Por qué Canadá va a ser el único país que le va a plantar cara a Arabia Saudí en el tema de los derechos humanos

Ruido de sables entre Canadá y Arabia Saudí y silencio por parte de la comunidad internacional. Es el mejor resumen de lo que ha pasado en las dos últimas semanas después del enfrentamiento abierto que hay entre dos países que son aliados tradicionales de Europa y Estados Unidos y con los que nadie quiere enemistarse.

Las tensiones llevan años produciéndose, pero ha sido recientemente cuando han estallado con los derechos humanos como telón de fondo, un asignatura pendiente para el país asiático que solo Canadá se ha atrevido a señalar. El Ministerio de Exteriores norteamericano pidió la liberación de los activistas encarcelados en Arabia Saudí. El mensaje iba dirigido fundamentalmente por Raif Badawi, condenado a 10 años de cárcel y a 1.000 latigazos por insultos al Islam.

Mohammed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí (REUTERS).

El Gobierno canadiense lleva meses pidiendo su liberación y ha dado asilo tanto a su esposa como a sus hijos. Recientemente Naciones Unidas ha confirmado que en los últimos tres meses han sido detenidos en el país 15 defensores de los derechos humanos.

Pero Arabia Saudí no se tomó bien lo que considera una “injerencia en sus asuntos internos” y la reacción no se hizo esperar. Expulsaron al embajador canadiense del país, llamaron a consultas al suyo en Ottawa y anunciaron la suspensión de toda nueva transacción con Canadá. Una decisión que no es baladí porque el país asiático es la tercera fuente de importación de crudo para los norteamericanos, solo detrás de Estados Unidos y Argelia.

Además en 2014, el Gobierno canadiense (entonces presidido por Stephen Harper) anunció la venta de vehículos blindados por valor de 10.000 millones de euros a Arabia Saudí. Una relación comercial provechosa que ahora parece resquebrajarse.

Precisamente esas intensas (y fructíferas) relaciones comerciales de Arabia Saudí con Estados Unidos y Europa son las que hacen que el tema de los derechos humanos en el país asiático pase a un segundo plano. Los sucesivos informes de Amnistía Internacional en los últimos años no dejan lugar a dudas sobre la realidad que se vive en el país asiático. La organización habla de restricciones a la libertad de expresión, detenciones de personas críticas con el Gobierno, juicios sin garantías, ejecuciones sumarias, torturas y malos tratos y la discriminación sistemática de la mujer.

Yemeníes gritan consignas durante una manifestación contra el ataque aéreo perpetrado por la coalición liderada por Arabia Saudí (EFE).

Además de la represión que ejerce en el interior del país, Arabia Saudí también tiene participación en algunos de los conflictos regionales más importantes de los últimos años como la guerra en Siria o Yemen. De hecho, en el año 2017 España vendió armamento a los saudíes por valor de 361 millones de dólares, siendo el principal comprador de la industria española de defensa fuera de la Unión Europea y los miembros de la OTAN. Armas que terminan matando a personas en Yemen, tal y como han asegurado varias ONG’s, lo que ha provocado numerosas críticas en territorio español.

El valor que Occidente le da a Arabia Saudí no solo viene de los importantes negocios comerciales que realiza con ella, sino también que es un aliado clave en la región. En una zona tan inestable y conflictiva como Oriente Medio, los saudíes aparecen siempre como un socio imprescindible.

Entonces, ¿por qué ahora Canadá habla (a diferencia del resto) cuando ha callado durante tanto tiempo? Los motivos son fundamentalmente dos. El primero de ellos es que el Gobierno de Trudeau (presidente desde finales de 2015) se ha mostrado muy receptivo a la llegada de refugiados (acogió 25.000 en solo seis meses) y ha criticado duramente a los países que siguen perpetuando los conflictos en Oriente Medio.

El segundo es el acuerdo que se ha comentado anteriormente de venta de armamento a Arabia Saudí. Cuando se firmó, la sociedad canadiense mostró su rechazo y en los últimos años no ha cambiado de parecer. El comercio anual entre ambos países es de unos 3.000 millones de euros, una cifra discreta que Canadá parece dispuesta a perder con tal de poner el asunto de los derechos humanos encima de la mesa. Está por ver si algún país más se sube al carro o si como parece la crisis se va a cerrar como de costumbre: con muchas promesas, un apretón de manos y pocas soluciones.

Javier Taeño (@javiertaeno)