Por qué ya no quisiera tener a Carrie de 'Sexo en Nueva York' como amiga

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Durante los más de 20 años que Sexo en Nueva York lleva en nuestras vidas (y lo digo en presente porque muchos seguimos conviviendo con maratones esporádicos), Carrie (Sarah Jessica Parker) se ha mantenido como esa amiga de la ficción que a más de uno le encantaría tener en la vida real. Espontánea, sarcásticamente divertida, con historias infinitas para compartir sobre el amor y el mundo de las citas bebiendo ‘Cosmopolitans’ en los lugares de moda de la Gran Manzana. Pero, sobre todo, porque siempre se mantuvo como un personaje confidente, sin prejuicios, amiga de sus amigas, leal y disponible en las buenas y en las malas.

Sin embargo, viendo el reboot que actualmente emite HBO Max cualquiera pensaría que las vivencias personales que el paso del tiempo conlleva no le han sentado nada bien. Y es que si bien es cierto que Carrie está de luto en And just like that…, su dolor no justifica la frialdad manipuladora e indiferencia con que trata a sus amigas. En otras palabras, esta versión de Carrie viuda a los 55 es insoportable.

Sarah Jessica Parker en 'And just like that...' (Craig Blankenhorn; cortesía de HBO Max)
Sarah Jessica Parker en 'And just like that...' (Craig Blankenhorn; cortesía de HBO Max)

Desde la muerte de Big en el segundo episodio la serie no ha dejado de subrayar el terrible sufrimiento que padece Carrie, totalmente desorientada a raíz del dolor, la ausencia y el reinicio de otro capítulo vital sin el amor de su vida. Lo vemos en la desesperación patosa con la que acecha a la exmujer de su marido cuando conoce que Big le dejó herencia, despertando inseguridades del pasado como si el tiempo vivido juntos no hubiera afianzado la relación lo suficiente. O el capricho privilegiado de comprar un apartamento evidentemente millonario con vistas al río Hudson, para arrepentirse días más tarde y solucionar el asunto como si fuera un trámite fácil.

Además, si bien el fallecimiento de Big causó conmoción entre los fans, reconozco que personalmente quise dar un voto de confianza a la serie, esperando que con semejante giro narrativo nos deleitaran con un argumento de crecimiento, reinicio y afianzamiento de la amistad entre los tres personajes protagonistas (Carrie, Miranda y Charlotte, que ya sabemos que Samantha brilla por su ausencia). Sin embargo, con los episodios disponibles hasta el momento comienzo a sospechar que estaba equivocada.

Como personaje, Carrie se ha convertido en una mujer dolida pero fría. Impone su propio dolor con una manipulación pasmosa, haciendo de menos los problemas de sus amigas como si fuera una competencia para ver quién sufre más que la otra. Y ver semejante giro en un personaje tan añorado durante más de 20 años se siente como una traición para el recuerdo de los fans.

Y a los hechos me remito. Desde la muerte de Big, Carrie se ha mantenido en un plano indiferente a los problemas de sus amigas. Por ejemplo, cuando Charlotte sugiere sus sospechas de que Miranda padece un problema de exceso con el alcohol, Carrie mira hacia otro lado. Cuando Charlotte confiesa que no sabe cómo manejar la identidad sexual de su hija tras confesarle que se siente un niño, los consejos de Carrie son vagos y nada explícitos. Esto resulta comprensible cuando tenemos en cuenta que Carrie vive sumida en el luto. Es decir, los problemas ajenos no le afectan y prefiere mantenerse al margen porque ya tiene suficiente con lo suyo. Hasta ahí es completamente comprensible, pero eso no le da derecho a convertirse en la amiga manipuladora de turno.

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Tomemos como ejemplo una secuencia del quinto episodio. Carrie acaba de someterse a una cirugía de cadera y al despertar le pide a Charlotte que la lleve hasta el lavabo. Sentada en el inodoro, Miranda le avisa que su jefa Che (Sara Ramirez) está subiendo a visitarla a la habitación y le trae comida. Carrie reacciona molesta, no quiere más gente en la habitación, lo que es comprensible pero no el tono en cómo contesta a Miranda. Cuando Carrie la corrige porque se confunde al usar pronombres femeninos al referirse a Che cuando es no-binaria, Miranda ríe y dice “cierto, no estaba pensando”. Pero Carrie le contesta “No, no lo estabas porque estoy en el inodoro de un hospital y no necesito compañía, así que por favor haz que esa visita no suceda”. Una frase que recurre a señalar el error de Miranda sin venir a cuento.

En el mismo episodio las amigas se turnan para cuidarla en el apartamento, llevarla al baño, hacerle compañía, etc. Y entonces ocurre una de las secuencias más comentadas hasta el momento, cuando Carrie despierta con ganas de orinar y ve a través del espejo a Miranda besándose y tocándose con su jefa en su cocina. La consecuencia es una situación incómoda para ambas, pero que personalmente me hizo sentir mucha pena por Miranda a raíz de la terrible regañina que le pega Carrie. “Me oriné en la cama porque no había nadie que me ayudara a ir al baño” le dice Carrie mientras Miranda le pide perdón repetidamente. “Debería haberme tomado toda la botella (de pastillas) para no ser testigo de nada de eso” continúa mientras Miranda no sabe dónde meterse. “Dijiste que ibas a cuidarme y no lo hiciste” recrimina Carrie sin cesar, para entonces señalar que quizás tiene un problema con el alcohol y recordándole que está casada, haciendo que Miranda explote y confiese que se siente infeliz y atrapada en su vida. Es solo entonces, después de tantas puñaladas, que Carrie se compadece de ella.

Otro ejemplo. Sexto episodio. Las tres protagonistas hablan de sus vidas durante un picnic y Miranda confiesa a Charlotte el affaire. La amiga más recatada reacciona sorprendida de que Carrie lo supiera y le cuestiona por qué no dijo nada de algo tan importante. Y entonces somos testigos de la frialdad manipuladora de nuevo. “No, que Big haya muerto es algo importante. Esto es, no sé lo que es” sentencia minimizando la confusión y crisis vital de Miranda como si su sufrimiento estuviera por encima del resto.

Es cierto que tras cada secuencia de frialdad, Carrie reconduce su imagen con una continuación sutil queriendo tener la fiesta en paz pero eso no quita que su primera reacción con sus amigas esté muy lejos a aquel personaje carismático de la serie. “¿Qué tiene de malo que la gente se quede como era?” pregunta una preocupada Charlotte por lo que vive en casa con su hija, a lo que Carrie responde “algunos no tenemos ese lujo”. Otra vez colocando el foco sobre ella y su dolor, empequeñeciendo el drama familiar de su amiga en casa.

Y hay más ejemplos a lo largo de la serie que reflejan cómo Carrie utiliza el luto para estar encima del resto. Como apuntaba previamente, su dolor es completamente comprensible ya que sirve de reflejo para el egoísmo inevitable que a veces aflora cuando estamos consumidos en nuestro propio sufrimiento, pero resulta impactante para un seguidor de la serie ver a Miranda y Charlotte pidiéndole perdón continuamente y solo porque Carrie les hace sentir que su dolor es mayor que cualquier cosa que ellas mencionen. Y la verdad es que esa no es la Carrie que conocimos en la serie original.

Y ojo que Carrie sí es adorable y encantadora pero solo cuando el protagonismo recae sobre ella. Como cuando hablan de su vida, duelo, Big, apartamento, zapatos, su nuevo fisioterapeuta guaperas, etc. O cuando graba el podcast donde trabaja o comparte momentos con su nueva amiga, la agente inmobiliaria Seema Patel (Sarita Choudhury) que le ríe todas sus gracias. Pero no cuando una amiga habla de sus problemas. Y esto, al final, nos hace notar más la ausencia de Samantha y echarla mucho de menos. El personaje con menos pelos en la lengua de las cuatro habría puesto a Carrie en su sitio, acompañándola en su dolor pero siendo clara cuando se pasa de la raya.

Si somos sinceros, los que seguimos la serie sabemos que Carrie siempre ha pecado un poco de egoísmo. Sus relaciones, citas e historias amorosas siempre solían robarse la atención de cada temporada; algo que perdonábamos porque evidentemente era la narradora y protagonista. Sin embargo, ahora Carrie lleva ese protagonismo por el camino de la amargura, haciendo de su dolor un puñal con el que salirse con la suya en cada momento o discusión.

Esta versión del personaje se aleja mucho de aquella amiga compañera, leal y sin prejuicios que tanto nos acompañó durante décadas a través de la pantalla. Estamos ante un personaje que solo mira su propio ombligo y lo usa como escudo para elevar su protagonismo, siendo distante, fría y manipuladora con esas amigas que tanto están soportando y acompañándola en su duro momento. Personalmente, con esta nueva Carrie ya no me iría ni a tomar un café gratis.

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