Hacia una planificación aeroportuaria resiliente y sostenible

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Un aeropuerto no es una infraestructura aislada sino un engranaje en permanente transformación dentro de un sistema más complejo y diverso. Para reflexionar sobre planificación aeroportuaria se la debe poner en contexto, como parte integral de un todo indivisible, el sistema de transporte aéreo, en el marco de un plan intermodal de transporte.

Se puede analizar el transporte aéreo desde diferentes perspectivas: internacional, intercontinental, internacional, regional y doméstica. También está la perspectiva local, donde el aeropuerto y su entorno inmediato interactúan de manera directa en una disputa de espacios y usos del territorio.

El transporte aéreo debe estar en sintonía con los objetivos y políticas de Estado para el desarrollo de diversos sectores interconectados: turismo, comercio exterior, defensa, integración territorial, conectividad social. O bien acoplado al interés nacional, provincial o local.

Considerando esto, los Estados deben disponer de herramientas de gestión aeroportuaria que les permitan tomar decisiones alineadas con sus intereses estratégicos en un marco de sostenibilidad (social, ambiental, y económico financiera) de largo plazo. Como dice el viejo axioma, “los planificadores piensan generaciones”.

En este marco de acción, la planificación del sistema aéreo debe incluir lineamientos relativos a: aeronaves, infraestructuras e instalaciones (terrestres y de navegación aérea) y servicios. En cuanto a las redes de suministros, la planificación no puede perder de vista su articulación con la planificación urbana de los municipios donde los aeropuertos se encuentran emplazados.

Pasado y presente para el futuro aeroportuario

Según la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), el plan más eficiente para un aeropuerto, considerado como un conjunto, es aquel que proporciona la capacidad necesaria para los movimientos de aeronaves, pasajeros, mercancías y vehículos, junto con la máxima comodidad para los pasajeros, las aerolíneas y el personal, y con las menores inversiones de capital y gastos de explotación.

En la planificación aeroportuaria, se ha de mirar al presente y analizar el pasado para prever el futuro. Esos escenarios futuros se han venido construyendo mediante el simulacro de distintos escenarios posibles, contemplando diversas variables, indicadores y dimensiones de análisis.

Lo cierto es que el mundo está en permanente cambio, las realidades se transforman, los contextos se modifican, las tecnologías evolucionan, la demanda varía, los marcos normativos se adaptan.

Algunas veces estos cambios son paulatinos y otras no tanto. Ejemplo claro de ello son la irrupción de la covid-19, la guerra de Rusia contra Ucrania o la ocurrencia de catástrofes naturales, que hacen que lo que antes era posible ya no lo sea.

La propia OACI ha recogido cómo se han visto impactados los sistemas de transporte aéreo los dos últimos años. En sus gráficos se evidencia cuál ha sido la evolución del transporte aéreo a partir de finales de 2019 en las diferentes regiones del mundo.

Si miramos con cierto detenimiento, veremos que el impacto de la covid-19 en el transporte aéreo ha sido distinto según las regiones, como también lo ha sido la recuperación.

Ante la evidencia de estas realidades diferenciadas se plantean dos interrogantes: ¿habría que repensar el sistema de transporte aéreo ante esta nueva normalidad? y, de ser así, ¿los planes directores aeroportuarios deberían seguir siendo los que se encontraban vigentes antes de la pandemia?

Otra cuestión es cómo, bajo el concepto de resiliencia, aprovechar las edificaciones, instalaciones e infraestructuras disponibles, armonizando los principios de desarrollo sostenible con los objetivos estratégicos de la OACI:

Este esfuerzo se enmarca en el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) impulsados por la ONU y, más concretamente, en el Objetivo 9:

Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización sostenible y fomentar la innovación.

La pandemia ha puesto de manifiesto la urgente necesidad de contar con infraestructuras resilientes. De ahí la propuesta de uso de simulaciones dinámicas y análisis de fenómenos cuya ocurrencia puede resultar baja, pero con alto impacto en todas las variables de los sistemas de transporte, para el rediseño de la planificación aeroportuaria.

En definitiva, como dijo Eric Hoffer:

“En tiempos de cambio, quienes están abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, mientras que aquellos que creen saberlo todo estarán bien equipados para un mundo que ya no existe”.

Y podríamos completar con las palabras de Albert Einstein quien, entre tantas otras frases, dijo:

“La mente es como un paracaídas, solo funciona si se abre”.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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