Pinamar. Los jóvenes admiten que de noche es complejo cumplir con los protocolos

Alejandro Horvat
·4  min de lectura

PINAMAR.- "Se nos culpa a los pibes porque hacemos cosas que, sabemos, están mal, pero nosotros estuvimos todo el año encerrados mientras muchos hacían lo que querían", dice Manuel Fosatto, de 19 años, que está con sus amigos caminando por la Avenida Bunge. Frente al aumento de casos de coronavirus, el Gobierno señaló que los jóvenes hoy son el principal foco de preocupación por el gran aumento en la circulación durante el verano y los encuentros que se generan a puertas cerradas. Pinamar, al ser uno de los destinos más visitados por los chicos y chicas, en promedio, de 18 o 19 años, se transformó en uno un escenario al que se le presta especial atención.

Cuáles son los dos posteos por los que Twitter decidió suspender para siempre la cuenta a Donald Trump

"Lo que pasó en la playa está mal. Lo que pasa en los boliches está mal. Si nos juntamos varios en una casa, también está mal. Ya lo sabemos, no lo voy a negar, si hay algunos que se contagiaron y entran a cualquier bar o boliche, sería un problema, pero no sé, vinimos una semana y media, queremos hacer algo, estuvimos todo el año prácticamente sin vernos, mientras todos hacían marchas de todo tipo", agrega Fosatto, que está de vacaciones con seis amigos y alquilaron un departamento en Pinamar.

El fin de semana pasado, las imágenes de los jóvenes saltando y tomando sin distancia social generaron preocupación, sobre todo en los comerciantes que necesitan de los meses de verano para subsistir el resto del año y temen que, por el aumento en los casos de coronavirus la temporada quede trunca.

Aunque las situaciones que son potencialmente peligrosas en medio de una pandemia, exceden a lo que sucedió en una playa pública o a los encuentros privados, también se ve un relajamiento en algunos establecimientos, en donde en el ingreso se respeta el protocolo, pero luego, una vez adentro, todas las normas de prevención se hacen difíciles de cumplir, en parte porque el personal del lugar no lo exige, pero, sobre todo, por falta de responsabilidad individual de las personas.

Esto no solo sucede en bares y discotecas, sino también en algunos restaurantes que tienen sus salones repletos de comensales, que suelen ser parejas adultas o familias.

"Nosotros tratamos de cuidarnos, es verdad que pasaron muchas cosas que no están buenas, como lo de la playa. Y de noche, en algún momento te relajás, es muy difícil estar siempre con el tapabocas, lavándote las manos cada dos minutos, porque uno en un bar toca la mesa, el vaso, la silla", argumenta Agustín Sigali, de 18 años y está en camino a Boutique, uno de los boliches pinamarenses.

Sigali, que es de Rosario y está de vacaciones con cinco amigos, dice que le llama la atención que las autoridades que hoy señalan a los jóvenes, son los que han organizado o incitado eventos multitudinarios, como el funeral de Diego Maradona o las marchas, de un lado y del otro, sobre la despenalización del aborto.

"No digo que haya estado mal el funeral del Diego o la marcha por el aborto, pero viendo eso tampoco vamos a venir de vacaciones y quedarnos en el departamento, aunque también es cierto que podríamos salir y cuidarnos más", opina Sigali.

Son casi la 1 y en la puerta del boliche Pink, sobre la Avenida Bunge, se formó una fila de 30 personas. Al ingresar, a todos les piden que se pongan el tapabocas, les desinfectan las manos, les toman la temperatura y pasan por un arco sanitizante.

Pero, adentro, si bien el boliche intenta funcionar dividiendo a los grupos en mesas, todo se suele desvirtuar. En ocasiones, el personal de seguridad le tiene que pedir a los jóvenes que se vuelvan a colocar el tapabocas o tienen que reacomodar a la gente dentro del establecimiento porque todos están de pie.

"La realidad es que al principio está todo ordenado, pero después de las dos todos se paran y empieza a haber más circulación, es medio inevitable, eso pasó en todos los lugares a los que fuimos", relata Pablo Sánchez, de 18 años que hacía la fila para ingresar a Pink junto a sus amigos.

"A ver, abrir los lugares implica algún riesgo, es verdad que deberíamos cuidarnos más, pero uno inevitablemente se termina relajando", dice Agustín, que prefirió no dar su apellido.

Para las autoridades, lo que sucede de noche es particularmente relevante. Ayer, el Gobierno recomendó imponer restricciones a la circulación de personas o al funcionamiento de los locales.

Según el decreto de necesidad y urgencia (DNU) que firmó ayer el presidente, Alberto Fernández, cada gobernador tendrá que decidir si establecerá restricciones frente a la suba de casos de coronavirus.

En la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof se encontró con una fuerte resistencia por parte de los intendentes de la costa atlántica, que necesitan de la temporada de verano para que sus comerciantes puedan subsistir el resto del año.

Sin embargo, hoy el gobierno provincial resolvió implementar un sistema de restricciones a actividades comerciales no esenciales entre la 1 y 6 de la mañana a partir de este lunes, medida que impactará de manera directa sobre casi todos los centros de veraneo de la costa atlántica, como Mar del Plata y Pinamar.