Pollo pegajoso, dulce y sabroso: para chuparse los dedos

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Pollo asado con chile, miel, limón y feta, en Nueva York, 28 de abril de 2021. Estilista de alimentos: Judy Kim. (Linda Xiao/The New York Times)
Pollo asado con chile, miel, limón y feta, en Nueva York, 28 de abril de 2021. Estilista de alimentos: Judy Kim. (Linda Xiao/The New York Times)

Una de las cosas que menos me apetece de la reincorporación a la sociedad educada tras nuestro aislamiento pandémico es tener que comer pollo con hueso con cuchillo y tenedor.

Este último año ha supuesto un feliz desprecio de muchos utensilios. Podemos encender velas y servir vino en copas de cristal, pero los tenedores se han convertido en algo meramente opcional, sobre todo para las aves de corral.

Las piernas de pollo, con sus agarraderas incorporadas, son muy prácticas para tomarlas y morderlas. No puedo ni imaginarme cómo manejar un cuchillo en el pescuezo o un ala. Además, si eres de los que mordisquea los cartílagos como yo, no hay otra manera eficaz de arrancar hasta el último bocado sabroso. Asimismo, la carne con hueso sabe mejor, ya que el tuétano le añade un sabor concentrado a la carne durante la cocción.

Ya sea que lo comas con cubiertos o con los dedos, una de las mejores formas de cocinar el pollo con hueso, y de las más fáciles, es asar los trozos marinados extendidos en una bandeja para hornear.

El método básico siempre es el mismo: salar el pollo, sazonarlo con ajo (no negociable) y con las hierbas y especias que desees, y dejarlo reposar unos 30 minutos a temperatura ambiente mientras se calienta el horno (o refrigerarlo hasta 24 horas). A continuación, colocar los trozos en un sartén, rociarlos con aceite y asarlos hasta que la piel esté brillante, chisporroteante y magníficamente crujiente.

Asar los trozos de pollo es más rápido que cocinar uno entero, y suele ser mucho más sabroso, ya que el marinado puede cubrir los trozos muy bien.

Para esta receta, añadí un poco de miel a la salsa para marinar, lo que añade dulzura, intensifica el color de la piel del pollo y le da un tono caoba. El romero y las hojuelas de chile rojo aportan un toque picante y más profundidad; el queso feta desmenuzado le da un toque salado y cremoso; y el limón en rodajas finas proporciona acidez.

Ingredientes para el pollo asado con chile, miel, limón y feta, en Nueva York, el 28 de abril de 2021. Estilista de alimentos: Judy Kim. (Linda Xiao/The New York Times)
Ingredientes para el pollo asado con chile, miel, limón y feta, en Nueva York, el 28 de abril de 2021. Estilista de alimentos: Judy Kim. (Linda Xiao/The New York Times)

Es posible que te preguntes si debes o no comerte las rodajas de limón después de asarlas. Esto depende de la cantidad de acidez que puedas soportar y del tipo de limón que hayas usado. Los limones meyer son mucho más suaves que los habituales. La miel también ayuda a suavizar la acidez, por lo que incluso quienes no la soportan pueden arriesgarse a probarlo.

Los jugos pegajosos y agridulces en el fondo de la bandeja son una de las grandes satisfacciones de este platillo, así que prepárate para absorberlos con un poco de pan. También puedes servirlos con una cuchara sobre el arroz o las papas. En esos casos, usar el tenedor puede ser lo más adecuado.

Pollo asado al chile con miel, limón y feta

Tiempo total de preparación: 50 minutos, más el marinado

Rinde: 4 porciones

Ingredientes: 

  • Kilo y medio de piernas y muslos de pollo con hueso y piel (para sustituir con pechugas, ver Consejos)

  • Sal y pimienta negra

  • 2 dientes de ajo grandes, rallados finamente o machacados hasta formar una pasta

  • 1 cucharada de miel

  • 1 cucharada de aceite de oliva extra virgen, y un poco más para rociar

  • 1/4 de cucharadita de hojuelas de chile rojo, y un poco más para servir

  • 2 ramitas de romero fresco

  • 1 limón, de preferencia un limón meyer, cortado en rodajas finas y sin semillas

  • 50 gramos de queso feta, desmenuzado en trozos grandes (una media taza copeteada)

  • Menta, eneldo o perejil picados, para servir

Preparación:

  1. Salpimienta el pollo por completo. En un tazón grande, mezcla el ajo, la miel, el aceite de oliva y 1/4 de cucharadita de hojuelas de chile rojo. Incorpora el pollo, mézclalo bien con las manos y extiende la pasta de ajo por todas las piezas de pollo. (No te preocupes si la miel está un poco grumosa). Añade las ramitas de romero y las rodajas de limón y revuelve para mezclar. Deja marinar a temperatura ambiente durante 30 minutos, o hasta 8 horas en el refrigerador.

  2. Calienta el horno a 220 grados Celsius. Recubre una bandeja con un forro de silicón o con papel para hornear.

  3. Distribuye el pollo y los limones en una sola capa en la bandeja recubierta y agrega las ramitas de romero. Rocía todo generosamente con aceite. Asa durante 20 minutos.

  4. Con unas pinzas, dales la vuelta a las piezas de pollo y retira los limones. Espolvorea el queso feta por encima. Sigue horneando de 20 a 25 minutos más, hasta que el pollo tenga un color bastante dorado, esté bien cocido, y hasta que un termómetro de lectura instantánea insertado en la parte más gruesa del muslo o la pierna registre 73 grados Celsius. Sirve adornado con hierbas picadas y más hojuelas de chile rojo, si lo deseas.

Consejos:

Para sustituir la carne blanca, usa pechugas con hueso y piel, y ásalas de 25 a 30 minutos. Añade el queso feta al principio y no le des la vuelta al pollo.

Y para beber...

Puedes maridar este platillo ligeramente picante, con un toque de miel, con muchos vinos diferentes. El riesling alemán quedaría perfecto, ya sea seco, o un estilo kabinett o spätlese moderadamente dulce. Un sauvignon blanc seco, como un buen Sancerre, complementará las notas herbales y cítricas. Si estás preparando este platillo para una comida práctica entre semana, no te preocupes por los matices. La mayoría de los vinos blancos secos combinarán a la perfección, siempre y cuando no sean de roble. Observa la diferencia: no me refiero a que no hayan estado en barricas de roble. Un vino puede ser envejecido en barricas de roble sin la intención de aromatizarlo. En el caso de los tintos, busca botellas que no sean de roble. Un vino de garnacha contenida iría bien, al igual que un cabernet franc del Valle del Loira o un gamay de Beaujolais o de cualquier otro lugar. Para un placer burbujeante, prueba un Lambrusco seco y terroso.

— ERIC ASIMOV

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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