Plan alimentario llegó a miles de niños pese al cierre de escuelas en Panamá

Panamá, 16 mar (EFE).- La educación en Panamá se desarrolló a distancia el año pasado a causa de la pandemia de la covid-19 y así comenzó este 2021, pero un novel programa de alimentación escolar logró superar este escollo y llegó a miles de hogares a fin de sostener una nutrición saludable para los más pequeños.

"Con el cierre de las escuelas, a raíz de la pandemia, se suspenden las actividades presenciales y una de las principales preocupaciones fue que toda la maquinaria del programa Estudiar Sin Hambre no se podía detener", explicó en una entrevista con Efe el Oficial de Nutrición de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), Israel Ríos.

Panamá, que tiene cerca de 900.000 estudiantes, según datos del Ministerio de Educación (Meduca), mantiene el cierre de escuelas más largo de Latinoamérica a causa de la covid, que ha contagiado a al menos 348.155 personas y causado la muerte a 6.005 en poco más de un año.

El Ministerio de Salud (Minsa) ha dicho que se evalúa la posibilidad de iniciar clases semipresenciales a partir de mediados de este año, dependiendo del comportamiento de la pandemia en este país de 4,2 millones de habitantes y que es el que tiene más casos confirmados de la covid en Centroamérica.

ESTUDIAR SIN HAMBRE

Estudiar Sin Hambre es un programa que intenta dar una nutrición saludable a estudiantes en las escuelas públicas de Panamá, que comenzó a ser implementado en su fase piloto en 2020, pero tres semanas después del inicio de clases en marzo de ese año la pandemia frustró el intento y hubo que reorganizar las estrategias para adaptarse a la nueva situación.

Así, Estudiar Sin Hambre se adhirió al plan Panamá Solidario, implementado por el Gobierno para ayudar a las centenares de miles de familias que se quedaron sin medios de vida por la pandemia y que consiste en la entrega a los más vulnerables de bolsas de comida y bonos para adquirir alimentos.

"El propio Ministerio de Educación con sus insumos traspasó cereales, granos, arroz, etc. En las escuelas del programa, con los alimentos que ya estaban en las despensas, se prepararon bolsas y se distribuyeron para las familias de niños", explicó Ríos.

Estudiar sin Hambre cuenta con el apoyo de la FAO y forma parte del macroproyecto estatal Plan Colmena, que intenta luchar contra la pobreza y desigualdad del país, y está respaldado por una ley aprobada en 2019.

Panamá registra datos alarmantes de desnutrición crónica en las comarcas indígenas o "zonas rezagadas", con tasas de más del 40 %, lo que se traduce en retrasos en el crecimiento de los niños, según un informe de la FAO de 2020.

ESTRATEGIA Y RETOS

En este tiempo de escuelas cerradas, Estudiar Sin Hambre se concentró también en otros componentes como la mejora de las escuelas, para que en un eventual escenario de retorno a clases las condiciones sean las óptimas para que se prepare alimentos.

"Se hicieron mejoras y se arreglaron temas eléctricos. Esperamos que en los próximos meses se haga una reapertura gradual con esquemas semipresenciales", dijo Ríos, que adelantó que los planes del Meduca incluyen que "en las áreas más rezagadas se abrirán las escuelas una o dos veces por semana para que los alumnos retiren material escolar y puedan recoger su alimentación".

También se ha estado trabajando en "la capacitación de maestros y padres de familia en educación alimentaria nutricional por medio de plataforma virtual", dijo Ríos, que resaltó que otro de los componente del programa es el desarrollo de los "huertos escolares pedagógicos como herramienta de aprendizaje y que van acompañados de una serie de materiales".

El alto funcionario de la FAO precisó que, en su fase piloto, el programa Estudiar sin Hambre quería beneficiar a 3.500 niños para desarrollar en tres modelos: el Panamá de las comarcas, el Panamá urbano y Panamá campesino-agrícola. El plan busca beneficiar entre 2020 y 2024 a unas 1.800 escuelas de las poco más de 3.000 que hay en el país.

Pero el programa también se enfrenta a retos como crear "una ley", un abordaje "interinstitucional" y, sobre todo, "adquirir alimentos mediante un modelo que venza la pobreza, pues la mayoría tienen esquemas centralizados que solo compran a una sola empresa", según Ríos.

(c) Agencia EFE