El plan de Joe Biden: una reforma histórica que quedó devaluada y deja deudas pendientes

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El presidente Joe Biden participa virtualmente en la Cumbre Estados Unidos-ASEAN desde la Casa Blanca en Washington, el martes 26 de octubre de 2021. (Foto AP/Susan Walsh)
El presidente Joe Biden participa virtualmente en la Cumbre Estados Unidos-ASEAN desde la Casa Blanca en Washington, el martes 26 de octubre de 2021. (Foto AP/Susan Walsh)

WASHINGTON.- Tras casi diez meses en la Casa Blanca y de durísimas negociaciones en el Congreso para forjar un consenso entre las dos líneas de la coalición demócrata –moderados y progresistas–, Joe Biden pudo tejer un plan de gobierno que, si bien es histórico, quedó de todos modos devaluado respecto de sus promesas, dejó varias deudas sociales pendientes, y parece lejos de cerrar la brecha de inversión que ha abierto China.

Si los planes de Biden fueran aprobados por el Congreso, el gobierno federal desplegará nuevas inversiones en Estados Unidos en infraestructura, la lucha contra el cambio climático y salud, vivienda y educación durante los próximos diez años que rozarán los tres billones de dólares. Es uno de los esfuerzos más grandes que ha hecho Washington para fortalecer el tejido social y económico del país desde la Segunda Guerra Mundial, pero, así y todo, hay quienes creen que es insuficiente para torcer el declive de la primera potencia global.

El presidente Joe Biden habla sobre las vacunaciones contra el COVID-19 después de recorrer la obra de Clayco Corporation para el centro de datos de Microsoft, el jueves 7 de octubre de 2021, en Elk Grove Village, Illinois. (AP Foto/Susan Walsh)
El presidente Joe Biden habla sobre las vacunaciones contra el COVID-19 después de recorrer la obra de Clayco Corporation para el centro de datos de Microsoft, el jueves 7 de octubre de 2021, en Elk Grove Village, Illinois. (AP Foto/Susan Walsh)


El presidente Joe Biden habla sobre las vacunaciones contra el COVID-19 después de recorrer la obra de Clayco Corporation para el centro de datos de Microsoft, el jueves 7 de octubre de 2021, en Elk Grove Village, Illinois. (AP Foto/Susan Walsh)

“Nadie consiguió todo lo que quería, incluyéndome a mí. Pero eso es el compromiso. Eso es consenso. Y eso es lo que prometí”, se resignó Biden, al presentar el plan en la Casa Blanca.

El clima político imperante en Estados Unidos no daba para mucho más. Los republicanos, aún dominados por Donald Trump, tildaron la agenda de Biden de socialista y le dieron rápidamente la espalda. Y a diferencia de otros presidentes demócratas que implementaron reformas históricas, como Franklin Delano Roosevelt, Lyndon B. Johnson o su antiguo jefe, Barack Obama, Biden tiene mayorías propias ínfimas en la dos cámaras del Congreso.

Necesita a todos y cada uno de los demócratas. Obama llegó a tener una “supermayoría” de 60 votos en el Senado. Biden tiene justo 50 votos, la mitad de la Cámara. Eso permitió que solo dos de sus senadores, Joe Manchin y Kyrsten Sinema, pusieran su agenda en el limbo y terminaran achicándola al imponer cada una de sus exigencias.

Uno de los anhelos demócratas que quedó encajonado sirve para entender cómo se llegó al acuerdo final. El ala progresista demócrata y Biden querían que el gobierno federal financiara al menos 12 semanas de licencia de maternidad. Estados Unidos es el único país desarrollado donde el gobierno no paga un solo día de licencia, y la medida cuenta con un abrumador respaldo de los votantes y fue incluida en el plan original, de 3,5 billones de dólares.

Pero Manchin y Sinema se negaron a respaldar un paquete de esa magnitud. Manchin fijó un límite bien por debajo de los dos billones de dólares, y Sinema se negó a apoyar un aumento en la tasa al impuesto a las ganancias que pagan las empresas, que había sido recortada durante la presidencia de Donald Trump. Durante las negociaciones, la licencia fue reducida a cuatro semanas, y en la recta final fue eliminada del todo para poder llegar al número que Manchin quería pagar, y que los demócratas pudieron financiar sin subir el impuesto a las ganancias a las empresas.

Objetivo primordial

El plan de infraestructura también quedó lejos de lo que quería Biden: un billón de dólares, contra casi tres de la visión original. Y la agenda final dejó afuera el Programa de Generadoras de Electricidad Limpia (CEPP, por sus siglas en inglés), que hubiera otorgado incentivos financieros para que las empresas eléctricas dejen de quemar combustibles fósiles para producir electricidad.

Con todo, si Biden firma los dos proyectos en manos del Congreso habrá conseguido su principal logro doméstico en su primer año de la presidencia, justo cuando su popularidad flaquea. Su apuesta es que esa agenda, bautizada “Reconstruir Mejor”, le de alas a la economía y a su presidencia, y sea lo suficientemente popular entre los norteamericanos como para perdurar y ser ampliada más adelante. Y, en última instancia, cumplir con un objetivo primordial implícito en cada decisión de Biden: impedir un retorno a la Casa Blanca de Trump.

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