Pobreza y desigualdades, un caldo de cultivo en Kazajistán

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La caída del poder adquisitivo como detonador, y la "muerte y el horror" como consecuencia. Los disturbios mortíferos en Kazajistán fueron alimentándose por un empobrecimiento continuo de la población de este país inmensamente rico en recursos naturales.

"Contamos con todos los minerales incluidos en la tabla periódica de elementos (originalmente de Mendeléyev, con el paso del tiempo ampliada), pero vivimos en la pobreza", señala Galiya, una manifestante en Almaty, principal ciudad y capital económica kazaja, donde se ha registrado la mayor violencia.

"¡Todo se ha vuelto tan caro!", se lamenta esta mujer de 42 años, que se negó a brindar su apellido por miedo a ser perseguida y actualmente considera partir al extranjero.

La semana pasada este país --con una superficie mayor que México-- sufrió un brote de violencia inusitado desde su independencia, en 1991 con la disolución de la URSS.

Decenas de personas han resultado muertas y centenares heridas, provocando el despliegue de tropas rusas para el mantenimiento de la paz (en el marco de una alianza regional), en tanto casi 8.000 fueron detenidas.

Aunque las autoridades kazajas han denunciado una "operación terrorista", orquestada desde el exterior, aprovechándose del gran movimiento social, en realidad el descontento de los kazajos ha estado latente desde hace años en este Estado autoritario, socavado por la pobreza, la corrupción de las élites gobernantes y la represión de toda oposición.

El fuerte aumento, el 1 de enero de 2022, del precio del gas licuado de petróleo (GLP), combustible de uso muy común, fue la gota que hizo derramar al vaso. Las manifestaciones estallaron en el occidente, donde se encuentra la cuenca petrolera, extendiéndose después hacia el resto de Kazajistán, para convertirse en choques armados con la policía.

La violencia de estos enfrentamientos, sobre todo en Almaty, ha sacudido a esta nación que se vanagloriaba de ser la más estable de toda la región.

"El problema es que los sueldos están estancados. (El poder adquisitivo) es un detonador, y la muerte y el horror fueron la consecuencia", afirma Natalia, una psicóloga de 34 años entrevistada por la AFP en Almaty.

"Creo que, en lo sucesivo, el gobierno tomará más en cuenta al pueblo", dice esperar.

- País rico, pueblo pobre -

Para la mayoría de kazajos, la brecha entre la élite gobernante, que se enriquece merced al maná de hidrocarburos y minerales, y una población que se pauperiza de manera continua, se ha vuelto algo intolerable.

En Almaty, los suburbios montañosos están decorados por mansiones lujosas y muy coloridas. En cambio, la parte baja de la ciudad está casi en ruinas, con un gris monótono y sumergida en el esmog.

Nur Sultán, capital desde 1997 --lleva el nombre de pila del expresidente Nursultán Nazarbaiev--, fue construida en medio de la estepa helada y se ha convertido gracias a miles de millones de petrodólares en una ciudad resplandeciente con extravagantes rascacielos, torres acristaladas con tonos dorados, algunas con techos piramidales.

Esplendor que contrasta con las provincias, polvorientas o fangosas de acuerdo a las estaciones del año, y en las que los problemas de acceso al agua persisten.

En 2021, una muy larga sequía y la interrupción del comercio con la vecina China a causa de la pandemia provocaron una gran inflación.

A esto se suma la pérdida de poder adquisitivo durante los últimos años, como ocurrió en 2015, cuando el tenge kazajo se devaluó en un 50%, en un contexto de un colapso global de los precios de las materias primas.

A estos factores exteriores se añade la mala gestión gubernamental, subraya Oksana Sorokina, directora de SevenR Logistics, empresa de transporte de mercaderías con sede en Almaty.

Para ella, en 2021, los frecuentes cambios en las reglamentaciones, subsidios más bajos y la "especulación" por el lado chino hicieron que aumentase el costo del transporte de bienes importados.

"Resultado: a fin de año, sufríamos la escasez de productos y precios por completo delirantes que, por supuesto, se trasladaron a los consumidores”, explica Sorokina.

"Los precios están absolutamente fuera de control", confirma Tatiana Boldireva, habitante de Almaty interrogada por la AFP en plena calle, donde un carnicero trocea sus productos tras días de cierre de las tiendas a causa de los disturbios.

"Pero esto no es motivo para comenzar una guerra", continúa esta profesora, con los brazos cargados de sachets de leche.

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