“¿Por qué no pueden parar la guerra?”: las opciones de Trump ante la barbarie en Siria

Bana Alabed, una niña siria de siete años, lanzó al mundo un desgarrador y desesperado llamado: alto a la guerra en Siria. Y una pregunta punzante de la pequeña pone el dedo en la atroz llaga que desangra a esa nación del Medio Oriente: “¿Por qué no pueden parar la guerra?”.

El clamor de Bana Alabed, como se comentó en CNN, ha conmovido al mundo luego de la consternación y el horror por el presunto ataque con armas químicas que mató al menos a 70 civiles sirios, muchos de ellos niños, y que ha sido atribuido al régimen del presidente de Siria Bashar al-Assad.

La población civil en Siria enfrenta una barbarie sin fin, golpeada brutalmente por el régimen y las múltiples fuerzas que combaten en ese país. (Reuters)

Así, la pregunta puede formularse de un modo más específico: ¿qué puede hacer Donald Trump, presidente de Estados Unidos, para frenar la guerra en Siria? ¿Qué puede o quiere hacer y que efectivamente hará?

Y más: ¿cómo es posible que Estados Unidos, que se ostenta como el gran defensor y promotor de los derechos humanos y la democracia en el planeta, siga con los brazos cruzados ante una matanza brutal, ante una barbarie aterradora e intolerable, ante el uso de armas proscritas (como el gas sarín que habría sido usado en ese bombardeo) desde hace décadas?

La foto de Abdul-Hamid Alyouseff, un padre sirio, con sus dos bebés gemelos –Aya y Ahmed–muertos en sus brazos tras ser víctimas del ataque químico es una desoladora muestra de la magnitud de ese crimen. El hombre, maestro de inglés en Siria, perdió además a otros miembros de su familia en ese bombardeo.

Abdul Hamid Youssef abraza a sus gemelos Ahmad y Aya. (Alaa Alyousef via AP)

¿Qué puede hacer Trump para frenar tal barbarie?

En principio, el presidente ha condenado ese ataque químico, ha culpado de él al régimen de Assad y dicho que ese bombardeo “ha cruzado muchas líneas para mí”. La embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, incluso deslizó la posibilidad de que Washington tome acciones unilaterales en Siria si las Naciones Unidas no dan pasos al respecto. Atrás habría quedado la aparente flexibilización del gobierno de Trump ante la permanencia de Assad, cuya remoción ya no le parecía una prioridad hasta hace unos días.

En ese contexto, la condena pública realizada por Trump al bombardeo químico en Siria y al régimen de ese país es un paso pertinente y necesario, pero insuficiente, máxime cuando se considera el horror que día a día se sufre en ese país.

Estados Unidos, durante el gobierno de Barack Obama y lo que va del de Trump, se ha visto renuente a incrementar la presencia militar estadounidense en Siria, por la resistencia a involucrarse en una nueva guerra compleja y caótica. Solo recientemente se ha revelado que el Pentágono tendría unos 500 soldados de élite listos para entrar en acción en un ataque a Raqqa, la ciudad que es considerada la ‘capital’ del grupo terrorista Estado Islámico (denominado ISIS en inglés).

Pero una intervención militar capaz de frenar en seco al gobierno de Assad, y ya no digamos para tratar de estabilizar Siria, país en el que además del régimen y los grupos insurgentes que luchan contra él también tienen amplia presencia grupos como ISIS y Al Qaeda, requeriría una fuerza de ocupación enorme que se abriera paso de modo cruento. Una guerra que presumiblemente Washington, con todo y las afirmaciones de Trump sobre elevar el poder militar estadounidense, no parece tener intención de librar. Una guerra que sería costosa en recursos y bajas para las fuerzas estadounidenses y añadiría más dolor y muerte a la población siria.

Así, es poco probable que Estados Unidos emprenda una campaña militar terrestre de gran envergadura en Siria, y aunque podría escalar sus bombardeos aéreos contra ISIS e incluso emprenderlos contra Assad, no es clara cuál sería la magnitud y efectividad de esos posibles ataques contra el régimen. Según reportes de último momento, Trump habría dicho a congresistas que considera tomar acciones militares en Siria.

Pero aún no es claro si eso es solo una posibilidad en estudio o como carta de negociación o si se ha planeado ya acciones concretas.  E incluso si tal acción tiene lugar, aún está por conocerse si sería una acción de tipo simbólico, una suerte de arrebato de represalia o si se buscaría atacar a las fuerzas de Assad con la magnitud suficiente para frenar de modo sustantivo su capacidad ofensiva.

El gobierno de Francia, por ejemplo, ha acusado a Washington de mandar señales cruzadas sobre Siria, alertó sobre el riesgo de que Estados Unidos ataque a Siria basado en una urgencia de aplicar represalias y dijo que la vía debe ser la diplomacia, de acuerdo al periódico Evening  Standard.

Que Washington lance un ataque solo para mostrar bravado en Siria no sería, por lo mencionado desde París, la vía apropiada.

La solución de fondo, por ende, no pasaría únicamente por una intervención unilateral de Estados Unidos en Siria. Y en realidad, ni la ONU ni Washington podrían, o querrían, dar pasos más firmes y efectivos para poner un alto a la guerra en Siria, y al régimen de Assad en específico, sin la aquiescencia de Rusia.

Mucho de la solución en Siria pasa por encarar a Moscú. ¿Actuará Trump con energía para frenar el apoyo de Putin al régimen sirio? Es la gran interrogante. (Yahoo/Archivo)

Y aquí Trump enfrenta un reto mayor, que puede desinflar su retórica. Assad se ha mantenido en el poder gracias al apoyo de Rusia, quien además del aval geopolítico le ha otorgado al régimen sirio apoyo militar a gran escala. Moscú tiene la llave de Siria y Trump, hasta ahora, no ha mostrado una posición o estrategia clara al respecto. Ni siquiera ha criticado a Rusia por su respaldo masivo a Assad, situación grave si se considera que sin el apoyo de Vladimir Putin el régimen sirio estaría contra las cuerdas, e incluso habría ya caído.

Pero en un contexto de investigaciones y críticas por la presunta injerencia de Rusia en las elecciones estadounidenses y la posible vinculación de personas del entorno de Trump en ello, la Casa Blanca se ha abstenido de criticar a Putin. Ni siquiera en un asunto aparte como es el apoyo del Kremlin al sanguinario régimen de Damasco. Lo más que se ha ido en ese camino serían las palabras del secretario de Estado Rex Tillerson, quien de acuerdo a CNN, habría dicho que no tiene duda de que el gobierno de Assad es responsable del ataque químico y que Rusia debería “pensar realmente con cuidado” sobre su apoyo a Assad.

El gobierno de Putin, en cambio, se ha mostrado muy claro en relación a Siria. El ministro de Exteriores ruso ha dicho que para Rusia Assad es el presidente legal de un estado independiente y preguntó abiertamente a Estados Unidos cuál es su posición al respecto.

Ante ese reto, más allá de las condenas, Trump no ha formulado respuesta.

Un bloque firme de países occidentales, con la participación decidida de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania, por ejemplo, podría atemperar la posición de Moscú, aunque no es claro bajo qué condiciones. Pero tampoco hay señales hasta ahora de que Washington esté buscando activamente esa posibilidad. El apoyo de China, que también es crucial en el caso de las amenazas militares de Corea del Norte, podría contribuir a convencer a Moscú, pero aún es una incógnita.

Sin lidiar con Rusia parece poco lo que puede hacerse para atender el doliente llamado de la niña Bana Alabed y evitar que más civiles sirios mueran atrapados en zonas de combate o, incluso, a causa de crímenes de guerra.

Trump tiene así la oportunidad de alzarse como un líder de talla internacional y negociar a fondo una opción que frene la matanza y permita comenzar a lograr la paz en Siria. El presidente ha acusado a su antecesor de haber propiciado, con su inacción en Siria, la desestabilización de ese país. Pero si Trump no encara a Moscú al respecto y no actúa en defensa de los derechos humanos y contra la barbarie que agobia al pueblo sirio, puede seguir por el mismo camino que le reprochó a Obama.

Así, por ahora la única respuesta a la interrogante de la niña Bana Alabed son más preguntas.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro