¿Por qué hay tantas palomas en el mundo?

Palomas en una plaza de Guadalajara, México. (Imagen creative commons vista en el Flickr de Jaec).

Palomas. Llevan tanto tiempo a nuestro alrededor que podríamos creer que llegaron a nuestras vidas en el mismo tiempo en que surgió la humanidad. En realidad no fue así, pero nuestra “amistad” se forjó hace muchísimo tiempo. Si hoy en cualquier plaza de cualquier urbe del mundo, uno se siente observado por cientos de estas pequeñas criaturas con alas, que gorjean y mueven la cabeza cómicamente mientras se buscan la vida, es porque en cierto modo nosotros las hemos creado así.

En la actualidad hay más de 400 millones de palomas en todo el mundo y la mayoría de ellas viven en ciudades, pero si retrocediésemos 10.000 años en la historia, no encontraríamos ninguna. En su lugar encontraríamos a su ancestro, la paloma bravía (Columba livia), que anida en las paredes rocosas costeras y que sigue estando estrechamente emparentada con las palomas domésticas, con las que de hecho puede cruzarse sin problemas.

Pues bien, como decía hace 10.000 años que los antiguos habitantes de Mesopotamia (hoy Iraq) y Egipto lograron persuadir a las palomas bravías – ofreciéndole viandas – para que anidaran y se reprodujeran en sus tierras, tal y como prueban escritos y restos arqueológicos de la época.

Tras eso, los humanos se llevaron a estas aves a las primeras ciudades con una razón principal: servir de alimento. Por aquel entonces, los pichones eran una fuente de proteína y grasa muy apreciada por la población, razón por las que comenzaron a criarlas, lo cual dio lugar a varias subespecies. Es por eso que hoy en día vemos tanta variedad en los colores de nuestras palomas urbanas, al contrario de lo que sucede con la paloma bravía.

Afortunadamente para las palomas, a nuestra vida llegaron otras aves como las gallinas, las codornices y demás aves de corral que salía más “rentable” criar por su carne, lo que hizo que poco a poco dejásemos de comer pichón. Claro que para entonces nos habíamos dado cuenta de que las palomas tenían un magnífico sentido de la orientación, lo que hizo que fuese común llevarlas en los barcos para notificar a tierra cualquier peligro que pudiera suponer el hundimiento de la nave. Y eso por no hablar del uso que de ellas se hizo como mensajeras aéreas para el envío de información importante a distancia.

Por ello, hace siglos que la colombofilia es una afición de lo más común, y es este amor de los humanos por criarlas lo que hizo que llegaran a América, para satisfacer las exigencias de los emigrantes europeos, que las llevaron en barco por miles. Así fue como conquistaron todas las ciudades desde la costa atlántica hasta la pacífica, y desde Terranova hasta Tierra del Fuego.

De forma inevitable, muchas escaparon de sus palomares y comenzaron a criar al aire libre en nuestras ciudades, réplicas de los riscos costeros originales en los que anida la paloma bravía con sus apetecibles balcones, alfeizares, tejadillos, aparatos de aire acondicionado, y mil y un lugares más en los que posarse y observar su entorno desde lo alto.

Por si fuera poco, esta ave es capaz de criar hasta 10 polluelos por año y se alimenta prácticamente de cualquier cosa que los humanos desechen, lo que las ha llevado a superpoblar nuestras urbes. No todo es bonito, es cierto que sus excrementos son molestos y difíciles de limpiar, razón por la que algunos las odian y las llaman despectivamente “ratas con alas”.

Además, es cierto que estas aves pueden ayudar a la transmisión de algunas enfermedades, pero en realidad se puede decir que si han prosperado tanto es porque nosotros les hemos dado todas las facilidades para ello. En su defensa podríamos aducir que en un mundo cada vez más urbanita, ellas son prácticamente la única especie “salvaje” que puede observarse en las ciudades de todo el planeta, lo cual han logrado gracias a su admirable adaptabilidad que hace de ellas unas verdaderas supervivientes.

Curiosamente, a pesar de la guerra que dan las palomas las hemos convertido en símbolo de la paz, y en general se la aprecia por ser ave de buen augurio (ahí está la leyenda de Noé y el diluvio). La historia de éxito de la paloma doméstica es diametralmente opuesta a la de su pariente la paloma migratoria, que un día pobló Norteamérica por millones, pero que se extinguió a causa de nuestra voracidad a comienzos del siglo XX.

Me enteré leyendo Live Science.