Por qué debería importarte lo que ocurre en la lejana Bielorrusia

Mariángela Velásquez
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Belarusian opposition supporters rally in the center of Minsk, Belarus, Sunday, Aug. 16, 2020. Opposition supporters whose protests have convulsed the country for a week aim to hold a major march in the capital of Belarus. Protests began late on Aug. 9 at the closing of presidential elections. (AP Photo/Sergei Grits)
Miles de votantes que apoyan a la oposición en Bielorrusia han convulsionado al país desde el anuncio de los resultados electorales del 9 de agosto. (AP Photo/Sergei Grits)

Bielorrusia es la última dictadura de Europa.

El fraude electoral y la violenta represión contra los ciudadanos que protestaron los resultados de los comicios del 9 de agosto de 2020 confirman el contenido del informe de Freedom House: Bielorrusia es un estado policial autoritario que manipula abiertamente las elecciones y restringe las libertades civiles.

Aleksander Lukashenko es el líder autócrata que dice haber ganado por sexta vez el visto bueno de los electores para extender un desgastado mandato de 26 años, aunque en el pasado se ha jactado públicamente de amañar los conteos.

Los bielorrusos se lanzaron a la calle al escuchar que Lukashenko había arrasado de nuevo con un 80 por ciento de los escrutinios y la conmoción se apoderó del país de 9,5 millones de habitantes, ubicado en el este de Europa, entre Polonia, Lituania, Ucrania, Rusia y Letonia. La policía ha arrestado a miles de manifestantes y ha aplastado el descontento con violencia y bombas lacrimógenas.

La reacción popular es una muestra de que los tiempos han cambiado a pesar de que Bielorrusia no conoce la democracia. Formó parte de la Unión Soviética hasta 1991 y desde 1994 ha sido gobernada por Lukashenko, un político nacionalista, conservador y autoritario, que ha asumido posiciones radicales como desdeñar las medidas sanitarias para evitar la propagación del Covid-19.

Para el mandatario, el coronavirus es un mal menor que se combate con "trabajo duro, sauna y vodka".

Bielorrusia apenas suma 19 puntos sobre 100 en el índice mundial de libertades. Para Freedom House, las únicas elecciones democráticas de Bielorrusia fueron las de 1994. Desde entonces, Lukashenko se perpetuado en el poder mediante campañas injustas y fraudulentas.

Otra muestra de en Bielorrusia existe una dictadura es la falta de separación de poderes. Los 110 miembros de la Cámara de Representantes están complemente subordinados al presidente. Y los miembros de la comisión electoral dependen ideológica y burocráticamente del gobierno.

El activismo político es considerado un actividad riesgosa y pudiera ser motivo de despido, expulsión de centros educativos, campañas de desprestigio en la prensa y confiscación de propiedades.

Bielorrusia nunca ha vivido una transferencia democrática de poder y no tiene oportunidades reales de que un candidato opositor llegue a la presidencia mediante un proceso electoral, dijo el informe del instituto sueco.

La actitud desafiante de los manifestantes y la determinación de la candidata opositora Svetlana G. Tikhanovskaya han sido considerados un triunfo en sí mismo porque evidencian fracturas en un estado que hasta hace poco se consideraba impenetrable. La disidencia no es tolerada, al punto que la mayoría de los políticos que han roto filas con el régimen están presos o en el exilio.

¿Y eso que tiene que ver contigo?

Con todos los problemas que tenemos los latinoamericanos, por qué tienes que preocuparte por lo que ocurre en un país del que poco o nada sabes, que queda a 10.500 kilómetros de distancia.

Pues que la situación de Bielorrusia no es muy distinta a la que viven algunos países de la región. Según Freedom House tenemos 3 países con dictaduras: Venezuela, Nicaragua y Cuba. Los tres sistemas se apalancan con las mismas estrategias que Lukashenko. Socavan la disidencia, acaparan poderes y manipulan elecciones.

La ONG también alerta que en continente americano hay otros 10 países que no pueden considerarse verdaderamente libres porque poseen democracias deficientes que vulneran los derechos políticos y sociales de sus habitantes: Bolivia, Paraguay, Ecuador, Colombia, Haití, República Dominicana, Honduras, El Salvador, Guatemala y México.

En Cuba todo sigue igual

Encabezando la lista de los países con menos libertad está Cuba, con 14 puntos sobre 100 en el índice, cinco menos que Bielorrusia.

Se trata de un estado comunista con un solo partido que prohíbe el pluralismo político, veta a los medios independientes, reprime la disidencia y restringe las libertades civiles. El gobierno cubano aún ejerce un estricto control sobre la economía a pesar de la reciente apertura de algunas actividades del sector privado.

El sustento antidemocrático de Cuba no ha cambiado a pesar de la transición generacional del liderazgo político. El timón de La Habana cambió de manos en 2018, cuando por primera vez en 50 años el presidente de la isla era alguien ajeno al clan de Fidel y Raúl Castro.

La elección de Miguel Díaz-Canel en la Asamblea Nacional de Cuba no tenía contestatarios porque existe sólo existe legalmente el Partido Comunista. Raúl Castro pasó a liderar el partido y Díaz-Canel ascendió de la vicepresidencia, que ejercía desde 2013, a la presidencia cubana. Se trató de un movimiento de fichas sobre el mismo juego revolucionario.

El deterioro venezolano

El segundo más alejado de la libertad en América es Venezuela, con 16 puntos de 100, tres puntos por detrás de Bielorrusia.

Las instituciones democráticas se han deteriorado desde el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1999. Pero la situación ha empeorado bruscamente en los últimos años por la acumulación del poder de Nicolás Maduro y el encarcelamiento y persecución de los líderes opositores.

La restricción de las libertades civiles, la emigración masiva por la severidad de la crisis humanitaria, la destrucción del aparato productivo, la incapacidad de las autoridades de controlar los crímenes violentos y la generalizada corrupción gubernamental ha afectado durante años los derechos fundamentales de los venezolanos.

A pesar del descontento popular, el gobierno venezolano ha cortado casi todas las opciones de cambio político democrático. Luego de crear por decreto un reemplazo a la Asamblea Nacional con la Asamblea Nacional Constituyente, Maduro se aseguró de que ningún líder de oposición pudiera presentarse en las elecciones presidenciales de 2018.

Las elecciones parlamentarias de diciembre del 2020 reemplazará todos los escaños de la Asamblea Nacional de 2015, en la que la oposición ganó la mayoría absoluta pero que poco a poco fue desarticulada por el gobierno.

La corrupción y la violencia mexicana

Aunque México quedó mejor parado en el ranking con 66 puntos sobre 100, Freedom House considera que al país le falta mucho camino para ser considerado libre.

Se trata de una democracia electoral que nació con el siglo XXI, en la que los principales partidos se alternan el poder en los niveles federales y regionales.

El grave problema mexicano es que su deficiencia en el estado de derecho que limita el ejercicio de los derechos políticos y libertades civiles de sus ciudadanos.

La violencia de los grupos organizados, la corrupción gubernamental, los abusos a los derechos humanos y la impunidad son algunos de los desafíos de la democracia mexicana.

Dicen que cuando ves arder las barbas de tu vecino, hay que poner las tuyas en remojo por eso hay que prestar atención a lo que está pasando en Bielorrusia, aunque está del otro lado del mundo.

Los bielorrusos están demostrando que, aún en los escenarios más restrictivos, es posible generar algunos cambios si los ciudadanos alzan su voz colectivamente.

Todavía no está claro cuáles serán los resultados de las protestas. Pero ya las expresiones de rechazo han demostrado que Lukashenko no es querido ni intocable.

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