La polarización y el oficialismo dividido marcan tres años de la renuncia de Morales

La Paz, 12 nov (EFE).- La renuncia de Evo Morales a la Presidencia de Bolivia hace tres años marcó una inflexión que ha profundizado la polarización alimentada por las insalvables disidencias entre la oposición y un oficialismo desgastado con expuestas fisuras internas.

Cuando Morales dejó el país un 11 de noviembre, un día después de su renuncia y denunciando un "golpe de Estado" después de las frustradas elecciones de octubre de 2019 señaladas de "fraudulentas", quedó el estigma de esas dos visiones confrontadas continuamente en las calles o en los espacios políticos como el Parlamento.

La llamada "pacificación" del país, que fue una de las misiones principales de Jeanine Áñez cuando asumió la Presidencia interina el 12 de noviembre de ese año, quedó trastocada con la veintena de civiles muertos en las llamadas "masacres" de Sacaba y Senkata.

Esas muertes han sido uno de los estandartes de lucha desde que Luis Arce llegó al Gobierno junto a la afirmación de que en 2019 hubo un "golpe de Estado" y no un "fraude" electoral, por lo que la consigna de hallar "justicia" ha antecedido a cualquier posibilidad de generar espacios de reconciliación en el país.

La crisis y la salida de Morales del país ha transformado también al Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por el exmandatario, porque separó a quienes siendo sus colaboradores renunciaron y pidieron refugio en algunas embajadas con los que decidieron quedarse en el país y "resistir" en el periodo de transición.

CONTINUA POLARIZACIÓN

En declaraciones a EFE, el politólogo e investigador de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) Franklin Pareja consideró que en los dos años de gestión de Arce "no ha habido en ningún momento un deseo de llevar adelante un proceso de reconciliación".

El experto consideró que esto se ha intensificado con la "inoculación del odio" en el debate público con características de "racialización de la política" y "confrontación" en vez de un "debate ideológico", que separa al MAS de sus adversarios.

Las causas judiciales impulsadas desde el oficialismo para dar con los responsable de lo que consideran la "ruptura constitucional" en 2019 han despertado progresivamente a una oposición que asumió con resignación el retorno del MAS al Gobierno.

A juicio de Hugo Siles, exministro en el Gobierno de Morales, aún hay una "asignatura pendiente" para "poder cerrar heridas" y esto pasa por conseguir justicia "por las muertes de Sacaba y Senkata".

En declaraciones a EFE, Siles insistió en que aquel aspecto es algo que "tiene que resolver la gestión del presidente Luis Arce".

A las heridas de 2019 se suma otro elemento que acentúa la polarización y que tiene que ver con una "nueva configuración territorial" del poder de La Paz hacia Santa Cruz, indicó Pareja.

En los dos años de gestión de Arce, aquella región considerada el motor económico del país, ha activado dos huelgas prolongadas, una en 2021 contra una ley polémica de investigación de ganancia ilícitas y este año el paro por el censo que lleva ya 22 días.

La respuesta del Gobierno y los sectores sociales oficialistas ha sido constante con acusaciones que apuntan a un nuevo "golpe de Estado", el desconocimiento de la democracia y el oponerse a la reactivación económica del país después de la pandemia.

FISURAS EN EL MAS

Después de la renuncia de Morales el 10 de noviembre de 2019, tampoco el MAS ha vuelto a ser la fuerza política unida arrolladora y cohesionada alrededor del ex jefe de Estado, a quien aún se le considera el "líder indiscutible" pero que también muchos cuestionan abiertamente.

Según Siles, existe "una identidad y una absoluta coincidencia" entre Arce y Morales que se evidencia en la "identificación ideológica y política", aunque también admite que hay "disensos en torno a los mandos medios" de esa agrupación.

La tensión interna comenzó a manifestarse cuando Morales y las organizaciones cocaleras del trópico de Cochabamba, su principal bastión político, pidieron que Arce cambie a algunos ministros, algo a lo que el mandatario no accedió.

Luego Morales asumió un constante rol crítico del Gobierno de Arce bajo el criterio de "cuidar al presidente" de la corrupción dentro de su gestión así como de algunos ministros que considera responden a la "derecha".

Pareja consideró que Morales de ser el líder que mantenía la "cohesión" en el MAS pasó a estar "devaluado" y "asedia y ataca permanentemente a Arce" tratando de subordinarlo a la dirigencia de su partido.

En el MAS hay "un total quiebre interno" y los debates no giran alrededor de los intereses del país sino de "intereses corporativos", apuntó.

Gabriel Romano

(c) Agencia EFE