Pobreza: presentan un informe de la UCA y reclaman una “agenda progresista” que supere al “populismo”

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La pobreza llega al 43,8% según la medición del Observatorio de la Deuda Social de la UCA
ALEJANDRO MONTIEL

Con un nivel de pobreza del 43,8% y un 29,6%de la población que experimenta una “pobreza crónica”, el mapa social muestra que hay crisis para rato, marcada por una “situación estructural y desigualdades persistentes”, según el diagnóstico del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), que el sociólogo Agustín Salvia dirige en la Universidad Católica Argentina (UCA).

“Es necesario implementar una agenda progresista de reformas estructurales”, dijo Salvia a LA NACION, luego de presentar en la Feria del Libro el último informe del Observatorio, que muestra la consolidación de los signos de pobreza y desigualdad, con los que la Argentina se tiene que acostumbrar a convivir en el corto y en el mediano plazo.

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“El progresismo no le tiene que tener miedo a las reformas estructurales. Es necesario implementar una agenda progresista, que supere el populismo, sea de derecha o de izquierda”, aventuró el sociólogo, al describir la realidad política, que deja su impronta en el universo social.

Esa “agenda progresista”, en la visión del titular del Observatorio, debe incluir propuestas para que se generen más pequeñas y medianas empresas, que hagan posible la creación de empleo, una más adecuada distribución del ingreso, inversiones en educación y en distintas áreas vitales para la población en situaciones de vulnerabilidad, como el acceso a la red de cloacas, entre otras urgencias que no pueden esperar.

Salvia precisó a LA NACION que la crisis “no es transitoria, no depende de un punto más o un punto menos de inflación, y por eso se requieren políticas de Estado, de largo plazo. No se trata de medidas aisladas, sino de una política”.

La vicedirectora nacional de Cáritas, Paula Porce, acompañó a Salvia en la presentación del informe sobre pobreza y desigualdad, que incluye textos de investigación y datos estadísticos, en una mesa coordinada por el director ejecutivo de la institución social de la Iglesia, Nicolás Meyer.

Agustín Salvia, Paula Porce y Nicolás Meyer, en la presentación del informe de la UCA, en la Feria del Libro
Agustín Salvia, Paula Porce y Nicolás Meyer, en la presentación del informe de la UCA, en la Feria del Libro


Agustín Salvia, Paula Porce y Nicolás Meyer, en la presentación del informe de la UCA, en la Feria del Libro

Los datos sociales

Las estadísticas del Observatorio permiten seguir la evolución del mapa social de la Argentina, con bloques persistentes que no registran mejoras significativas en la última década, según las mediciones del Observatorio de la UCA. El 43,8% de pobreza corresponde a la medición del segundo semestre de 2021 y el 29,6% de “pobreza crónica” refleja la población que durante los últimos tres años siempre estuvo por debajo de la línea de pobreza. En el otro extremo, hay solo un 36,6% de personas que “nunca fue pobre”.

La pobreza urbana muestra una drástica realidad: hoy afecta al 64,9% de los menores de 18 años, cuando en 2017 comprendía al 44% y en 2010, al 49,5% de esa franja de edad.

La caída de las condiciones de vida de los menores es creciente y preocupante. “La indigencia afecta con más intensidad a niños y adolescentes: mientras que a nivel general, la indigencia alcanzaba al 9% de la población en el tercer trimestre de 2021, en el grupo de niños y adolescentes de 0 a 17 años dicha tasa asciende al 14,9%”, revela el último informe. La brecha entre los grupos de edad se acentuó en el contexto de crisis sanitaria por el Covid-19.

Entre los trabajadores marginales, la pobreza asciende al 72,9% (en 2010 era del 49,6%). La tasa de indigencia fue del 8,8% en 2021, aunque el informe de la UCA advierte que si no se contabilizaran los ingresos por la Asignación Universal por Hijo (AUH) y otros programas, llegaría al 16,8% y treparía al 18,8% si tampoco se tuvieran en cuenta las pensiones no contributivas

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“Tanto la desigualdad persistente como la pobreza estructural son el emergente de un modelo económico y productivo estancado y desequilibrado, con efectos de exclusión, marginalidad y desigualdad”, denunció Salvia, al presentar el diagnóstico de la crisis. Evaluó que, a pesar del crecimiento económico, las políticas de protección del mercado interno y la ampliación de las políticas sociales, “con cada ciclo económico se reproducen barreras productivas estructurales que ponen límites a la caída de la pobreza y a procesos de convergencia”.

Finalmente, Salvia consideró necesaria la expansión de la economía, pero estimó que ello “no es suficiente para que los beneficios lleguen a los sectores menos dinámicos si no hay políticas activas redistributivas y de desarrollo productivo local y regional hacia la economía popular, el sector informal y el mercado interno”.

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