El "poder blando" ruso en la República Centroafricana

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En la República Centroafricana, Rusia trata de aumentar su influencia para restablecerse en el continente africano. El grupo Wagner, un ejército secreto de mercenarios al servicio del Kremlin y de Vladimir Putin, protege el régimen del autoritario Faustin-Archange Touadéra a cambio de recursos mineros. Los reporteros de ARTE se encontraron con centroafricanos que dan la bienvenida al ejército mercenario, pero también con los que han sido víctimas de sus brutales ataques.

A miles de kilómetros de distancia de Kiev, se iza la bandera rusa en Bangui, capital de la República Centroafricana, una antigua colonia francesa desgarrada por décadas de guerra civil.

Bajo la apariencia de un acuerdo de defensa con Moscú, miles de combatientes rusos desembarcan en la nación africana: los mercenarios que trabajan para la empresa Wagner, un ejército en la sombra al servicio del Kremlin. Estos cuentan con la protección del presidente Faustin-Archange Touadéra.

En el continente africano, Moscú se abre paso en detrimento de la influencia francesa. En la República Centroafricana, la esperanza suscitada por la llegada de los rusos tiene sus raíces en el trágico y sangriento pasado del país y en sus cinco millones de habitantes atrapados en una guerra civil interminable.

Sin embargo, cuando aquellas cicatrices de 2013 apenas están cerrando, la población se enfrenta a un nuevo desastre: ocho años después, los rebeldes han vuelto a las puertas de la ciudad.

En 2021, tras décadas de caos, el país ha caído, la economía está en las últimas y la mayoría de los centroafricanos no tienen suficiente para comer. Una situación rápidamente aprovechada por los rusos para sembrar nuevas ideas contra una Francia que pierde influencia.

La operación de seducción va desde comercializar vodka fabricado por una empresa cercana a los mercenarios rusos, hasta incursionar en la gran pantalla a través de producciones como ‘Touriste’, una película de acción rusa filmada en la República Centroafricana y producida por una empresa del grupo Wagner que habla de la intervención de mercenarios en el país.

Lo que no aparece en la película y la propaganda son las víctimas de los mercenarios: torturas, violaciones, asesinatos, saqueos y otros crímenes de guerra. Los rusos son acusados de cientos de abusos por la ONU. Aunque hay varias historias que relatan estas violaciones a los derechos humanos, la mayoría de ellas son sofocadas por miedo a las represalias.

Moscú ha negado durante mucho tiempo la existencia de Wagner, pero el Gobierno centroafricano ha reconocido su presencia y Wagner ya no está en las sombras. Los mercenarios rusos están presentes más que nunca en el corazón del poder para defender a los gobiernos que sirven a sus intereses, un modelo que atrae a los regímenes autoritarios de África.