Pompeo estudia un plan para incluir a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo

Michael Crowley, Charlie Savage y Eric Schmitt
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El secretario de Estado, Mike Pompeo, habla con los reporteros durante su visita a la Casa Blanca, en Washington, el 11 de diciembre de 2020. (Oliver Contreras/The New York Times).
El secretario de Estado, Mike Pompeo, habla con los reporteros durante su visita a la Casa Blanca, en Washington, el 11 de diciembre de 2020. (Oliver Contreras/The New York Times).

Los funcionarios del Departamento de Estado han redactado una propuesta para considerar a Cuba como un Estado que patrocina el terrorismo, una medida de política exterior de última hora que complicaría los planes del gobierno entrante de Joe Biden para relajar la presión cada vez mayor de Estados Unidos sobre La Habana.

Según dos funcionarios de Estados Unidos, a tres semanas de la toma de posesión, el secretario de Estado, Mike Pompeo, debe decidir si aprobar ese plan, una acción que también serviría como agradecimiento a los cubanoestadounidenses y a otros latinos anticomunistas de Florida que apoyaron con firmeza al presidente Donald Trump y a sus correligionarios republicanos en las elecciones de noviembre.

No se sabe si Pompeo ha decidido seguir adelante con esta designación. Pero los demócratas y los expertos en política exterior creen que Trump y sus altos funcionarios están deseosos de encontrar maneras de limitar los primeros meses del presidente electo Joe Biden en el cargo y dificultarle revertir las políticas de la era de Trump en el extranjero. En las últimas semanas, los funcionarios también han querido aumentar la presión y las sanciones de Estados Unidos contra China e Irán.

El descubrimiento de que un país “en repetidas ocasiones ha ofrecido respaldo a actos de terrorismo internacional”, según la descripción oficial de un Estado patrocinador del terrorismo proporcionada por el Departamento de Estado, genera de manera automática sanciones de Estados Unidos en contra de su gobierno. Si se incluye en esa lista, Cuba se sumaría a otros tres países: Irán, Corea del Norte y Siria.

El gobierno de Biden podría borrar a Cuba de esa lista. Pero hacerlo requeriría más que una firma presidencial. El Departamento de Estado tendría que realizar una evaluación oficial, proceso que puede durar varios meses.

Una vocera del Departamento de Estado señaló que ese organismo no habla de “deliberaciones o posibles deliberaciones” con relación a las calificaciones de terrorismo. La Casa Blanca no hizo comentarios.

El martes, los demócratas atacaron la propuesta referente a Cuba y criticaron lo que calificaron como un cambio de política de última hora que limita de manera improcedente al equipo entrante de Biden.

“Es otra artimaña del presidente a menos de 23 días de su partida”, afirmó el representante demócrata por el estado de Nueva York, Gregory W. Meeks, quien es el nuevo presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara Baja.

“Está tratando de ponerle grilletes al próximo gobierno”, añadió Meeks.

En 2015, el Departamento de Estado borró a Cuba de su lista de países patrocinadores del terrorismo luego de que el presidente Barack Obama anunció la normalización de las relaciones entre Washington y La Habana por primera vez desde la revolución comunista de ese país en 1959, lo que Obama definió como un vestigio de la Guerra Fría. A cambio de las promesas de una reforma política y social, Obama retiró las sanciones económicas, relajó las restricciones comerciales y de viajes y volvió a abrir la embajada en La Habana por primera vez en décadas. En 2016, se convirtió en el primer presidente estadounidense en visitar la isla desde que lo hiciera Calvin Coolidge.

En 1982, el gobierno de Reagan incluyó por primera vez a Cuba en la lista de terrorismo por apoyar a los insurgentes de izquierda en Latinoamérica. Durante la era de Obama, el Departamento de Estado la calificó de “puerto seguro” para los separatistas vascos y los rebeldes colombianos. Pero los funcionarios del gobierno de Obama concluyeron finalmente que ni los menguados vascos ni los rebeldes colombianos que se unieron a las pláticas de paz en La Habana que dieron lugar al acuerdo de paz de 2016 con el gobierno colombiano planteaban ninguna amenaza terrorista.

También estaban dispuestos a aceptar que el gobierno de Cuba hubiera dado refugio a algunos fugitivos buscados en Estados Unidos, entre quienes se encuentra Joanne D. Chesimard, de 73 años, antigua integrante del Ejército Negro de Liberación. Chesimard, quien ahora lleva el nombre de Assata Shakur, sigue formando parte de la lista del FBI de los terroristas más buscados por asesinar a un policía estatal de Nueva Jersey en 1973.

Como un posible adelanto de la posibilidad de volverla a incluir en la lista, en mayo, el Departamento de Estado notificó al Congreso que Cuba era uno de los cinco países que, según los funcionarios, “no estaban cooperando totalmente” con los trabajos de contraterrorismo de Estados Unidos, primera vez que Cuba no había sido certificada por hacerlo desde 2015.

La notificación hacía referencia a que Cuba había rechazado una solicitud de Colombia, país aliado de Estados Unidos, para extraditar a diez líderes del Ejército de Liberación Nacional que vivían en La Habana luego de que este grupo se atribuyó la responsabilidad por el bombardeo que mató a 22 personas en una academia de policía de Bogotá en enero de 2019.

Sin embargo, los demócratas dijeron que la idea de que Cuba planteara una amenaza terrorista para el mundo exterior era una ficción política.

“Esto es totalmente absurdo. Cuba no es un Estado que patrocine el terrorismo”, señaló Ben Rhodes, quien como asesor adjunto de seguridad nacional del gobierno de Obama tuvo una importante participación en la negociación del acuerdo gubernamental con La Habana.

Trump tachó al acuerdo de “terrible y torpe” y ha hecho retroceder muchas de sus cláusulas. En visitas al sur de Florida, el mandatario presumió que estaba enfrentando al comunismo en Latinoamérica y advirtió que Biden no lo haría, un mensaje que fue bien recibido por los cubanoestadounidenses y otros electores enemigos de La Habana.

Como candidato, Biden prometió volver a cambiar la política estadounidense, diciendo que “pronto revertiría las políticas fallidas de Trump que han causado daños al pueblo cubano y no han hecho nada para impulsar la democracia y los derechos humanos”.

El gobierno represor de Cuba en buena medida ha frustrado las esperanzas de que se liberalice después del fallecimiento de su líder revolucionario, Fidel Castro, en noviembre de 2016. La Habana sigue arrestando y deteniendo a los disidentes y reprimió una reciente huelga de hambre de artistas y otros activistas en la capital, lo que para muchos republicanos es prueba de que su gobierno no merece tener relaciones cordiales con Washington.

Los funcionarios del gobierno de Trump también han criticado con dureza el apoyo del gobierno cubano al dirigente socialista de Venezuela, Nicolás Maduro, a quien Trump intentó despojar del poder durante años.

En un artículo de opinión publicado este mes en The Miami Herald, el senador republicano por Florida, Marco Rubio, una voz de mucha presencia en la política de Cuba, exhortó a Biden a “respaldar a los disidentes” de ese lugar y lo alentó a no “retornar a una política unilateral de Cuba… y lanzar un salvavidas al régimen dictatorial de Raúl Castro”.

Los funcionarios estadounidenses comentaron que el plan para volver a incluir a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, saliéndose del proceso habitual, fue desarrollado por la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado y no por su Oficina contra el Terrorismo, la cual normalmente tendría una participación primordial en una decisión de ese tipo.

Rhodes calificó eso como una prueba de un proceso con motivaciones políticas. “Esta es una señal de que saben que no hay razones para incluir a Cuba en la lista”, comentó.

Los críticos afirman que el gobierno de Trump ha comenzado a politizar esas designaciones que deberían ser consideradas como un asunto de seguridad nacional. Este mes, Estados Unidos eliminó a Sudán de la lista de países patrocinadores del terrorismo unos días antes de que ese país africano se sumara a la lista de países árabes que han establecido relaciones diplomáticas con Israel, una prioridad fundamental de Trump.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company