Plan de Miami-Dade para limpiar la Bahía de Biscayne

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La Bahía de Biscayne está en una situación desesperada, con varias mortandades de peces acumuladas en los últimos veranos, la desaparición de las praderas marinas y el cambio climático que está haciendo subir la temperatura de la joya azul de Miami-Dade.

Ahora, por primera vez, Miami-Dade prepara un plan oficial supervisado por el estado para sanear la bahía y restaurarla. Contrató a un asesor y se impuso de plazo hasta septiembre para presentar un plan al estado que aborde la parte más sucia de la bahía.

Si Miami-Dade cumple ese objetivo, podría conseguir este año algunas subvenciones estatales para trasladar más fosas sépticas contaminantes a las líneas de alcantarillado, un problema importante que se ha agravado con el ascenso del nivel del mar.

La decisión de llevar a cabo un “plan de garantía razonable” para limpiar la bahía es la primera medida concreta adoptada por las dos comisiones, una del condado y otra del estado, creadas el año pasado para hacer frente a la contaminación galopante de la Bahía de Biscayne.

Si esto suena como algo conocido es porque estos grupos son los últimos de una serie de grupos de trabajo, paneles y comisiones que han llegado siempre a la misma conclusión: la Bahía de Biscayne está demasiado contaminada y alguien tiene que buscar una solución.

La diferencia es que esta vez el condado tendrá al estado vigilando por encima del hombro. Al menos, esa es la idea. Después de décadas de inacción y disminución de la calidad del agua, a los defensores les preocupa que el estado no haga responsable al condado de sus nuevas promesas.

Según este tipo de plan, que se ha usado desde Tampa hasta los Cayos, el condado decide dónde y cómo comenzar la desalentadora limpieza.

“El condado establece nuestros propios objetivos y trabajamos para alcanzarlos, en lugar de lo contrario y de que nos digan lo que tenemos que hacer”, le dijo el miércoles Irela Bagué, directora de la Bahía de Miami-Dade, a la Junta Consultiva de Gestión de la Cuenca de la Bahía de Biscayne.

Si el condado no cumple sus objetivos, el estado podría añadir nuevos proyectos a la lista.

“No queremos decir: ‘Oh, no cumplieron su objetivo de cinco años’”, dijo Adam Blalock, subsecretario de la Florida para la restauración de ecosistemas, al Miami Herald. Dijo que la idea era crear un ambiente “colegiado” para cumplir los objetivos de calidad del agua.

¿Tiene autoridad el organismo de control?

Pero los defensores de la bahía temen que el enfoque no sea muy estricto. El estado y el condado no tienen el mejor historial en lo que respecta a la limpieza de la bahía. Esta nueva estrategia, llamada RAP, es sustituto de un proceso que debió haber tenido lugar hace años.

Cuando las masas de agua empiezan a mostrar signos de contaminación, la Florida debe estudiarlas. Si las cosas empeoran, la masa de agua se declara formalmente “deteriorada”, como lo fue la Bahía de Biscayne en 2017.

Después de eso, el estado establece normas sobre la cantidad de contaminación permitida en ella, conocida como carga máxima diaria total. El siguiente paso es un plan para limpiar esa agua, un plan de acción de gestión de la cuenca (BMAP).

En muchos lugares de Miami-Dade eso nunca ocurrió.

“Tenemos vías fluviales en todo el condado que están estancadas en cada etapa del proceso. Tenemos vías fluviales que no han cumplido las normas de calidad del agua durante muchos años y el siguiente paso del proceso de regulación nunca se puso en marcha”, dijo Rachel Silverstein, de la organización Miami Waterkeeper.

El Departamento de Protección Ambiental de la Florida no respondió a varias peticiones de declaraciones sobre cómo piensa aplicar las nuevas normas de calidad del agua, y el personal de Miami-Dade dijo no estar seguro de que el estado haya castigado alguna vez al condado por no cumplir las normas estatales vigentes.

Silverstein dijo que su organización, al igual que otros grupos de defensa de la Bahía de Biscayne, quiere garantías del estado de que se asegurará de que Miami-Dade cumpla sus promesas de un agua más limpia.

“Tanto si se trata de un BMAP como de un RAP, queremos ver que los resultados del plan son medibles y ejecutables”, dijo. “Después de largos periodos sin actuar en cuestiones de calidad del agua de la Bahía, tenemos que hacer bien este plan”.

A toda velocidad

Algunos de los proyectos más importantes (y más caros) de esa lista futura serán la conversión de las miles de fosas sépticas con fugas que bordean las vías fluviales del condado en tuberías de alcantarillado. Los desechos humanos, puestos a flote por las lluvias torrenciales y el ascenso del nivel del mar, sobrecargan los canales, los ríos y la bahía con demasiados nutrientes, contaminando el agua y dañando la vida marina.

El condado no tiene dinero para solucionar este problema multimillonario por sí mismo. Quiere una parte del dinero que la Florida ha reservado para transformar las fosas sépticas en todo el estado. El año pasado, Miami-Dade no recibió ni un centavo porque no tenía un plan aprobado por el estado para limpiar la bahía.

Ahora se apresura a asegurarse de que lo haga antes de que se abran de nuevo las subvenciones. Con la esperanza de cumplir ese plazo, Miami-Dade solo está desarrollando un plan de limpieza para una parte –muy pequeña y muy sucia– de la bahía.

Los funcionarios del condado dijeron que aún no han fijado un punto exacto, pero que la zona general está cerca de la desembocadura del Little River.

“Cuanto más pequeña sea la zona del RAP, más rápido podremos hacerlo”, dijo Pamela Sweeney, del DERM.

Es una línea de tiempo muy rápida. El RAP más pequeño que existe en la Florida abarca la laguna Mosquito, una porción de 116 millas cuadradas de aguas costeras del Condado Volusia. Su elaboración llevó tres años.

Miami-Dade pretende tenerlo listo en menos de seis meses. Eso también inquieta a los defensores.

La Bahía de Biscayne es el patio trasero de Miami y lo que hacemos en tierra puede afectar a la calidad del agua.
La Bahía de Biscayne es el patio trasero de Miami y lo que hacemos en tierra puede afectar a la calidad del agua.

“La mayoría de los planes de acción se elaboran a lo largo de varios años con estudios científicos sólidos que identifican las cargas de contaminación de cada contribuyente y con la participación de muchas partes interesadas. Aunque estamos encantados de que se elabore un plan, este plazo es agresivo”, dijo Silverstein. “Es fundamental que no se salten por el camino estas partes esenciales del proceso, que son fundamentales para cumplir las normas de calidad del agua”.

Sweeney, del DERM, confía en que los estrechos límites del plan contribuyan a acelerar el proceso. La mayor parte de los datos que necesitan ya se recolectaron, y espera que la primera versión del RAP solo incluya asociaciones con las ciudades cercanas, no con corporaciones o empresas que también contaminan el espacio.

“Soy un eterno optimista. Todavía no podemos hacer una promesa, salvo decir que vamos a hacer todo lo que podamos y tan rápido como podamos”, dijo.

En la misma reunión, el condado también anunció sus planes de instalar nuevos sistemas de filtración en tres puntos cercanos a Little River como parte de un experimento para limpiar el agua sucia de fertilizantes, aceite y residuos de mascotas que desemboca en la bahía. Cada uno de los tres proyectos usa tecnologías de filtrado diferentes y cuesta unos $250,000. Sin embargo, ese dinero aún no está en el banco. El condado espera que las subvenciones estatales cubran la prueba.

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