La polémica sugerencia de Trump: más que un tuit inocente, una campaña para erosionar la democracia

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NUEVA YORK.- En la Constitución de Estados Unidos no hay un solo artículo que le otorgue al presidente Donald Trump el poder de postergar las elecciones de noviembre, yhasta sus correligionarios republicanos lo descartaron de plano el mismo día que escribió su tuit, no bien dejó picando el tema. Pero ese no es el punto. Frente a una posible derrota en ciernes, el objetivo era dejarle en claro a los norteamericanos que su democracia no es confiable.

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La idea de posponer las elecciones llegó como culminación de varios meses en los que el presidente desacreditó una elección que según las encuestas perderá, y por amplio margen.Trump anticipó repetidamente que serán "elecciones arregladas" y "básicamente fraudulentas", "las elecciones más corruptas en la historia de nuestro país", y todo eso en base a denuncias falsas, infundios o exageraciones.

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Es el lenguaje propio de los conspiranoicos, los resentidos y los candidatos derrotados, no de un presidente en funciones que ocupa la Casa Blanca. Nunca antes un presidente de Estados Unidos se había propuesto socavar la fe y la confianza públicas en las instituciones democráticas del modo en que lo ha hecho Trump. El presidente se negó a comprometerse a respetar los resultados de la elección, e incluso después de que sus propios correligionarios pincharon su globo de ensayo sobre la postergación de las elecciones, el magnate salió a agitar el fantasma de una judicialización de los resultados que podría demorarse meses.

"Socava la confianza de la gente en el proceso electoral", dice Jonathan Turley, profesor de leyes de la Universidad George Washington, que declaró a favor de Trump durante las audiencias de juicio político en la Cámara de Representantes, el año pasado. "Todo sistema constitucional se sostiene, en definitiva, en un salto de confianza. Para que los ciudadanos se sometan al sistema, deben confiar en él, y lo que está haciendo el presidente es justamente sembrar desconfianza sobre la legitimidad misma del acto eleccionario", añade.

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Michael J. Gerhardt, constitucionalista de la Universidad de Carolina del Norte y testigo en contra de Trump durante esas mismas audiencias, dice que las declaraciones del mandatario responden al mismo patrón de desprecio por las normas que ha definido a Estados Unidos por generaciones.

"A largo plazo, creo que el menoscabo para las instituciones y el debilitamiento del imperio de la ley serán enormes", advierte Gerhardt.

Hasta los asesores presentes y pasados de Trump ven sus ataques contra el sistema electoral como un reflejo del miedo a perder y como un obvio intento de elaborar un relato para justificar la derrota. Sam Nunberg, asesor de Trump en la campaña 2016, dijo que el presidente estaba tratando de "adelantarse a una posible derrota", culpando a factores externos, como el coronavirus .

"Trump no parece entender que a diferencia de otras veces, cuando pudo disfrazar de triunfo una derrota, no hay campaña de propaganda que pueda contrarrestar el haber perdido la reelección siendo oficialismo y haber arrastrado con él a todo el Partido Republicano", dice Nunberg. "No importa lo que él crea: esta maniobra no le interesa ni a la inmensa mayoría de sus propios seguidores".

Y agrega: "Llegado un punto, los votantes republicanos y los medios de comunicación conservadores terminarán sintiendo que si no puede ganarle a Biden, entonces no se merece otro mandato".

Ya en abril, el Comité Nacional Republicano dijo que el exvicepresidente Joe Biden estaba "mal de la cabeza" al sugerir que Trump podía intentar "patear de alguna manera la elección para más adelante".

Sin antecedentes

Ningún presidente norteamericano en funciones hizo nunca un intento serio de posponer su propia reelección, ni siquiera Abraham Lincoln durante la Guerra Civil, ni Franklin D. Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial. Durante las pandemias de 1918 y 1968, las elecciones también se celebraron según lo programado.

"Por más que la pandemia, el colapso económico y las protestas raciales permitan que Trump se autodefina como un presidente de tiempos de guerra, los verdaderos presidentes de guerra, Lincoln y Roosevelt, dejaron que las elecciones de 1864 y 1944 siguieran adelante, como señal de que la Unión prevalecería", dice White.

Jill Lepore, profesora de la Universidad de Harvard y autora de "Esas verdades: la historia de los Estados Unidos", dice que los presidentes tienen la responsabilidad de fomentar la confianza en la democracia.

"Lejos de erosionar la confianza de la ciudadanía en la democracia que preside, todo presidente tiene la obligación de alimentar esa confianza, garantizando el derecho al voto, condenando la injerencia extranjera en la política electoral norteamericana, alentando elecciones libres, seguras y justas, y ateniéndose a sus resultados", indica Lepore.

The New York Times

(Traducción de Jaime Arrambide)