¿Podría elegir EEUU a su primer presidente socialista en 2020?

En los comicios de 2020, los estadounidenses podrían elegir al primer presidente socialista en Estados Unidos, de prevalecer entonces las preferencias electorales recogidas por Gallup en una encuesta reciente.

Durante décadas, en Estados Unidos aplicarle a un personaje público la etiqueta de socialista implicaba una estigmatización que podía costarle caro en términos profesionales, políticos y hasta personales. El discurso de la Guerra Fría colocaba con frecuencia a las personas de izquierda bajo inmediata sospecha, ya sea simplemente de no compartir los ideales estadounidenses establecidos (lo que de suyo era considerado por muchos como algo negativo) o incluso de colaborar directa o indirectamente con el gran rival y enemigo, la Unión Soviética y el bando comunista.

Un masivo mitin político del precandidato presidencial demócrata socialista Bernie Sanders en Los Ángeles, California. (AP)

La persecución suscitada durante el llamado Macartismo de la década de 1950 fue un ominoso caso de injusticia y vulneración de los derechos de personas, acusadas con o sin fundamento, de ser comunistas, pero durante muchos años, antes y después, la etiqueta de socialista ha sido usada en Estados Unidos para descalificar o condenar al ostracismo a personas. Y quienes genuinamente defendían una posición de izquierdas y buscaban posiciones políticas en Estados Unidos se hallaban, al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, con frecuencia en la marginalidad y, ciertamente, con apoyo social muy reducido.

Eso ha cambiado sustancialmente.

De acuerdo a Gallup, actualmente un 47% de los estadounidenses votaría por un candidato presidencial bien cualificado de ideología socialista. Una cifra que ya se registró en un estudio similar de Gallup en 2015. Entre uno y otro periodo, por ejemplo, Bernie Sanders logró millones de votos en la primaria demócrata de 2016, identificándose abierta y orgullosamente como demócrata socialista, en una posición que él mantiene actualmente en su segundo intento por hacerse de la candidatura presidencial del Partido Demócrata.

En ese periodo, la agenda de ese partido se ha corrido hacia la izquierda de modo sustantivo, posiblemente en un grado solo comparable al progresismo de Franklin Roosevelt en la década de 1930 y en otros sentidos de modo totalmente inédito, y numerosos políticos a escala federal, estatal y local han ganado escaños legislativos o en concejos municipales con una plataforma de izquierda. Y se denominan abiertamente demócratas socialistas.

En el pasado, eso presumiblemente les habría mermado electoralmente pero hoy, por el contrario, les atrae apoyo masivo en numerosas regiones de Estados Unidos.

Ciertamente, el socialismo de esas figuras políticas –por ejemplo Sanders o la legisladora Alexandra Ocasio-Cortez y otros– no es el de los regímenes comunistas de la Unión Soviética y Europa del Este, ni el de la China de Mao, la Cuba de Fidel Castro o, más recientemente, la Venezuela de Hugo Chávez. En buena medida se asemeja más a la socialdemocracia europea o al laborismo británico.

Lo cierto es que actualmente los candidatos demócratas socialistas han ganado millones de votos y son la fuerza de izquierda progresista –actualmente por lo general afiliada al Partido Demócrata- más numerosa e influyente en la historia estadounidense reciente. Y la retórica que ha surgido desde Donald Trump y la derecha para aquilatar equívocamente a los demócratas socialistas con, por ejemplo, el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela revela que ellos son vistos como rivales de peso por los republicanos y conservadores.

¿Pero qué significa que 47% de los ciudadanos pudiese votar por un socialista en el proceso electoral presidencial de 2020? En principio, todo ello es aún muy especulativo y depende de los comicios de los que se trate.

En la primaria demócrata, con Sanders como uno de los punteros, luce natural que un socialista pudiese capturar esa cantidad de votos, aunque esa proporción resulta más incierta en la elección general. Resulta plausible si se considera que si Sanders fuese el candidato aglutinaría en torno suyo, incluso más allá de su declarado socialismo, a la mayoría de las fuerzas contrarias a la reelección de Trump.

Un activista demócrata socialista porta una camiseta promocional de su movimiento en un encuentro político en Maine en julio de 2018. (AP)

Y aunque el sistema de Colegio Electoral que define al presidente no necesariamente coincide con el conteo o porcentaje de votos a escala nacional (no lo fue en 2016 ni en 2000), Trump obtuvo en 2016 el 46.1% del voto a escala nacional y actualmente cuenta con la aprobación del 42.3% de los estadounidenses, de acuerdo a FiveThirthyEight. Aunque se trata de peras y manzanas, en ese escenario un 47% en pro de un candidato socialista luce en ese sentido un porcentaje muy competitivo.

Y en encuestas en que se pregunta la preferencia directa entre Sanders y Trump, el primero obtuvo 54% contra 46% del presidente en un estudio reciente de la encuestadora Emerson y 50% de Sanders contra 44% de Trump en uno de CNN, de acuerdo a RealClearPolitics.

Sea como sea, aún falta mucho para las primarias de 2020 y la elección general de noviembre de ese año y, en contrapartida, en las encuestas internas demócratas es el exvicepresidente Joe Biden (un demócrata de centro) quien lidera las encuestas a escala nacional, con 39.8% por encima de su más cercano competidor, el demócrata socialista Sanders, que reúne el 16.3%.

Es por ello que la encuesta de Gallup no es sino un dato del momento y no una predicción. Pero habla mucho del cambio de actitudes políticas e ideológicas de los estadounidenses que la noción de elegir un político socialista no solo haya dejado de ser marginal, sino que ha concitado ya el apoyo de millones de votantes en proceso previos y, posiblemente, en elecciones futuras de talla presidencial.

Sigue en Twitter a Jesús Del Toro en @JesusDelToro.