en los Emmy, es la mejor serie del momento

Valeria Martínez
·6  min de lectura

Mientras la victoria de Schitt's Creek en los Premios Emmy tomó a más de uno por sorpresa al tratarse de una serie cómica que fue ganando seguidores de forma lenta y pausada con sus últimas temporadas, la gloria de Succession era la más esperada. Su premio a la mejor serie dramática estaba cantado, y no por ser una producción de una cadena todopoderosa como HBO o por no tener competencia relevante en su categoría (ahí estaba la tremenda tercera temporada de Ozark como fuerte rival), sino porque sencillamente es la mejor serie dramática del último año.

Succession es una serie enorme y su Emmy está más que merecido.

Fuente: Twitter.com/succession_hbo
Fuente: Twitter.com/succession_hbo

Creada por Jesse Armstrong (Peep Show), Succession es una serie inteligente adaptada a un público moderno y exigente que pide historias que calen por dentro, personajes que sorprendan y diálogos que nos mantengan atentos durante cada capítulo. Y esta apuesta lo tiene todo. Su primera temporada se estrenó cuando se esperaba que cada idea nueva de HBO sirviera de reemplazo para la serie de los dragones (un reemplazo que todavía no ha llegado). Sin embargo, al no tratarse de una historia épica, con batallas de espadas ni guerras por la conquista de reinos, su inicio fue menos mediático. Pero a paso lento y seguro. De esta manera, la serie fue ganando fuerza gracias al boca a boca de los espectadores que se iban enganchando uno a uno a los dramas del clan Roy.

La aprobación unánime hizo que el tiempo de espera que hubo entre la primera y segunda temporada permitiera que un público nuevo se pusiera al día tras oír las recomendaciones de aquellos que ya se habían enganchado, creando momentum y ganas para cada episodio nuevo. Con la segunda temporada -la que acaba de ganar el Emmy a la mejor serie dramática y otros 6 premios de la Academia de Televisión- subió el listón coronándose como una serie que ha logrado encontrar el balance perfecto entre el drama y la sátira sin empacharnos nunca de uno ni lo otro. Lo mejor de Succession es que a diferencia de otros fenómenos que decepcionan por culpa de una expectativa que sube hasta las nubes, esta serie no defrauda.

Succession gira en torno a la familia Roy, un clan multimillonario cuyo cabecilla es el jefe de familia Logan Roy (Brian Cox), una especie de Rupert Murdoch de la ficción. El patriarca es dueño de una empresa internacional llamada Waystar Royco que cuenta con parques de atracciones, servicios de televisión, medios, estudios de cine y hasta una cadena; y al inicio de la primera temporada somos testigos de la rivalidad interna que existe entre sus hijos ante los problemas de salud del padre. ¿Quién tomará su lugar si le pasa algo? Es la pregunta que rodea la trama principal, ramificándose así en un drama en donde operan los celos, la traición y la manipulación. Gracias a una presentación de personajes sublime, la segunda temporada se expande aun más en los intereses personales de cada uno. Ninguno es de fiar, el que no se siente traicionado, se siente celoso o es el que está a punto de traicionar al resto. Los cuatro sufren cada rol según cómo mueva las piezas el padre, ellos no son más que peones en un juego de manipulación donde solo uno puede ser el rey.

Cortesía de HBO
Cortesía de HBO

Los hijos de Logan son Connor (Alan Ruck), el mayor y menos inteligente de todos. Le sigue el ambicioso Kendall (Jeremy Strong, que ganó el Emmy a mejor actor), el inmaduro Roman (Kieran Culkin) y la experta en campañas políticas, Siobhan (Sarah Snook). El protagonista del grupo es Kendall, cuya transformación de la primera a la segunda temporada es esencial en el funcionamiento de la trama. Su padre es su debilidad, y éste lo debilita para sacar tajada, creando una historia que se rebela con unos giros inesperados que tiene a los fans esperando con ansías la tercera temporada.

En esta serie cada personaje está cuidado al máximo. Aquí vemos un grupo de gente privilegiada, unos hijos malcriados acostumbrados a salirse con la suya pero, como lo tienen todo, la única rivalidad real que sufren es la que viven entre ellos mismos. Son niños ricos desde la cuna que buscan desesperadamente la aprobación de un padre frío y calculador que los pone a prueba constantemente mientras intenta formar al león voraz que pueda tomar su lugar cuando llegue el momento.

Como les decía, Succession es una serie que cuida sus personajes al máximo, desde el clan a Roy a todos los roles secundarios que los rodean. Sin embargo, lo que hace que sea infalible es la fórmula con que sorprende. Los personajes están tan bien definidos que la serie nos hace creer que los conocemos de sobra, que sabemos de lo que son capaces con tal de conseguir sus objetivos, pero aun así nunca dejan de sorprendernos. Y si bien en el núcleo de su idea es el de un drama familiar, la sátira aparece en los momentos en que los personajes se enfrentan al máximo, se apuñalan por la espalda y representan una frialdad millonaria que juega entre la indiferencia y el egoísmo más inhumano. Los Roy no son gente buena, y sin embargo, terminas adorándolos.

La serie es una ventana fría al mundo de una familia de ricos y privilegiados carente de empatía. Lo vemos cuando Siobhan anuncia a su pareja (un insoportable Tom en la piel de Matthew Macfadyen) el deseo de tener una relación abierta justo antes de la boda, o cuando los vemos a todos viviendo entre el lujo más exclusivo cuando son más miserables que aquellos que maltratan. Aquí somos testigos de un grupo de ricos malcriados, que viven como los reyes del mundo pero que, a fin de cuentas, están más solos que la una.

Succession es de esas series que mejoran con cada episodio. De esas que van subiendo el listón con capítulos mordaces y sorprendentes hasta dejarnos boquiabiertos. Literalmente. El final de la segunda temporada prácticamente te deja pasmado. Sin habla ni respiración, así como cuando Jon Snow se quedó atrapado bajo la montaña de cuerpos en la Batalla de los Bastardos. ¿Te acuerdas cómo te quedaste petrificado? Pues lo mismo.

Todo esto hace que Succession sea una de las mejores series de los últimos años. Estamos ante una radiografía sobre el poder y el privilegio que engloba guiones escritos con bolígrafos afilados, interpretaciones sublimes y una puesta en escena brillante. Succession es uno de los mejores regalos que nos trajo el mundo de las series en los últimos dos años, así que si no lo has desenvuelto todavía, puedes hacerlo en la plataforma de HBO España.

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