¿Debería la política ser un tema tabú en las empresas?

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¿Es adecuado hablar de política en la oficina? ¿Deberían las compañías posicionarse públicamente sobre los temas del momento? Sin duda, este es un dilema que cada vez está más en el punto de mira.

El pasado mes de abril, la estadounidense Basecamp protagonizó una polémica después de que su consejero delegado y cofundador, Jason Fried, anunciara que los temas políticos y sociales iban a estar prohibidos durante la jornada laboral. A través de una entrada en su blog, Fried comentaba que este tipo de conversaciones no eran nada beneficiosas para la cultura corporativa puesto que "robaban la energía" y "llevaban el diálogo a lugares oscuros".

No solo eso: el ejecutivo anunció también el fin de los beneficios laborales, tales como los abonos para el gimnasio o los cursos, los cuales tachaba de "paternalistas". Declaró que, al no ser Basecamp una compañía "de impacto social", el trabajo en sí es lo que debía ocupar la atención plena de los empleados. En otras palabras, sugería que la opinión sobre los temas del día por parte de una empresa de software no iba a producir ninguna clase de cambio social.

Para entender la decisión de Fried, hay que tener en cuenta el contexto de creciente polarización social en Estados Unidos. Claro está que estas declaraciones no pasaron desapercibidas: la controversia provocó la salida de una veintena de empleados (entre ellos, varios miembros de la junta directiva), además de incendiar las redes sociales. Muchas de las críticas hacían hincapié en que las compañías no pueden coartar la libertad de expresión de sus empleados de esta forma.

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A woman in the background is mediating a disagreement between two men in this close-up. A finger is being pointed at one guy while the other is not assuming responsibility.
Algunos directivos consideran que posicionarse sobre temas políticos puede generar brechas en la plantilla, traduciéndose en una importante pérdida de valor humano. Getty Creative.

El CEO de Basecamp no es el único en tomar una decisión así. El consejero delegado de la plataforma de criptodivisas Coinbase también prohibió el año pasado a sus empleados tratar temas políticos en la oficina, alegando que hacer activismo social podría causar profundas divisiones internas entre los empleados. A la larga, esto puede traducirse en la pérdida de capital humano y valor.

¿Dónde acaba la libertad de expresión en el mundo corporativo?

Sin duda, se trata de un asunto muy controvertido, y es muy difícil encontrar un término medio que contente a todas las partes. Hay quienes defienden que la política se debe dejar en un segundo plano, sobre todo, si la actividad de la compañía no está vinculada a temas sociales. Por otro lado, también están quienes persiguen la idea de que "todo es política" y que en pleno siglo XXI las empresas deben hablar de todo.

Si bien es cierto que cada vez está peor visto que las entidades no se posicionen en los temas del momento (feminismo, cambio climático, injusticias raciales...), cada vez está más claro que muchas empresas utilizan todo tipo de causas sociales para incrementar sus ventas. Por ejemplo, a través del greenwashing, 'lavado verde', un término que se aplica cuando las multinacionales tratan de ocultar sus malas prácticas ofreciendo mejoras sostenibles en sus productos o servicios.

Aun así, los estudios reflejan que cerca de un 80% de los trabajadores sí está a favor de que su empresa se posicione en temas políticos, ya que considera que las empresas pueden convertirse en una fuerza de cambio que mejore la sociedad. De hecho, un 30% afirma que abandonaría su compañía a largo plazo si esta no mostrase un mayor compromiso en el ámbito medioambiental.

Lo que está claro es que, a nivel privado, los empleados sí deberían poder expresarse y hablar de estos asuntos con sus compañeros. Al fin y al cabo, la política nos afecta en todos los ámbitos de nuestra vida. Lo que sí debemos tener en cuenta es que hay una serie de normas no escritas que pueden ayudarnos a convivir mejor con personas que no compartan nuestra ideología, como respetar el entorno de trabajo, no sacar el tema en reuniones o eventos y, sobre todo, ser empático con el punto de vista de los demás.

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