¿Por qué ha atacado ISIS en Barcelona? La respuesta la tenemos en la historia del islam en España

“La rendición de Granada”, de Francisco Pradilla. Boabdil se rinde a Fernando e Isabel en 1492 (Foto: Wikicommons).

BARCELONA, Cataluña (España) — Cuando aparecieron mapas amenazadores por primera vez hace dos años, los habitantes de Barcelona se burlaron de ellos, y eso si llegaron a enterarse de la noticia sensacionalista que implicaba a su hogar. En los mapas realizados por ISIS, España y Portugal aparecían en negro, aludiendo al territorio controlado por el grupo yihadista. Los mapas además venían acompañados de una promesa: “Recuperaremos España” hacia el año 2020, eso decía ISIS.

La amenaza se refería al antiguo imperio de al-Ándalus, el califato islámico iniciado cuando a principios del siglo VIII pisaron suelo español los guerreros musulmanes del norte de África, conocidos como moros, quienes acabaron expulsando a los gobernantes visigodos y extendieron rápidamente el dominio musulmán por toda la península ibérica, incluida Barcelona, ciudad situada en la costa mediterránea, cerca de la actual Francia.

A los historiadores les fascina la cultura y el arte moriscos, pero para muchos españoles, la época de al-Ándalus fue uno de los puntos menos brillantes de la historia del país. La influencia del califato en Andalucía, sur de España, donde duró casi ocho siglos, se evidencia tanto en el nombre de la región como en una arquitectura impresionante, como es el caso de la Alhambra de Granada. Sin embargo, la ocupación musulmana del siglo VIII en Cataluña, noroeste de la península, duró 80 años y es algo casi tan olvidado como los escalofriantes mapas de ISIS.

Los mapas cobraron relevancia el jueves, cuando una furgoneta blanca alquilada se subió a la acera y avanzó a toda velocidad por uno de los lugares más turísticos y fotografiados de Barcelona, la amplia avenida peatonal conocida como La Rambla. El letal recorrido provocó una estampida de turistas aterrorizados. En el ataque, cuya autoría ha reivindicado ISIS, murieron 14 personas y hubo más de un centenar de heridos.

Poco después, cuatro yihadistas sospechosos fueron asesinados por la policía catalana en Cambrils, a unos 120 km al sur, después de que estos arrollaran a una aglomeración de personas, con un saldo de siete heridos. En un inicio se informó que los atacantes llevaban cinturones explosivos, y la policía cree que el plan original para La Rambla también incluía un ataque con explosivos. Aunque tres de los presuntos autores están detenidos, el supuesto conductor de la furgoneta, de 18 años y llamado Moussa Oukabir ‒en cuya página de Facebook se dice que había expresado su deseo de “matar a los infieles”‒, aún seguía en busca y captura el viernes por la mañana. La devastación de La Rambla plantea preguntas preocupantes. ¿Cómo pueden las autoridades garantizar la seguridad en una ciudad propicia para los viandantes y famosa por sus fiestas en enormes plazas y por calles como La Rambla, un paseo flanqueado por puestos de flores y terrazas donde sirven jarras de sangría, un lugar en el que en cualquier momento pueden encontrarse miles de turistas paseando hasta llegar a la famosa estatua de Colón que apunta hacia el mar?

Personas heridas reaccionan después de que una furgoneta arrollara a los peatones en La Rambla, centro de Barcelona, Cataluña (España), el 17 de agosto de 2017 (David Armengou / EPA / REX / Shutterstock).

Sin embargo, la incógnita más escalofriante es si ISIS está tratando de cumplir su amenaza de reconquistar las tierras que alguna vez conformaron al-Ándalus.

Puede decirse mucho sobre los siglos transcurridos entre 711 y 1492, pero el dominio morisco estuvo bien lejos de ser el califato violento y opresor encarnado hoy por ISIS. La civilización europea fue moldeada, más de lo que imaginan la mayoría de occidentales, por al-Ándalus, que mucho antes del ascenso otomano en el este representó una frontera crucial entre el cristianismo y el islam. Cuando los moriscos partieron del norte de Barcelona para conquistar el territorio dominado por los francos, fueron expulsados de Francia y finalmente de Barcelona, que junto a los principales condados de la costa noreste constituyeron una zona de amortiguamiento que se mantuvo independiente del resto de España.

En ciudades como Toledo, Córdoba y Granada sí floreció la civilización islámica. Se introdujo el regadío, así como nuevos cultivos de naranjos y limoneros. La medicina islámica fue pionera en la cirugía de cataratas y hemorroides. Los caminos fueron iluminados por lámparas de gas; los escribas, entre los que habían mujeres, tradujeron los clásicos de la antigua Roma y Grecia, obras que de otro modo se habrían perdido. Los cristianos y los judíos no estaban obligados a convertirse, aunque aquellos que no profesaban la fe musulmana de sus gobernantes eran asediados con fuertes impuestos.

Aun así, fue una ocupación, y durante décadas, los guerreros del norte, entre los cuales se destacaba El Cid, fueron reconquistando los territorios del califato hasta arrinconarlos en Granada, con su palacio y montañas circundantes. En 1492, las tropas de Isabel y Fernando finalmente se hicieron con la ciudad. Boabdil, líder del califato, salió de su palacio con lágrimas en los ojos después de haber perdido su querida Alhambra.

Durante 512 años, parecía que la expulsión de los moriscos era un hecho inmutable; hasta 2004, cuando una mañana de marzo cuatro trenes atestados de viajeros explotaron de forma simultánea al llegar uno de ellos a la estación de Atocha de Madrid. Aquella atrocidad se cobró la vida de 191 civiles y fue atribuida a terroristas islámicos de Al-Qaeda y a un conjunto de agravios que datan de hace cinco siglos.

En la década posterior, los llamamientos a la reconquista parecían haberse desvanecido. Pero en 2014, el ministro del interior español Jorge Fernández Díaz, tras la detención de una célula de ISIS, reconoció que este sueño seguía latente entre los yihadistas. “Es evidente que España forma parte de los objetivos estratégicos de la yihad global”, dijo a los periodistas. “No somos los únicos, pero estamos en su punto de mira”.

Poco después, el Instituto Gatestone de Nueva York informó que “los llamamientos a reconquistar al-Ándalus se están volviendo más frecuentes y más estridentes”, y que ISIS había lanzado una campaña en las redes sociales con imágenes de conocidos monumentos en España junto al eslogan “Larga vida al Estado Islámico” y fotos de la bandera negra de ISIS.

Desde entonces, las fuerzas de seguridad españolas, consideradas las más vigilantes de Europa, han detenido a cientos de yihadistas y reclutadores sospechosos de pertenecer a ISIS. A finales de junio, la policía desmanteló un plan de atentado en Mallorca, donde los yihadistas esperaban recuperar el control de la isla que una vez fuera la joya de la corona de al-Ándalus.

Entre la vigilancia y las detenciones, o quizás porque se dice que al-Baghdadi, líder de ISIS ‒cuyo apodo cuando jugaba al fútbol era Messi‒ era aficionado del equipo donde juega Messi, lo cierto es que Barcelona se había salvado hasta ahora, inmune de alguna forma a la suerte seguida por otras ciudades que atraen mucho turismo. Ayer, todo cambió. Ya se han puesto en marcha medidas de vigilancia adicional para evitar que Barcelona y España vuelvan a aparecer en los mapas de ISIS como territorio conquistado.

Melissa Rossi