Un plan ¿de paz? imposible de rechazar por ningún primer ministro israelí

Agencia EFE

Washington, 29 jun (EFE).- Era el 6 de diciembre de 2017 y Donald Trump acababa de reconocer Jerusalén como capital de Israel cuando el teléfono del exnegociador estadounidense Aaron Miller sonó: Se trataba del asesor y yerno del presidente de EE.UU., Jared Kushner, que quería hablar con él sobre un plan para Oriente Medio imposible de rechazar por ningún ministro israelí.

Al aceptar la tarea de buscar una solución a la madre de todos los conflictos en Oriente Medio, el de israelíes y palestinos, con más de siete décadas sin resolverse, Kushner llevó a cabo una ronda de consultas con expertos y antiguos mediadores, y llamó a Miller, analista del centro de pensamiento Carnegie Endowment for International Peace y exconsejero de varios secretarios de Estado, tanto republicanos como demócratas.

Ese día de diciembre "regresé a mi oficina y el teléfono sonó, eran Jared Kushner y Jason Greenblatt (exenviado de la Casa Blanca para Oriente Medio), que querían hablar conmigo. Les escuché durante 25 minutos, en los que expusieron las tres o cuatro asunciones sobre las que su plan se basaría. Esas asunciones siguen siendo válidas a día de hoy", rememora Miller, en declaraciones a Efe.

UN ACUERDO "MUY PROISRAELÍ"

El primero de esos principios, sigue el analista, es que "harían lo imposible para que ningún primer ministro israelí dijera que 'no' al presidente (Trump) y con eso querían decir que los términos de cualquier acuerdo sería muy proisraelí".

También querían establecer "una relación muy próxima" con Arabia Saudí para promover los lazos entre países del golfo Pérsico e Israel, "y emplear a los saudíes para presionar a los palestinos, lo que al final no ha sido el caso".

Por último, Kushner y Greenblatt señalaron que "los palestinos debían entender que no estaban en la posición más fuerte", apunta.

Esta fue la primera conversación "sustancial" que Miller tuvo a lo largo de 2017 y 2018 con Kushner, cuyo equipo tardó tres años en elaborar la propuesta, sobre lo que finalmente fue presentado en enero pasado como el plan "Paz hacia la prosperidad", la iniciativa de 180 páginas de la Casa Blanca de Trump sobre cómo dar solución al conflicto palestino-israelí.

CUALQUIER COSA MENOS COMPLICARLE LA VIDA A TRUMP

Durante esos contactos, el que también fuera vicecoordinador especial para Oriente Medio durante la Administración de Bill Clinton (1993-2001) fue dándose cuenta de que el plan se cimentaba sobre fundamentos adicionales, como que nada debería complicar o socavar las políticas de Trump.

"He trabajado para media docena de secretarios de Estado en seis Administraciones y nunca he visto una cuya política exterior esté más vinculada a sus intereses políticos domésticos", reflexiona.

La iniciativa, a juicio de Miller, se replanteaba, además, la política tradicional estadounidense respecto al conflicto, revisando lo sugerido por Administraciones previas sobre asuntos fundamentales como la creación de un Estado palestino o Jerusalén, para que se alinearan con el punto de vista del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

En sus contactos, Miller transmitió a Kushner las lecciones que él mismo había aprendido a lo largo de los años, como que la suya era una "misión imposible"; no ignorar el pasado; y que intentara no ser "el abogado de Israel".

El segundo consejo "fue probablemente lo único que él tomó -ríe irónico Miller-, ya que le dije que no ignorara el pasado y él miró al pasado e hizo exactamente lo contrario".

¿QUÉ ES EL ÉXITO?

Hubo un punto en que Kushner le preguntó qué significaría tener éxito.

"Le respondí: que israelíes, palestinos, estadounidenses, europeos y toda la comunidad internacional lo miren (el plan) y digan 'hay cosas que no nos gustan pero tenemos que dar crédito a la Administración de Trump por haber hecho un esfuerzo sincero en reconocer qué asuntos hay que incluir en las propuestas sobre la mesa para comenzar a estrechar las brechas entre ambas partes", puntualiza.

Al final, el equipo de Kushner ha presentado una base para que israelíes y palestinos, "con mucha ayuda de un mediador externo", negocien y encuentren una solución, pero "obviamente no ha tenido éxito".

Y es que el inicio de conversaciones entre ambas partes es más que improbable, por no decir imposible, dadas las condiciones actuales, y sobre todo si Israel pone en marcha, como tiene previsto a partir del próximo 1 de julio, su intención de anexionarse partes de Cisjordania, con el beneplácito de EE.UU.

La directora del Centro para Políticas Públicas de Oriente Medio de RAND Corporation, Dalia Dassa Kaye, lamenta que "desafortunadamente" el plan de Trump haya abierto la puerta a un debate sobre la anexión en vez del comienzo de un diálogo entre israelíes y palestinos.

"No puedes promover la paz en la región alcanzando un acuerdo entre EE.UU. e Israel, es una situación absurda y es difícil ver a ningún palestino adoptando el plan de Trump como una base seria para negociar", indica a Efe.

UNA VERTIENTE ECONÓMICA CONDENADA AL FRACASO

La propuesta de la Casa Blanca tiene también una vertiente económica, que toma algunas ideas sobre las que llevan trabajando desde hace años el Banco Mundial (BM) y RAND Corporation, que Kaye considera complicadas de aplicar bajo las condiciones que estipula el plan.

Kaye explica que nadie del equipo de Kushner ha contactado con su organización, "aunque es correcto que durante la última década RAND ha producido una serie de informes sobre lo que se requeriría para establecer un Estado palestino viable".

"Esta investigación -continúa- incluía una propuesta llamada 'the Arc' (el arco) que concebía un corredor de infraestructura para conectar las ciudades de Cisjordania (entre sí), así como Cisjordania con Gaza", una propuesta que toma el proyecto de la Casa Blanca.

Aun así, destaca la analista, el trabajo de su organización, "a diferencia del plan de Trump", presuponía que hubiera una solución de dos Estados ya acordada antes de que esos proyectos de desarrollo e infraestructura fueran posibles.

"El plan de Trump no ofrece ningún camino hacia un Estado palestino viable, y sin un acuerdo político acordado mutuamente tales planes de infraestructura no son viables", zanja Kaye.

La experta incide en que el plan es visto en la región y en el mundo como "la mayor iniciativa proisraelí de la historia del conflicto y como una luz verde a Israel para que se anexione territorio unilateralmente en un golpe a la posibilidad de una solución de dos Estados".

Susana Samhan

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